Al oeste

El Principito

De A. Saint-Exupéry

Reescrito bien

A Leon Werth:

Pido perdón a los niños por haberle dedicado este libro a una persona mayor. Y por consideraros en la versión original tan estúpidos como para que pudierais empatizar con mi personaje. Que sois niños, pero no idiotas. Pido perdón también al principito por hacerlo tan soso y atontado. No sean blandos. Lo estaba. Buscar que un personaje sea adorable haciéndolo idiota es mutilarte las dos piernas para pedir en la puerta de una iglesia.

Mejor corrijo mi dedicatoria:

A Leon Werth

cuando era niño, que seguro que tampoco era idiota.

I

Cuando yo tenía seis años -seis- vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas” una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. El libro estaba firmado por un conocido aventurero televisivo, aunque habría sido escrito por un negro. Y africano seguramente.

Me inspiró para hacer un dibujo sobre lo que había leído. Lo llamé Dibujo 1, lo que debió mostrarme que mi verdadera vocación era escribir libro de texto.

Dibujo1

Era un sombrero, obviamente, pero se me ocurrió un buen chiste para el que no “viera” que era una boa que se había tragado un gran animal. Sería el sombrero con el que iba al club a ver a su madre actuar con una boa de plumas. Esa mala leche gastaba con seis años. Y así de mal dibujaba, y dibujo. Hice también el Dibujo 2 que explicara la broma y me cubriera las espaldas:

Dibujo2

La gente me miraba mal para acabar diciéndome con una sonrisa que dibujaba muy mal y que revisara mi supuesta vocación de artista. Así que tuve que buscarme otra profesión y, tonto de mí, escogí periodista. Por eso he sido camarero, recepcionista, dependiente de videoclub, monitor de actividades extraescolares, masón, fotógrafo, comercial, e incluso periodista. Siempre con un sueldo de mierda y un jefe cabrón. Cuando me despedían, porque siempre lo acababan haciendo, les hacía el dibujo del sombrero para explicarles la broma luego. Algún hijo de estos se hizo monologuista y ahora mi broma es ampliamente conocida. Debí haber probado con eso.

Esta experiencia mostrando mi dibujo me ha enseñado que la gente puede pensar un momento una cosa y la contraria al instante siguiente, estando convencida completamente de ambas posturas, aunque al ver el Dibujo 2 aún sentían su orgullo herido.

Si hubiera hecho un Dibujo 3 en el que era el perfil de una etapa del Tour, el interlocutor habría asentido también. ¡Y es un simple sombrero! Lo que ves es lo que hay ¿Ves a Dios?

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