Disparo

Había veces que odiaba su trabajo. Últimamente demasiado a menudo. Pero joder, era buena. O eso creía ella. Era la tercera víctima esa semana y no tenía nada. Las víctimas no tenían nada en común, ni el sexo, ni la edad, ni el lugar donde los encontraron, ni la forma de matarlos. Nada. No tenía nada. La idea de que fuera el mismo autor la aterrorizó al principio: alguien matando sin razón, por diversión, preocupándose de mantener distancias entre una víctima y la siguiente, y dejando el tiempo justo para moverse de un sitio a otro. Todo apuntaba a que no era la misma persona la que estaba cometiendo los asesinatos, y justo por eso pensaba que tenía que encontrar un patrón, algo que significara que sí era la misma persona, que podía encontrar, antes de ocurriera, dónde iba a ser la siguiente. Pero si los sucesos seguían el ritmo que tenían, al día siguiente habría otro. Y ella no podría hacer nada para evitarlo. No había servido de nada peinar las zonas donde se habían encontrado el resto de cuerpos. Ni las patrullas. Ya no sabía qué hacer. Pasó el resto del día entre llamadas de forenses y compañeros de trabajo. Ni miró el número de la siguiente llamada. Al principio no contestó nadie. Lo siguiente que oyó le dejó la sangre helada. Una frase y había conseguido que tirara el móvil al suelo y se pusiera a temblar. Al menos ahora tenía un patrón: ella. Muy bien, ¿quería llamar su atención? Lo había conseguido. Ahora sólo tenía que pensar. Pensar de qué conocía a alguien que estaba lo suficientemente loco como para todo aquello. Pensar como lo haría él, ponerse en su lugar, intentar entenderlo, comprenderlo. Pero si a quien quería era a ella, quizás la forma más rápida de hacerlo era empezar por ahí. Cogió el móvil del suelo, llamó al último número que tenía en las llamadas y con una seguridad que no supo de dónde sacó, le preguntó qué quería. Él sólo le dio una dirección y colgó. Se quedó perpleja, o quería que lo cogieran, o era una trampa. Pero si era una trampa, se veía a todas luces. Lo peor era que pocas opciones más tenía aparte de coger el coche e ir donde él quería. Se preparó de todas formas, puso al corriente a sus compañeros y a las patrullas. Llegó la primera y cuando lo vio se dio cuenta de que él no tenía pensado escapar. Quería que lo cogieran. Lo único que quería, según le susurró al oído mientras apretaba una pistola contra su cabeza, era llevársela a ella consigo. El sonido del disparo le perforó los oídos, pero aflojó la presión en su cabeza y el cuerpo que tenía detrás cayó inerte a sus pies.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s