Jesús, divino amor

Hola, hola, artemaníacos. Bienvenidos a una nueva página de este mi diario particular, este blog sobre las andanzas de mí mismo, oséase, Yisus Christ. Soy muy de inglés yo.

Como prometí el pasado domingo, hablaré sobre el proceso de selección de los doce apóstoles que me siguieron al impartir mis enseñanzas por aquella ciudad que era Nazaret (de ahí los nazarenos) y también por otras ciudades antiguas como Belén (como el portal), Judea, Garbanzea, Lentejea, etc…

Todo empezó un día que yo estaba de tranqui jugando al LOL, ahí en mi adolescencia, y me puse a pensar. No sé si os ha pasado alguna vez lo de pensar, pero yo empecé a llegar a conclusiones mientras pensaba y acabé decidido a derrocar a los Romanos y traer las enseñanzas de mi padre al mundo, así que monté una carpintería. Como ví que aquello no levantaba mucho el vuelo, pues me puse a componer canciones, que era realmente mi vocación. Temas como “Alabaré, alabaré”, “Pon tu mano en la mano de aquel que te da la mano”, “Aleluya”, “O sanna en el cielo”, “Pon tu mano en la mano del otro que está solito el pobre”, “Pon tu mano en la mano de aquella señora mayor y ayúdala a cruzar la carretera” o “Romana sabrosa, mírala cómo lo goza”.

La verdad es que tuve bastante éxito, eran temas bailables, estribillos pegadizos y tal. Pero como a todo artista, me llegó la bajona. Dejé de vender discos, se puso de moda el swing y toda la música negra y yo pasé al cajón de los juguetes rotos. Sin embargo, como buen hijo de Dios, se me ocurrió una idea brillante de la hostia: volver con un grupo a mis espaldas, doce tíos que le dieran un toque diferente a mi música y me trajeran de nuevo los efluvios de la fama y el jolgorio de la fiesta despreocupada.

Ya conocéis el resto de la historia, Judas no quería ser batería, Juan también quería ser vocalista, María Magdalena era nuestra groupie pero no daba abasto la pobre mujer… Al final todo terminó en desastre. Sobre todo porque yo amaba a María Magdalena, aún recuerdo las peleas entre mi madre y yo en aquel verano del 97 en el que yo me moría por verle.

-Jesús, ¿dónde has estado toda la tarde, que tu padre te necesitaba para acabar el marco de una puerta?

-Por ahí, mamá.

-Por ahí ¿con quién? ¿Haciendo qué?

-Pues con los de siempre mamá, el Simón, el Juan, el Judas…

-¡Te he dicho que no te ajuntes con el Judas ese, que es más malo que un doló!

-Es el único que tiene XBOX mamá.

-¿Y todo el día habéis estado ahí a oscuras jugando a la maquinita?

-No, también he salido con María.

-¿Qué María? ¿La Magdalena? ¿La hija de Alfonso el pescador?

Y ahí es cuando intervenía mi padre, que os podéis hacer una idea de lo espabilado que era si pensáis en la historia de la paloma y la supuesta virginidad de mi madre. Mi padre en ese momento decía:

-¿Alfonso el pescador?

-El hermano de Josefa la del mercadillo. Que el tío es centurión.

-Pos no caigo…

-Sí hombre, que la madre le dio un infarto el mes pasao cuando se enteró de que el hijo era de la otra acera. No veas el disgusto que se llevó la pobre…

Dos horas después mi madre se centraba en mí de nuevo y volvía a reñirme, como todas las tardes, por pasear de la mano con mi amada Magdalena. Yo la amaba desde el principio y siempre la amaré. Aunque de eso y de mis primeras masturbaciones sagradas os hablaré el próximo domingo. Mientras os dejo una canción que resume mi sentimiento para con María Magdalena. María, allá donde estés, va por ti, meretriz mía:

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