W de Wertgüenza II

Estamos en pleno verano, esa época estival en la que nos compramos helados como Drácula o el pirulo volador, y en la que entre anuncio y anuncio aparece Arguiñano con el tinto de verano.

Además, no sé si os habéis enterado pero Georgie Dann ha sacado un nuevo temazo:

Pero como todas las cosas de la vida, tiene sus cosas mala, los mosquitos. Es una batalla, (léase con voz de Félix Rodríguez de la Fuente) el díptero contra el hombre, en la que nos armamos con Autan, las manos rápidas como en la película Karate kid y con el comúnmente conocido como “dame el flí”. Aun así hay quien no se libra de una picadura, que otra cosa no, pero el gustillo que da rascarse es algo que no se paga con dinero.

Pues estando pensando en los mosquitos se me han venido a la mente otros chupocteros bastante más gordos y contra los que no sirve de nada mirar fijamente a la pared en busca de un punto negro al que aplastar. Hablo de la familia real.

Si alguna vez te has sentido culpable por no ayudar bastante a los países del tercer mundo apadrinando niños, tranquilo, en realidad tienes apadrinada una familia entera y la tienes muy bien acomodada, buen trabajo.

Cuanto más pienso en esto más absurdo me parece. No entiendo como en un país que se considera desarrollado puede prevalecer algo tan absurdo como la monarquía, algo que para lo único que sirve en para gastar el dinero del contribuyente en residencias, yates y todo tipo de lujos. En mi opinión el “trabajo” que realiza la monarquía podría ser realizado por cualquier empleado público que cobrases 2500€ al mes (por no pagarle menos), no creo que sea muy difícil estar sentado en cualquier acto público como por ejemplo la final de la Copa del Rey, que pasaría a llamarse Taza del café, en honor a esa costumbre con tanta solera. Y en este caso este empleado no tendría todos los privilegios de los que gozan nuestros monarcas y todo el árbol genealógico correspondiente.

Pero lo que sucede es el fallo de mentalidad que impera en todo el mundo y es el de “los privilegios del poder”. Para nosotros una persona que esté en el poder ha de ser la más poderosa, valga la redundancia, y no tiene porqué ser así, cada uno tendría que obtener aquello que aporta. Pensemos en esto:

¿Por qué un cirujano que salva vidas a diario o un científico que investiga el desarrollo de órganos artificiales tienen menos privilegios que un cazador esporádico de elefantes? ¿Acaso un simple apellido es más importante que el desarrollo científico de un país entero y que la vida de sus habitantes?

Pues queridos amigos, la triste respuesta es que sí, y todo por los ya mencionados “privilegios del poder”, no concebimos un mundo en el cual sus máximos representantes no estén por encima del resto de ciudadanos, que vivan en un piso de dos habitaciones y que conduzcan su propio Ford Fiesta; y aquí está la lacra de nuestra sociedad, el principal lastre que llevamos.

Por favor, cuando empecemos a ahorrarnos todo el dinero que conlleva el mantenimiento de la monarquía ya empezaremos a recortar en otras cosas tan vitales como la sanidad pública.

Las estadísticas son impresionantes,

voy a dos nietos por día,

algunos salen listos, otros botarates,

y alguno con muy mala puntería.

 

Están los que me odian y los que me aman,

y por todos siento devoción,

unos lo piensan, otros me lo llaman,

por eso le he puesto a mi barco Bribón.

 

Mi familia y yo ayudamos como podemos,

yo a todo español lo considero hermano,

y aquello que cae lo recogemos,

aunque a mi yerno se le va la mano.

 

Soy más que un gobernador,

mi trabajo es sentarme en butacas,

también de elefantes soy cazador,

incluso en tiempo de vacas flacas.

 

Tengo que representar a una nación,

y solo he de pertenecer a una buena familia,

que se casan entre ellos sin ton ni son,

con un pacto con la hemofilia.

 

Mi puesto de trabajo nadie me lo niega,

y solo tuve que salir de una vagina,

después me casé con una griega

que disfrazo de Miura con Corina.

 

Me despierto de este sueño mágico,

saco mi DNI y lo miro con desilusión,

descubro mi presente trágico,

pues no me apellido Borbón.

Probablemente mis ideas sean de un tinte republicano, pero ojo, no pretendo sustituir a un rey por un presidente de la república con los mismos privilegios, sería el mismo perro con distinto collar. Y por acabar con esta diatriba (palabra que acabo de aprender y da un toque culto a la entrada) aquí os dejo una canción cantada por los maestros Serrat y Sabina:

Sin más me despido hasta la próxima entrada esperando que os haya gustado esta.

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