¡Y de beber, albóndigas!

Voy a dedicarle el inicio de esta entrada a un producto novedoso, sorprendente, con el que la empresa Kraft quiere volver al mercado pisando fuerte. Durante todos estos años millones de químicos tenían que emigrar a otros países porque lo que les hizo estudiar esta carrera había desaparecido casi por completo. Pero el Tang ha vuelto. Han comenzado esta nueva tapa con sólo dos cosas: una idea, y 6000000€ provenientes de cocinar metanfetaminas a lo Breaking Bad aprovechando su conocimiento en química. Ahora presentan el “Tang de morcilla picante”. Un nuevo jugo con el que esperan encontrar un hueco en el corazón de granadinos y jiennenses adaptando un producto local, y a partir de ahí expandirse worldwidemente.

TangMorcilla

Sé que les costará sangre, sudor, especias y tripas de cerdo. Pero confío en ellos. Porque han puesto la primera piedra para que se haga realidad la frase de Homer que da título a esta entrada.

Esta frase célebre del gran Homer Jay Simpson resume una filosofía de vida y ha escapado de los power points con fondos moñas. Va por ello mi sentido homenaje.

Fijémonos en la primera parte de la frase, “¡Y de beber,”. Nos predispone a esperar un chiste, tanto por el tono con el que lo dice Homer como por la notoriedad que se le da al hecho de que pida una bebida en lugar de la cerveza Duff que iría por defecto. Es la segunda parte de la frase la que provoca el golpe de efecto cómico al ser la bebida un plato, y no siquiera una vichyssoise ligerita o un caldito de la abuela, sino unas albóndigas, a las que le añado generosamente una salsa de pan frito (su nombre ya indica la densidad calorífica). Por absurdo que parezca, todos aquellos con complejo de lija del 37 hemos soñado con el restaurante que ofrezca las albóndigas como bebida, y en el que la cerveza o el agua sean meros accesorios desengoñipantes.

Por tanto, Homer se convierte con ese chiste en el superhombre nietzscheano, que ha roto las reglas sobre qué es comida y qué va en vaso. Ama a la vida y no teme a las calorías. Acepta el Eterno Retorno como acepta que después de semejante comida tenga que echar el flatito. Los gintonics modernos son bebidas para cuñados, simples camellos que por seguir a otro camello creen que están abriendo camino ¡Maldita sea, a Dios lo mató el colesterol de las albóndigas!

Ferran Adrià se marcó un discurso filosófico en la final de Masterchef de marcado carácter orteguiano.

 

Hablaba sobre una salsa que se convertía en sopa al ponerle una cuchara y se hacía jugo al pasar a una copa. Eso creo que entendí. El avezado lector sabrá ya qué quería mostrar con este ejemplo. Para los de letras, se lo explico: darte cuenta de esto tiene su valor, sí, yo también podría comer una sopa de salsa de pan frito con la que he aprendido a regar las albóndigas si tuviera mucho pan para mojar. Pero Homer es el agente de cambio que rompe definitivamente la moral tradicional, el Demiurgo que pide semejante bebida, el Dios que derrota al Genio Maligno y cambia el gintonic por la salsa, el hielo por albóndigas y los trozos de fruta, pétalos y granos de café por patatas fritas.

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