a la policía.

Viene del capítulo anterior:

-Y a este pony lo llamaremos Montañas Gavilán

-¿Y de apellido?

-Rodríguez

V

Principito, ¿tu padre caza elefantes?

-En mi planeta no cabrían elefantes. Uno azul quiso poner un lavadero de coches. Pero allí no hay coches… ¿El cordero se comerá las malas hierbas? – me preguntó el principito curioso.

-No sé, nunca he tenido corderos.

-Ni jardín al que quitarle las malas hierbas, se te nota en la cara.

-Ni jardín. ¿Necesitas eliminar las malas hierbas de tu planeta?

-Sí, es muy pequeño y un cordero podría encargarse de limpiar todo el planeta.

Elefantes

No soy de campo. Así que sólo se me ocurrieron las ortigas como malas yerbas. Le di un tiento al hachís que compré con el cordero y me puse a pensar en esto. En mi mundo feliz divagué hasta recordar que existían los baobabs. Ba-o-babsss. Quizá tenga algo que ver Pepe Bao. Baooo-bab-s. Era gracioso el nombre. Bao-ba-bs. Relaja. Lo dije en voz alta y el niño me dijo que había semillas en su planeta. Quedé horrorizado, pues semejante árbol podría partir el planeta en dos. Esa idea era terrible. El descuido de una labor sencilla como la limpieza de malas hierbas podría provocar la desaparición de un planeta, del lugar donde vivía el principito. Pensé en la analogía con nuestro planeta. No lo iba a destrozar un baobab, pero sí la contaminación, la escasez de recursos, el agujero de la capa de ozono… Dibujé un planeta como el del principito con un habitante humano, es decir, con tres baobabs crecidos que a punto estuvieran de hacer volar el asteroide con sus grandes raíces. Hice el dibujo con la urgencia de quien sabe que todo está perdido y en un arrebato artístico filma la bolsa de plástico que le va a ahogar mientras vuela en un remolino de aire.

Baobabs

El principito vio el dibujo y se echó a reír. Estaba preocupado por si crecía un baobab mientras él estaba aquí y el niño se estaba riendo en mi cara, señalándome. Indignante.

-¡Esto es imposible, carajote!

-¿Eh? – mis vacaciones en las playas de Tarifa con sus correspondientes escapadas a Gibraltar a por tabaco barato me habían enseñado ese insulto. Que me lo dijera un niño de otro planeta por algo que me había estado preocupando un buen rato era lo último que esperaba.

-¡Un baobab no podría crecer tanto en mi planeta! ¡Es como si estuviera en una maceta! No puede crecer de esa manerasi no tiene espacio o no puede adquirir tantos nutrientes, sería un suicidio, y las plantas no se suicidan. Eso se estudia en cuarto de primaria, cuando las habichuelas en el vaso de yogur. Como se nota que eres de letras. Jajaja.

Al diablo con mi preocupación moralista. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, y otras frases que dicen los mismos que te invitan a disfrutar de cada momento. El principito se paraba a pensar, llegaba a la conclusión de que el baobab nunca sería un problema y entonces decidía soltar a su cordero. Eso es una actitud.

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