Ojalá los salmones pudieran correr.

Y los jueves sentado. Y siempre pensando. Como todos (vosotros). Es complicado defender a todos los seres humanos. “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” (y otras ficciones). Decía el sabio que el suicidio le parecía una salida respetabilísima… Aunque iría proponiendo a algunos para que fueran probando, así los demás quizá viviéramos mejor. ¿Quién es necesario?

 Un panteísta, director de cine en los ratos libres, quiso hacer a todos saber que lo divino ha de estar dispuesto a ser criticado, a ser objeto de burla. Sin embargo, lo natural es egoísta y vanidoso. No da lugar a la contradicción. Lo natural está dispuesto a esperar por siempre hasta ser descubierto. Por siempre atento a los errores, para reafirmarse en las mentes más capacitadas. Pero siempre vigilante. Siempre mirándose al espejo (espejos, espejos, paradojas). Lo divino no exige. Lo divino se manifiesta o no, pero nunca se queja. Lo divino no hace poesías. Hace caligramas, para que nos distraigamos en la forma y nunca lleguemos al fondo de la cuestión. Lo divino, si divino, pasa desapercibido (más información en “Futurama” de Matt Groening).

 ¿Quién es necesario? No pregunten a la naturaleza. No dirá nada. Prefiere callar y ser descubierta en su totalidad, rotunda y gigante. Si preguntan a la divinidad, podrán encontrar millones de respuestas, aportadas claro, por aquellos que llevan el nombre de “la divinidad” en la frente. Aquellos que hablan en nombre de la divinidad, aquellos que exigen en su nombre, que matan y se matan, aquellos que entre putas (divinas señoras) y puteros ruegan a la divinidad, esperando que esta se convierta en rotunda naturaleza y se manifieste.

 Ojalá los salmones pudieran correr y las putas ser las únicas no pecadoras. Ojalá esos individuos asotanados (si se me permite la palabra) entendieran que están al servicio de la naturaleza humana, y no de la divinidad. Una naturaleza humana que nos obliga a tener fe en algo, a sostenernos en alguien y echar el peso de nuestras cargas al vecino. Una naturaleza que nos exige controlar todo y hacer que todos coman de nuestra mano. A matar si somos contrariados en nuestra búsqueda de la comodidad. Ojalá esos señores asotanados (si se me permite la palabra) comprendieran que las putas son parte de la divinidad, como el barro, los cerdos o los salmones. Como aquel señor callado que ve la vida pasar.

 Ojalá entendiéramos que la divinidad no es más que un plato de puchero (no es una paradoja, es un espejo).

 PD: no me malinterpreten. No busco defender sector alguno, también las patatas fritas son divinas.

 PD 2: -No me hable usted de religión, porque la religión es una de las cosas que debería estar prohibida por Dios. Pero como no existe…

 -¿No cree en Dios?

 –(Se crispa) ¡Ni creo en Dios, ni Dios cree en mí, ni usted cree en mí, ni yo creo en usted!

 PD 3: ¿Se puede remitir más de un posdata?

 PD 4: “Dios es aquel que ha dado más muestras de su inexistencia.”

 

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