En busca del aburrimiento.

Buenos días, por lo menos dos. Si no, sería simplemente buen día. Puestos a desear, que sea duradero.

Hay veces, justo como ahora, en las que mi cabeza encuentra un hilo pensamientístico y nada puede conseguir que se detracte de la decisión de expugnarlo, olvidando cualquier cosa que estuviera haciendo. Diminutas distracciones que sólo se han cobrado 100 euros de multa, una cocina, y algunas magulladuras de pequeño. Nada irreparable.

El caso es que uno de los temas recurrentes, sobre los que me gusta pensar, es precisamente el pensamiento, la mente. Es agradable la sensación de completa ignorancia sobre el funcionamiento de mi cabeza, las cabezas en general.

Cabeza en general
Cabeza en general, en particular el general    Than Shwe

¿Cuál es tu camiseta preferida? Y piensas en una imagen. ¿Tu canción favorita? Y oyes a Las Ketchup en tu cabeza. Parece sencillo asociar el sentido de la vista y el oído a la memoria. Pero déjame que te pregunte: ¿qué cenaste anoche? Tu cerebro revocará la imagen del plato de ensalada, la tortilla, o el tang de morcilla, pero no el sabor.

Ahora sí piensas en el sabor, después de que yo lo mencionase.

Aun así, el sabor, el olor, el tacto, no son recuerdos tan explícitos como una escena o una voz. Si piensas en una manzana ácida, la lengua se te contrae, pero no tienes el sabor concreto. Conoces perfectamente el tacto de una teta toalla, pero no lo tienes en la cabeza. Tu memoria sabe distinguir entre la canela y el perro mojado cuando los hueles, pero no eres capaz de producir mentalmente un olor.

Tacto de una teta (+18)
Tacto de una teta (+18)

Aún más inexplicable me parece el recordar sensaciones. Un ejemplo claro podrían ser los periodistas del motor. Cuando prueban una nueva generación de algún modelo en concreto, comparan parámetros como la precisión de la dirección, la dureza de la suspensión o la comodidad de los asientos con respecto del anterior. ¿Cómo el cuerpo es capaz de recordar ese tipo de información?

Todo eso tiene una explicación neuronal, que realmente no me interesa. Me atrae lo fascinante del trabajo mental. Casi místico.

Quizás haya generalizado demasiado, seguro que habrá gente que es capaz de oler mentalmente los chicharrones, o de tocar el hule de la cocina. Quizás yo sea el único… Y aquí empezaría otro sendero de pensamiento abstracto sobre la individualidad de la humanidad, el universo inconmensurable y demás, así que mejor paro.

Pero no soy el único, ¿verdad? A mí el cielo de la boca no me sabe a nada, ¿y a vosotros?

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