Música I

Llegaba tarde. Bastante tarde. Y aunque hizo casi todo el camino a la carrera no pudo evitar pararse ante el escaparate de la tienda antigua de música en la que siempre se paraba y en la que sin embargo nunca había entrado. Le daba vergüenza entrar. Ni siquiera sabía por qué. Y aunque se repetía a sí misma que eso no era una excusa para no entrar, siempre acababa pasando de largo después de sus minutos reglamentarios de exploración desde el escaparate. Ya entraría otro día, pensó. Hoy llegaba tarde, además. Eso le pareció una excusa más convincente y siguió adelante. Miró el reloj. Mierda, se había retrasado más de lo que pensaba, así que empezó a darse prisa de nuevo. A los pocos pasos, sin embargo, la cogieron del brazo para que se diera la vuelta. Al volverse vio al muchacho dependiente de la tienda de música. Le entregó un disco envuelto en papel de regalo y una sonrisa y se fue sin decir nada dejándola con cara de tonta mientras retomaba el camino y abría el regalo. No supo si sorprenderse o no al ver el disco que quería comprarse bajo el envoltorio. Con una sonrisa metió el disco en el bolso y deseó llegar pronto para ponerse a escucharlo. El próximo día, se prometió también, entraría en la tienda.

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