No hay alcohol

Llegamos al final del verano hermanos, y las fiestas pueblerinas se multiplican para finalizar el estío con una buena dosis de vergüenza ajena. Y el indiscutible rey de esas fiestas decadentes y casposas (aparte de la hamburguesa de kiosko a las 6 de la mañana), es el alcohol. Unos se decantan por el ron, otros por el whisky, y algunos incautos por la ginebra, aunque la realidad es que yo soy más de absenta en macetas de medio litro. El caso es que es lo que más echo de menos aquí arriba, las bebidas espirituosas.

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Imaginad por un momento que os dan a elegir entre la vida eterna sin borracheras y una vida mortal con pedos arbitrarios. La elección sería harto complicada… pero yo ni siquiera tuve esa oportunidad, en cuánto resucité y me vine de nuevo a vivir con mi padre, el alcohol se acabó. Claro, se puso tiquismiquis porque sabía que me gusta mucho lo de drogarme y me dijo aquello de: «Bajo mi techo, mis normas». Obviando la evidente falta de techo en un lugar como el cielo cristiano, eso significaba que la ley seca había llegado a los dominios de Dios.

En su momento hubo intentos de traficar con cajas de Legendario bajo cuerda, y aunque mi padre es todopoderoso yo sabía cómo distraerlo para que mis colegas pasaran la mercancía sin levantar sospechas.

-Pues a mí Ben Affleck me parece un buen actor para Batman

-¿Pero tú eres tonto? ¿Y Nicolas Cage de Superman o qué? Dime que no hablas en serio, Yisus…

-Totalmente en serio, es joven, tiene el perfil físico y es talentoso el hombre

-Mira, me voy a cagar en mí mismo, tete. ¡BALE ES EL MEJOR BATMAN DE LA HISTORIA!

-Sí, pero ahora lo ha fichado el Madrid, no se va a poner a hacer pelis, ¿no?

Unos cabreos que pillaba el barbas… Qué risas. Pero claro, al final uno se iba de la lengua (qué casualidad que siempre era Judas), y el negocio se iba al traste.

Pues casi 2000 años llevo sin probar una mísera cerveza, bueno sí, las Buckler 0,0 de malta tostada con el ninonino y su puta madre; pero eso no cuenta. Y me aburro, me aburro mucho. ¿A dónde vas tú un sábado por la noche en el cielo? No hay planes, no hay ambiente en ninguna nube… Me entran ganas de bajar al infierno y emborracharme de tequilas, aunque la música sea para torturar a las almas descarriadas (Kiko y Sarah, Cali y el Dandee o Jesulín de Ubrique).

Así que aprovechad estos momentos de algarabía sonrojante y bebed hasta que vuestro riñón se seque cual pasa al sol, porque en el cielo no hay alcohol.

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