Sin cansarme demasiado

(Viene del capítulo anterior)

-Veo tus diez y subo a veinte.

-Me has comido esa ficha porque había metido otra en casa, eres un capullo.

VII

El principito me preguntó si los corderos se comían las flores. Cuando le dije que los corderos se comían cualquier cosa pensé que yo también manejaba un hambre considerable y que podría comer un camello relleno de cordero relleno de gallinas.Rosa

-¿Incluso las rosas? – me preguntó mientras yo intentaba establecer en un mapa cuál era nuestra posición y dónde se situaría el establecimiento de fast-food más cercano.

-Eh… sí – le respondí sin haber visto jamás un cordero comiendo una rosa, como tampoco nunca he visto un león comiéndose una cabra montesa y seguro que se la comería.

-¿Y para qué tienen las espinas?

-Yo qué sé principito, porque estarán estreñidas, no lo sé todo, me preocupan otras cosas como salir del desierto sin habernos comido el cordero antes de lo que pensábamos.

-¿Te parece bien hablarme así?

-Principito, cállate que te doy con la zapatilla, pesado.

-Si te has perdido y tu vida es un asco no lo pagues conmigo, puedes decirme que no te importa una flor. Sólo decía que para alguna especia animal le protegerán las espinas. ¡Piensa en Darwin, zanahoria!

El principito se marchó enfadado mientras me dejaba pensando en que de nuevo había quedado como un idiota, no sólo por haberme portado así sino por no entender siquiera que la pregunta del niño iba más allá del simple “¿por qué?”. Cada cual tiene sus prioridades, eso es indiscutible. No se puede decir que mi preocupación sea irrelevante en comparación con su duda sobre flores, sería banalizar nuestra propia supervivencia, y cuando sienta hambre también él se preocupará. Es un crío pero con ganas de vivir. Digo yo.

Rosa2

Aquella noche el principito seguía enfadado. Me contó que había viajado a un país en el que sólo había un señor gordo colorado (porque en el asteroide de este señor lo rojo es colorado) haciendo sumas. “¡Yo me preocupo de cosas importantes!” dijo que decía. Supongo que el señor estaría colorado pensando en acreedores o deudores. Y si era gordo sería de la comida basura (para ejecutivos, que diría Manolito). Al principito le pareció horrible que ese señor tuviera que hacer tantas sumas, a ese paso no aprendería jamás a restar, multiplicar, dividir, derivar, hacer integrales… ¡se estaba perdiendo lo mejor! Y lo peor de todo es que no era educado. Si sus sumas eran tan importantes, pues hala, a sumar, pero qué menos que atender a quien llega a tu asteroide preguntando por cómo se va a La Tierra.

El principito se acostó apenado porque la gente piensa que sus preocupaciones son más importantes que las demás, que son además despreciadas. Él tenía que hacer algo con el asunto del cordero y la rosa. Suerte que jamás escuchó a Mecano.

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