Ojos de patio 3.0

Son las doce y media de la noche, esta tarde ha llovido y el olor a humedad entra por la ventana de mi cuarto, no es una ventana con vistas, ni siquiera da a la calle, da a un ojo de patio. El ojo de patio, tan representativo de la comunidad y en cambio, ¿hay algo que ponga más de manifiesto la soledad y el silencio de nuestra sociedad?

Pleno siglo XXI. Ya no hay ojos de patios como los de antes, aquellos en los que se oían cuchicheos, recetas de cocina, riñas familiares sin importancia y, en caso de que la familia fuese menos comedida, algún que otro gemido. Ese ojo de patio donde las cuerdas para tender se podían convertir en pasadores de mensajes en papel, escritos con la caligrafía que enseñan los cuadernillos Rubio, donde llamar a un amigo para bajar al portal.

Se cae una camiseta, es de un tal Pocoyo, ¿de quién será? No lo sé, no conozco a mis vecinos, no conozco a nadie en realidad, conozco personajes, disfraces y caretas. Las apariencias engañan, pero joder, están en alza. Antes no, antes se caía la camiseta de Naranjito de tu vecina la Mari, la cotilla, la que te dejó dos huevos el otro día. Era un poco maruja, pero bueno, al menos sabías cómo era.

Y si dicen que el mundo es un pañuelo, y en consecuencia nosotros somos un simple moco, entonces, a escala, nuestro mundo, nuestro país, nuestro barrio, es un gran y simple ojo de patio. Pero no un ojo de patio de los de antes, sino un ojo de patio triste, solitario y minado. Un ojo de patio en el que no recoger las pinzas caídas del vecino es una moda, en el que las cuerdas para tender son poco más que un depósito de polvo y un soporte provisional para las palomas.

Somos totalmente inconscientes de cuánto ha cambiado nuestro mundo, al menos de las cosas buenas que hemos perdido, yo mismo, escribiendo esta entrada me tengo que parar a contemplar el cursor parpadeando, porque no sé en realidad cuánto he perdido, cuánto no estoy viviendo, qué estoy haciendo mal. Estamos viviendo sí, pero de una formas gris y automática, una vida sucedánea de la auténtica vida, de las amistades de verdad, de las personas de verdad, de la verdad.

No hay mucho más que añadir.

Esto es una simple reflexión de un trasnochado, no puedo, ni quiero decirte qué estás haciendo mal, qué te estás perdiendo, lee esto y tíralo, quémalo, enmárcalo, escríbelo, compártelo o simplemente déjalo morir. Tal vez, si te pudiese pedir algo, sería lo siguiente:

Sé consciente del desarrollo, de la libertad, pero date cuenta de cuántos valores se han perdido en estos ojos de patio 3.0.

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