Porque por las noches

(Viene del capítulo anterior)

-Cómo odio las boas.

-Sí, se tragan elefantes y parecen sombreros.

-Yo me referías a las del arroz, los familiares borrachos y los momentos cursis.

VIII

Aprendí que las flores están muy bien de lejos. Y más las flores que hablan. Bendito cordero relleno de hachís. No sé en qué momento el principito me comentó la historia de su rosa, o si me la imaginé, porque desde luego era una locura. Según recuerdo, una extraña semilla había debido germinar en su pequeño planeta, pues salió de la tierra un arbusto nunca antes visto por el niño. El pragmático y sincero principito se lamentó al ver que no era una planta del cacao, o que diera Aspitos, puestos a pedir. En su lugar era un rosal. Un complejo e inútil rosal al que había que podar cada año para que las rosas salieran, que podía llegar a pinchar su pelota si jugaba al fútbol en su planeta… Pero decidió dejarlo. Si vivía con mini-baobabs podría acostumbrarse al injustamente ensalzado olor de las rosas. Al arbusto le salió pronto un capullo aunque la flor no acababa de salir. Parecía que estuviera esperando al momento apropiado. Aunque los arbustos no saben de esas cosas, muestran su flor en primavera y rezan a Bulbasaur para que el pulgón no le afecte. Una mañana con la salida del sol la rosa se abrió, mostrando su belleza a quien una rosa le parezca bella. La flor le dijo al principito bostezando:

-¡Ah, perdóname… apenas acabo de despertarme… estoy toda despeinada…!

-Y te hiede el aliento. Algo típico también de los despertares, prenda.

-¡Deberías decirme que soy preciosa! ¡Y alabar que haya nacido al mismo tiempo que el sol!

-Me conmueve tu egocentrismo, sin duda. ¿Quieres un café?¿Una regaderita de agua?¿Un poco de abono?

-Eres maleducado pero atento. Ya iremos corrigiendo lo de que no me ames.

-Te voy a traer un poco de abono, que últimamente ando suelto.

Rosa4

La vanidad de la rosa sufrió un duro golpe. No iba a ser el centro de ese planeta. Pero estaba en su interior ser así de repelente:

-Mira qué espinas, ya pueden venir tigres, tigres, leones, leones, y que todos quieran ser los campeones, que me los cargo -El principito rompió una de sus espinas- ¡Aaahh!, ¿qué haces?

-Mostrarte que todos necesitamos ayuda y que ser tan ególatra sólo contribuye a que me piense si te sigo regando.- La rosa miró hacia otro lado aunque aún le escociera el lugar donde el principito había roto su espina

-Los tigres no me dan miedo aún sin espinas, pero tráeme un biombo, este aire frío me va a matar.

-Quizá traiga un aire acondicionado.

-Disculpa mi rudeza ¿Serías tan amable de traerme un biombo? Me sientan mal las corrientes de aire.

-Eso está mejor, te lo traeré, pero deja de pedir cosas, eres una flor, no Beyoncé antes de un concierto. Y como sigas tocándome los huevos me convierto en super saiyan.

Rosa5

Me contó que la rosa tosió para hacerle sentir culpable, algo que el principito no iba a tolerar. Tiró el biombo a dos metros de donde estaba la flor y no escuchó sus súplicas para que lo colocara bien. Su mal entendida dignidad no le permitía pedir perdón de nuevo. El principito me contó que aunque ciertamente la rosa oliese bien y decorase su planeta, los actos que tenía que tener en cuenta era cómo lo trataba, lo altiva que se mostraba ante él por ser bella, que no lo ayudaría de tener piernas y brazos, que su actitud de planta-florero era denigrante incluso para ella y que los requerimientos de protección estaban fuera de lugar para alguien con semejante orgullo. El principito nunca se arrepintió de no haberla amado.

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