Recuerdo II

Mentiría si dijera que dormí bien o del tirón aquella noche. La verdad es que el excesivo calor de aquellos días no me dejó. Una de las veces que me desperté, de esas en las que no sabes si es demasiado tarde o demasiado pronto, y en la que no miré el reloj por vagueza, me vino otro recuerdo de él. Supongo que por el calor, el recuerdo fue el de la playa. Y entonces ahí estaba yo, tumbada bajo un sol que calienta pero ya no quema, con un calor agradable en el cuerpo. Sabía que el resto de la gente estaba bañándose, así que no debería haberme extrañado que llegara alguno de ellos y me mojara entera. Lo que me sobresaltó fue que fuera él. Me lanzó una mirada de «ven a por mí si te atreves» y echó a correr hacia las olas, sonriendo. Sobra decir que salí detrás de él y que la que acabó más tiempo debajo del agua fui yo. Cuando pensé que ya había descendido lo suficiente el nivel del mar por culpa del agua que yo me había tragado decidí volver a la toalla con la intención de secarme con los últimos rayos de sol que amenazaban con desaparecer en unos pocos minutos. La mirada que le lancé cuando vi que se dirigía de nuevo hacia mí hizo que levantara las manos en señal de tregua y no las bajara hasta que se sentó a mi lado en la arena mirando hacia el mar. Eso hizo que me relajara y volviera a tumbarme, pero seguí mirándole. No sé en qué punto dejé de hacerlo por evitar que volviera a mojarme. Quizá en ningún momento lo hice sólo por eso. Él no se movió. Cuando cerré los ojos lo oí acercarse y decirme:
– Como compensación, te daré un beso por cada grano de arena que me traigas.
Yo sonreí, aún con los ojos cerrados, e hice una de las cosas más infantiles que se me ocurrieron: cogí un puñado de arena y se lo restregué por el torso. Debí pillarlo por sorpresa porque pude tumbarlo y seguir echándole arena por encima.
– Vas a tener mucho trabajo.
– Sí. Pero ahora vamos a tener que bañarnos otra vez.
Caí en la cuenta de que tenía razón y la cara que puse le hizo gracia. Luego me abrazó y comenzó a pagarme todos los besos que me debía.

El recuerdo del frío que pasé después en el agua otra vez hizo que pudiera volver a quedarme dormida.

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