Sudor frío

De pronto me encuentro solo en un lugar que nunca antes había visitado, está oscuro y una extraña bruma ocupa hasta donde me alcanza la vista; no veo mucho pero sé que estoy al aire libre, lo siento. Sin embargo, pese a estar en la calle me siento extrañamente paralizado, cómo si no pudiese avanzar, como el personaje de un videojuego que llega a los límites del mapa. Y cambia la escena.

Estoy dentro de mi colegio aunque los pasillos son mucho más largos y las escaleras no parecen acabarse, no paro de correr y por más pasos que doy el entorno no cambia. Él sigue detrás de mí, me persigue tras haberle dado un puñetazo con todas mis fuerzas por la humillación que me ha hecho pasar en clase; al menos es lo que recuerdo.

Es alto y moreno, aunque no sé quién es porque no le distingo bien la cara, está borrosa, pero estoy tan angustiado que no reparo en eso, quizás se me rompieran las gafas. Es raro porque lo nuestro parece una enemistad de hace años pero yo no lo conozco.

Pero lo que me ha hecho es imperdonable, delante de todos soltó ese secreto, el que yo guardaba y que creía que nadie sabía, pero él sí. Es el único que lo sabía, y cuando digo el único lo digo porque ni yo conocía ese secreto, si lo pienso fríamente ni siquiera es cierto, pero me siento avergonzado. ¡Cómo ha podido contarlo! Estoy llorando, ya nadie me sigue y ha cambiado la localización, estoy sentado en la casa de mis abuelos, hay una mujer rubia, no sé porqué pero la identifico con el muchacho moreno que me perseguía antes, ni siquiera se parecen, su piel es blanca como la cal y su pelo rubio platino; quizás sea la misma rubia que atormentaba a Sabina.

Estoy en el pasillo, sé que algo malo le va a pasar a mis abuelos con esa mujer y tengo la llave en la mano, abro la puerta, pero ha sido cauta y ha echado la cadena y aunque fácilmente podría arrancarla de una patada no lo hago, sé que puedo hacerlo, pero me quedo paralizado, estoy desesperado, no sé hacia dónde ir y en cambia acudo a la puerta de un vecino, que tras ofrecerse a ayudarme no aparece.

De pronto me despierto de esa pesadilla, no sé cuánto tiempo he estado soñando pero a mí me ha parecido toda la noche, siento el sudor frío en la espalda. No me muevo, temo que aún esté dentro de la pesadilla, estoy más alerta que de costumbre, como si llevase más tiempo despierto, y me siento aliviado. Recuerdo toda la pesadilla perfectamente, ni siquiera me gusta su recuerdo, la he sentido tan real…

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