Tinta

Miro el reloj, es demasiado tarde para mí. Noto un escozor en los ojos. Creo que debería desistir y acostarme. Pero es el único momento de silencio, en el que puedo sentarme y escribir, cuando el resto del mundo duerme. Pero la página sigue en blanco, y eso no hace más que desesperarme. Sigo mirándola, y ella me cuenta lo que yo ya sé, que no sirvo para esto, que no voy a ser capaz de rellenarla. A fin de cuentas, todo lo que me ha estado contando el resto de noches. Le lanzo una mirada furiosa, pero sigue moviéndose y contándome mis miedos, como si no los conociera, como si no la conociera. Decido, como todas las noches, llevarle la contraria y empezar a escribir. Con eso consigo que se calle. Furioso, aprieto el bolígrafo un poco más sobre el papel y la hoja deja de moverse allá por donde voy escribiendo. La tinta, como si fuera su sangre, va dejando inerte el folio. De pronto ésta empieza a chorrear y me doy cuenta de que estoy rajando el folio por algunos sitios, así que aflojo un poco la presión, pero no lo suficiente como para dejar que vuelva a moverse. Me siguen escociendo los ojos, pero he podido escribir una hoja. He conseguido matarla, y una paz empieza a apoderarse de mí. Pero la sensación no dura mucho tiempo y es reemplazada por una inquietud que conozco muy bien. Vuelve a saludarme esta noche. En un intento de sofocarla leo lo que he escrito, con miedo, pero eso no me relaja. Sólo consigue que mis miedos vuelvan a convertirse en realidad otra vez. El escozor de mis ojos se convierte en lágrimas que ruedan por mi cara y emborronan la tinta allá donde éstas tocan el papel. Da igual, así mejorará lo que he escrito. Me enfado de nuevo, conmigo mismo y con todo lo que puedo ver. Hago una bola con la hoja de papel, algo de tinta chorrea y me mancha las manos. No recordaba haber escrito con tinta roja. Arrojo la bola a la basura y ésta rebota en el filo de la papelera y cae al suelo en un último intento por reírse de mí. La dejo ahí y me meto en la cama, de donde no debería haber salido, y apago la luz. Cuando mis ojos se acostumbran a la oscuridad vuelvo a mirar la bola de papel, pero ha desaparecido del suelo. Estoy volviéndome loco. No pensé que escribirte iba a ser tan complicado.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s