Amarga y negra despedida (Parte I)

Adiós.

Te abandono mundo cruel sin que quiera decir que ha sido culpa tuya. Si escribo esto es porque he encontrado un momento de lucidez, de esos que no he disfrutado en estos años de espectáculo, fama y vicio. Es porque la muerte no es elegante si no te cuelga una sonrisa de los labios, no sirve de nada si lo primero en volar hacia el cielo no son tus ideas, mezcladas con sesos y sangre, propiciando una situación idónea para la donación de órganos. Por eso le sugiero al forense que no busque restos de mi antigua adicción en la sangre. He almorzado una ensalada y no tendré alta ni el azúcar.

Quien quiera, no vivir de, sino SER la televisión, el cine o la música no tiene más remedio que reinventarlos o sucumbir a las tentaciones que se presentan cada día. No hay escapatoria y los publicistas y representantes consumen sólo un 20% de tu CDR, sustancia a elegir, así que imaginen. Cuando empecé en este mundo aún quedaba gente sana que me advirtieron del asunto. Un joven recién llegado de un barrio obrero como yo, se vería igualmente abrumado por los focos y en cada actuación los aplausos de los fans no harían sino engrandecer el orgullo personal, ridiculizando a aquellas viejas glorias que le dieron un mero consejo médico que nunca tomaría como ley. A veces se confunde humildad con falta de ostentación. Si Dios fuera lo que llamamos humilde debería estar flipando con su obra y orgulloso de sus 6 peonadas mal pagadas. Lo que hacen esos meapilas no es adorarlo sino temerlo, mereciendo que descargue su ira más de lo que lo hace. Suerte que no hay más Dios que el juego de nuestra imaginación con nuestro miedo. Vacío uno y fuerte otra puede conquistarse el mundo.kin0-016

Y fue cuando el miedo a no cumplir las expectativas de mis directores pudo conmigo. Me excusaba asegurando que era sólo un chute de energía. Rápido y directo al torrente sanguíneo. A veces dulce como las amantes que un tipo como yo no conseguiría de ser mecánico o camarero. Otras amargo como las noches vacías en el sofá de mi piso de lujo en. Pero siempre revitalizante. Calmar estos impulsos tras los focos junto a otros compañeros fue lo que nos hizo un grupo unido, famoso, una constelación sin estrellas mustias, rookies en la televisión que se creen más reyes que Larry King. Cada Grammy se festejaba con kilos de material puro. No había músico que se permitiese el lujo de no participar en nuestro programa buscando el escaparate más visto de todo el mundo, anunciante que quisiera comprarnos, ejecutivo que no nos quisiera en su cadena. Dos minutos en antena suponían los ingresos de tres meses de trabajo de mi padre en aquella refinería.

Varias veces he intentado desengancharme de toda esa mierda. Ya sea encerrado en una habitación de mi casa en Seattle o en un centro de desintoxicación para famosos con mono del aroma de la cera para pulir Oscars, todo me recordaba que esa adicción formaba parte de mi personaje y por ende, de mí mismo. Déjense de decir que hay que mirar en el interior de las personas, o de hablar usando el rancio tópico del actor “detrás de los focos”. Nadie es otra cosa que la imagen que proyecta, la máscara que se pone en carnaval. No hay traidores, sólo actores que cambiaron de personaje a mitad de la obra. Por eso me negué a dejar del todo ese dulce veneno que me consumía. Era mi señal de identidad, disociables el uno del otro, como Don Quijote y la locura, Bruce Wayne y los murciélagos, Bob Marley y la marihuana o Jackass y el daño físico, preferiblemente en la entrepierna.

936full-michael-caineAsí que jódanse médicos, el motivo de mi muerte no va a ser una sobredosis, o enfermedades derivadas de mi adicción. Será una bala. Lo hago para señalar cómo son las cosas y cómo deberían no serlo. Cómo son porque hay pocos YO que no hayan acabado igual ante semejantes circunstancias. Cómo deberían no serlo porque sois tan idiotas que tras el inicial ostracismo del suicida me haréis el mártir convertido en icono pop. Que me perdonen Woody Allen y Michael Caine si alguna vez posé con gafas de pasta e Inditex lo imprime en serie, crucifiquen a Paul Knight si aparece mi cara en unas Nike, quemen los Sturbucks si ponen mi nombre a uno de sus postres y entierren en Mentos si alguien de Atlanta desentierra mi cadáver para ponerme bebiendo su refresco junto a Santa Claus.

C. M.

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