Al basket con amigos

(Viene del capítulo anterior)

-¡¡¡Mira, Rafiki!!!

-Óndevaaaaa-iiiooo opaaa-omaaa viankalaaaaweeelaaa-a-a ajamaaa

-Juraría que ese Rafiki tiene raíces andaluzas.

XI

El siguiente planeta visitado por el infatigable y curioso niño estaba habitado por un vanidoso. Si el rey había sido un loco entrañable, como aquel señor con gabardina que vendía calcetines de una manera poco ortodoxa, a este daban ganas de apalearle en un callejón oscuro, fotografiarlo y que se quedara fuera del Top10 de palizas más destacables:

-¡Aquí, aquí!¡Ven, admirador!

-¿Cómo me has llamado?

-Tú no importas, aquí la estrella soy yo. ¿Me sigues en Twitter? ¿Tú tienes Tuenti? -dijo el vanidoso poniéndose bizco.

Vanidoso

-Te seguía en Twitter porque somos veinte tíos amargados en una constelación en la que no hay mucho que hacer, pero eres un coñazo, no quiero ver tus fotos en un espejo, ni me hacen gracia tus chistes, ni me gustan las mierdas que escribes, ni tus remezclas de canciones malas que incluso las empeoran. Tampoco te soporto cuando hablas de una película o un libro no para que conozca la obra sino para que sepa que eres un tío tan culto que la conoces y la aprecia. Ahora que te veo en persona me arrepiento de no haber traído un palo.

-¡Un paloooo!¡Un palooooo! Jajaja, si es que soy la leche… Pero bueno, no hablemos de mí, sino de lo que molo.

-Repites virales ya en decadencia, copias modas con un mes de retraso, y si le sumamos el que tienes volveríamos al horario de invierno. Del año pasado.

(El principito detuvo su relato para explicarme que cuando dijo esto era el horario de verano. También intentan ahorrar en planetas lejanos por lo que se ve. Mientras el principito me explicaba todo esto yo lo contemplaba ojiplático, pensando cómo podría tranquilizarlo y sabiendo que el día que este crío se enfadara conmigo me destrozaría la vida. Mala suerte no tener tanto amor propio como aquel vanidoso)

-Jaja, me gustan esos chistes porque los he inspirado yo.

-Eres insufrible, de verdad. Ya he visto que estás para mandarte a Telecinco en una caja sin agujeritos. Me voy yendo.

-¡No! ¡Quédate aquí! ¡Te pagaré para que me adules!

-…Desde luego entre el carajote éste y el rey el viaje me va a salir gratis… Mira, no te voy a cobrar por adularte, está claro que eres de lo mejorcito que hay en este planeta vacío. Pero traigo conmigo una piedra, y su silencio es debido al asombro que le provoca tu magnificencia. Te la vendo.

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