Rocanrol

No podía aguantar más en aquella ciudad. Esa noche, hizo las maletas y una cola con su largo pelo rojo y se dispuso a salir de allí para siempre, no importaba hacia dónde, ni siquiera lo había pensado. Podía sentir cómo la ciudad moría bajo sus pies. Cuando salió a la calle lo único que se oía eran sus pasos y lo único que se veía entre el paisaje gris era su pelo moviéndose de un lado hacia otro.

Al llegar a la única parada de autobús empezaban a caer las primeras gotas de una lluvia torrencial y las luces del último autobús se perdían por la carretera. Se echó a reír por no echarse a llorar, y al rato, resignada, puso rumbo a cualquier lugar que la guareciera de lo que ya eran más que unas cuantas gotas. Cualquier cosa menos regresar otra vez a su pequeño piso, había demasiadas noches que olvidar allí.

Se topó entonces con el primer bar que vio abierto y entró sin dudarlo dentro. Pidió el alcohol más fuerte que tuvieran con tal de no pensar y de paso consolar a su soledad. Un hombre en la barra, a quien en ese momento no vio la cara, le invitó al vaso. Así, al principio más movida por agradecer el trago que por otra cosa, se decidió a hablar con él. Al final acabaron contándose todo lo que se les pasó por la cabeza, como dos desconocidos que eran. No fue una conversación alegre, no hubo risas, sólo necesidad de hablar con alguien más. Él le contó su soledad, sus pocas ganas de reír, las pocas ganas de seguir, que no jugaba para no perder y ella, que hacía trampas para no ganar. Hasta que el dueño del bar les pidió amablemente que se largaran. Se enfundaron los abrigos y salieron al torrente de agua que caía del cielo. La calle estaba completamente desierta, la única compañía era una farola tintineando en la oscuridad. Cuando ella se dio la vuelta para despedirse, con la promesa de no volver a encontrarse en los ojos, él le tendió una mano y le pidió un último baile, sin música, lo único que se oía era la lluvia caer. Ella aceptó.


P.D: ¿Te preguntas de dónde sale el título?
De donde sale la historia…

Mi más sincero respeto a Sabina y sus increíbles letras. La historia, por supuesto, no está a la altura. Hasta la semana que viene.

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