Capítulo VI: El Anti-Grinch

Dejó la botella de agua lentamente sobre la barra del bar mientras sus neuronas correteaban como locas, intentando atar cabos y enredándose en ellos, tropezando y cayendo con cada mimbre de la historia que le había perseguido en los últimos días. Desperezándose de su impresión inicial, decidió articular palabra (algo que nunca se le había dado demasiado bien) y saludó al misterioso Señor ?, que no era otro que George Bush.

En perfecto acento murciano, Bush le relató cómo se había infiltrado entre la población española como un guiri más, adaptándose a las costumbres más habituales del país: criticar, debatir sobre temas de los que no conocemos absolutamente nada, la tortilla de patatas, la siesta y el picoteo para cenar. Eso ya lo sospechaba, pues bien es cierto que el bueno de Georgito no tiene una cara muy especial por su fisonomía (aunque sí por su extrema dureza), por lo que pasar inadvertido en un país al que todo el mundo va de vacaciones había sido tarea fácil. La verdadera pregunta, que le corroía el coco era ¿qué hacía George Bush en el Krossover de un pueblo abandonado de Cádiz, y qué tenía que ver con la muerte de Simon/Jack, el misterioso mensaje, el poliespán de las cañerías y porque a los altramuces seguían llamándoles chochos dando lugar a una equivocación absurda e incómoda a la vez?

En esos pensamientos andaba cuando, tras su décimotercera cerveza, el ex presidente de los gloriosos Estados Unidos de América le dijo (ya con el acento murciano y el americano mezclados): ‘No puede usted huir de la navidad, Mario’. Oír su nombre le heló la sangre en las venas. Hasta ahora creía que se había ocultado por completo, que nadie sabía dónde estaba… ni siquiera quién era. Lo primero que pensó fue que su mujer había mandado a Bush a convencerle de que volviera a casa por Navidad como cierto turrón al que no vamos a hacer publicidad (pero que está rico, rico, rico y relleno de ‘almendras’), sin embargo, no encontró una conexión entre George y su esposa.

-Esto en lo que estás metido es más grande de lo que crees, Mario.- prosiguió el afamada político.- Yo me encargo de que la Navidad siga su curso en todo el mundo. Sí, no me mires así, a mí no me va eso de los bonsais.

-¿Y no ha probado a escribir un libro?

-¿Un qué?

-Bueno, es igual, continúe…

-El caso es que debes volver a casa antes del día 24 por la noche, o el Corte Ing… digo, la navidad, eso, la navidad se irá al garete.

Patidifuso, mantuvo un instante la fría mirada de aquel americano de buena percha para ocultar su nerviosismo, y justo cuando estaba apunto de derrumbarse y llorar como un niño al que le regalan el Pro Evolution en lugar del FIFA, se le ocurrió la idea más brillante de su vida mientras en el bar anunciaban con un villancico estadounidense la cercanía de la nochebuena…

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