Capitulo VII El Bosque

En ese preciso momento la única idea que se le ocurrió fue tirarle un zapato y salir corriendo. Y eso hizo, pero él no contaba con tantos medios como Bush, sólo tenias su piernas y un utilitario, poco más… En cambio el ex-presidente texano tenía todo lo que pudiera desear, pues las multinacionales lo patrocinaban, así sería sencillo que le diera alcance. Ya quisiera 007 sus artilugios, sólo que los de Georgito tenían el logo de CocaCola, Nike o Toys’R’Us.

Ante esto, Mario tenía mucho que perder, seguro que Bush lo enviaba a Guantánamo o, aún peor, a Rota, a aguantar a sevillanos en verano. Pero ante la adversidad siempre hay alguna salida y se encontró otra vez a los muchachos de la plaza del pueblo. Mario les preguntó si había alguna forma de escaparse de allí fácilmente, a lo cual, el cabecilla del grupo le respondió que tendría que atravesar un bosque de abetos a través del cual el urbanita yankee no sería capaz de perseguirlo. Su voz le recordó al bruto de los Chunguitos, lo cual no le inspiraba mucha confianza. Además tendría que darse prisa pues seguramente Bush ya lo estaría buscando.

De pronto escuchó ‘El tamborilero’ de Raphael, por lo que se adentró sin pensar en el bosque de abeto. Bush ya tenía constancia de hacia a dónde se dirigía pues aquellos jóvenes eran el enlace de la CIA en aquella zona, y como buen presidente de EEUU, las notificaciones de todo lo que pasara en el mundo le aparecían en su smartphone.

Entrando en el bosque descubrió algo que no se esperaba. Todo estaba iluminado con luces de navidad o de burdel edificado sobre un pesebre y sonaban continuamente canciones típicas. Mario sufría porque estaba en un sitio que no deseaba, él había huido de allí precisamente para alejarse de todo esa iluminación, de ese espíritu navideño, de las explicaciones de Mariló Montero sobre el nacimiento de Yisus, que sólo él sabe qué sería capaz de inventar esa mujer…

Mientras atravesaba el bosque luchando contra las guirnaldas y los villancicos cayó en una trampa que le habían tendido. La caída fue de un par de metros, aunque la visión de su captor le dejó confundido. Aquel día no ganaba para sorpresas.

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