Capítulo XI: La cucaracha

…el gobierno advirtió a la Church of the Flying Spaghetti Monster que «no se pasaran de listos», por lo que todos los allí congregados fueron duramente disueltos con escobas y un tablón con un clavo. Después de tal represión no han vuelto a florecer movimientos antinavideños. Nuestra organización promueve la erradicación de la actual navidad, que se basa en el consumismo y en la falsa hospitalidad. El sistema necesita un «reseteo», hay que abandonar por completo las costumbres actuales y crear una navidad verdadera… Un momento.

El politono de «la cucaracha» interrumpió el monólogo. Era el móvil de Chris. Mario oía una señora chillona desde su asiento.

– LOLIII!! Felí navidá niñaa!!

– Disculpe, creo que se ha equivocado.

– ¿Cómo? ¿Tú quién ere?

– Soy Chris…

– Yo zoy la Rencarni, ¿este número no é el de la Loli?

– No señora, disculpe, debo colg…

– ¿Y cuál é el número de la Loli?

– SEÑORA CUELGUE YA.

– Bueno po adió hijo, perdona ¿eh?

Se notaba que Chris estaba tenso. Un espíritu de la navidad no pierde los estribos así como así. Al menos la pausa le ayudó a reorganizarse mentalmente. Por un lado Bush lo buscaba para que volviera a la senda de la navidad; y por el otro, estos dos tipos que le apoyaban en su abandono de las fiestas, pero con la intención de enseñar al mundo en qué consistía de verdad esa celebración.

– En kylling bed mig i skridtet, mens hun leder efter nøgler opbevaring.

– Tienes razón. Mario, no hay tiempo para más explicaciones. Te dejaré de vuelta en tu hostal. Deberás recoger el iPad para que podamos mandarte más información próximamente. Luego tienes que huir del pueblo. No sabemos lo que Bush planea, pero si sabemos que acabará encontrándote, asi que ve con cuidado. Y bebe mucha agua.

– ¿Y ya? Si ni siquiera me ha entrado en calor el pie descalzo…

La queja de Mario pasó desapercibida. Chris se le acercó, se agarró a él de la manera más heterosexual que pudo con algunas de sus extremidades y entonces volvió a sentir esa instantánea confusión, debido al salto interespacial. Estaba empezando a cansarse de tanto barullo. Se odió al Mario adolescente, por querer ir a la escuela de Fontanería Secreta, en vez de hacerse dj, como todos sus amigos. Si con todo esto los Reyes Magos seguían sin traerle el Scalextric ya no sabía qué más debía hacer.

– Toma una navajita hacendado y un diente de oro postizo. Sabrás utilizarlos para sobrevivir. Me voy, que me he dejado el puchero al fuego.

Y otra vez solo. Mario miró por la ventana. Mientras amanecía, en el pueblo apenas se notaba en qué fechas estaban.

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