Capítulo XIV: La FUNDY

Mario se despertó de un profundo y cansado sueño. Las cenas de sobras de navidad deberían venir con un aviso como las cajetillas de tabaco. Apenas podía recordar lo que había soñado, aquella pesadilla en la que se tenía que enfrentar a su mujer, a Bush y a miles de ciborgs pijos programados para preguntarte “¿Necesita ayuda para comprar algo, señor?”. Al incorporarse se le escurrió un iPad. Aquello no era un sueño, se había quedado dormido jugando al Angry Birds. Su intención era hacer un breve estudio de tácticas de guerra para la batalla que se le presentaba, pero una cosa llevó a la otra y al final nada.

Sabía por los espías que tenían en el bando contrario (unos ancianos que cantaban villancicos pidiendo el aguinaldo para complementar la no subida de pensiones) que su mujer ni siquiera estaba convencida de que tenía que defender aquella navidad, sino que se había enterado de las aventuras de su marido y, con tal de discutir con él por estas fechas, era capaz de lo que fuera. Había llegado a ser comandante en jefe de las autodenominadas FNCE (Fuerzas Navideñas por el Crecimiento Económico) a base de profesar su profundo desprecio por su marido y en especial que se metiera en berenjenales con tal de no estar en familia, que mira que este año no lo iban a sentar al lado de su cuñado.

Chris había sugerido que propusieran nombres y votaran el mejor, pero las propuestas de “Ejército de la Verdadera Navidad” y similares sonaban demasiado a los millones de partidos comunistas distintos, así que los llamó FUNDY en honor a un perrito que tuvo de pequeño. Después acordarían que las siglas correspondían al Formación Unitaria por una Navidad Decente Ymáscosas.

La guerra se desarrolló de manera cruenta y con centenas de bajas en el bando de la FUNDY por comer pestiños cuando éstos estaban recién sacados del aceite. Por su parte los ciborgs, o mejor dicho los dependientes del Corte Inglés se habían vestido con ropa de Coronel Tapioca en lugar del habitual uniforme. Esto generó tal confusión que todos iban preguntándose entre ellos con su amable sonrisa si podían ayudarles.

Con el paso de las horas la batalla parecía decantarse del lado de los malos. Los vecinos de Mario apenas podían devolver los bombones Ferrero Rocher de la Preysler bateándolos con alfajores de Medina, las burbujas de Freixenet cantaban como sirenas invitando a Sara a unirse a ellas, despistándola mientras luchaba contra Bush con el cuchillo jamonero.

Todo cambió cuando Mario, Chris y el tipo con las pantunflas verde botella (que no respetaba el racord de un capítulo a otro) habían dispuesto zambombas con TNT por toda la base enemiga situada en Cortylandia que habían dañado seriamente las estructuras del tobogán de Bob Esponja y al poco de salir de allí se derrumbó, minando la moral del FNCE.

Uno de los símbolos de la navidad consumista, la torre del reino particular de El Corte Inglés, donde animadores vestidos con gorritos rojos pintan la cara a niños por menos del salario mínimo mientras sus padres efectúan las compras, había caído. Los propios soldados del ejército de Bush pensaron que podría ser un ataque de falsa bandera para acrecentar su odio hacia la FUNDY. El desánimo corría como la pólvora de un petardo por las filas enemigas. Aún había esperanza.

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