Capítulo XV: El final de todas las cosas

De repente, Mario notó un cosquilleo en el costado al que apenas concedió importancia. La batalla estaba ahora equilibrada y la FUNDY cargaba contra la línea enemiga una y otra vez, hasta arriba de moral, pletórica y decidida a concluir cuanto antes la escaramuza. Tras un rato, nuestro héroe noto como la camiseta se le pegaba demasiado a la piel, adheriéndose a él como un villancico en una gran superficie se adhiere a nuestro cerebro para el resto del día. Estaba sangrando abundantemente. No tenía ni idea de cómo había surgido esa herida pero tuvo un instante de divertida lucidez al comparar el momento que estaba viviendo con aquel en el que perdió un zapato en medio del bosque mientras era perseguido por George Bush. Qué insignificante le parecía aquello ahora. ‘Un simple pie mojado y frío’, pensó riéndo hacia sí, lo que le hizo olvidarse del dolor y continuar peleando.

Algo había tapado el sol durante un segundo. Un agudísimo chillido se extendió por la llanura, obligando a los de uno y otro bando a taparse los oídos debido al dolor en los tímpanos. Cuando pudieron mirar hacia arriba, la esperanza que quedaba en sus corazones se esfumó. Gallardón montaba un dragón escupe-poliespán flanqueado por otros dos reptiles alados con sus respectivos jinetes: Ana Botella y Sergio Ramos. La alcaldesa de Madrid pintaba a todos los contendientes de negro y les ponía una corona mientras reía locamente sin saber bien porqué, pues recordemos que pintaba a TODOS los guerreros, ya que no distinguía un bando de otro la pobre. Sergio Ramos chillaba Morry Chrisma a todos los guiris que luchaban para la FUNDY, aquello hacía que huyeran desesperados. La desbandada era absoluta. El poliespán se les metía por el cuello de la camisa, entre el calcetín y el zapato e incluso dentro del pantalón.

La batalla estaba perdida por completo, pero Chris no se rendía. Golpeando con un bastón de caramelo auténtico se abrió paso entre las líneas enemigas, que no daban crédito a lo que veían. Mario se quedó perplejo ante la escena y dejó de correr buscando refugio, parado en la llanura. Admiraba el coraje de Chris pero no podía hacer lo mismo, no era capaz y de hecho no sabía que hacía en medio de aquella orgía de sangre y vísceras (no confundir con orgía sangrienta y visceral). El Señor ‘?’ se percató del error de Mario y le gritó «NAMBARAD, MARIO, NAMBARAD», en un perfecto élfico, ya que cualquier enemigo podría alcanzarle en esa posición.

Los pocos fieles a la verdadera navidad que quedaban en pie ayudaban a Chris en su internada sin demasiada fortuna, cayendo al suelo, atragantados por polvorones sabor coco. En ese momento Mario vio que aquel extraño espíritu de la navidad que luchaba como si estuviera poseído Silvester Stallone buscaba a alguien. Alguien que estaba en el centro del batallón de las FNCE. Chris quería acabar con George Bush.

Mario se tocó el costado malherido y notó la sangre fluir entre sus dedos. Justo en ese momento, el Señor ‘?’ había llegado a su posición e intentaba convencerle de que volviera, de que todo estaba perdido. ‘No’, pensó Mario, recordando lo que era capaz de hacer su mujer cuando se trataba de torturar a alguien. No iba a dejar que Chris sufriera ese cruel destino. Miró a su amigo de extraño dialecto y le dijo: NO. El Señor ‘?’ pareció no entender muy bien la reacción de Mario, que se zafó de los brazos de su compañero mientras se dirigía hacia las líneas enemigas. Empezó a caminar con determinación, luego a trotar, después corrió, y corrió, y corrió, y corrió hasta saltar con un grito sobre un dependiente del Corte Inglés al que le lanzó una afilada hoja de reclamaciones.

El Señor ‘?’ echó la vista atrás, algo confudido, mientras miraba a los que ya se refugiaban en los límites de la llanura y vio miedo. Después miró a Mario y Chris. Sonrió. Volvió a observar a todos los que habían huido, esta vez con lágrimas en los ojos y comenzó a hablarles en perfecto castellano:

«Seguid en posición. Hacedles frente.

Hijos de las mesas camillas y los regalos con buena fe, mis hermanos.

Veo en vuestros ojos, el mismo miedo que encogería mi propio corazón.

Pudiera llegar el día en que el valor de los mantecados decayera, olvidáramos cómo tocar una pandereta e hiciéramos remixes de villancicos con Pitbull, pero hoy no es ese día.

En que una hora de ofertas y tarjetas regalo rubricaran la consumación de la verdadera navidad… pero hoy NO es ese día.

En este día, ¡lucharemos!

Por todo aquello que vuestro corazón ama de esta antigua fiesta: os llamo a luchar, ¡HOMBRES DE LA FUNDY!»

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s