Me gusta la ciencia ficción

Es curioso el paso del tiempo, unas veces es rápido como el llanto de una niña consentida con voz de pito, otras se relaja y va tan lento como el caer de la miel sobre una rebanada de pan. Y en otras ocasiones, nostálgico, como un jubilado sin compañero de petanca, el tiempo se vuelve cíclico.

Camino por la calle distraído, de cuando en cuando fuerzo a la vista a enfocarse hacia delante y a mi cara a parecer pétrea, y hago oídos sordos a la multitud de mendigos que me piden alguna moneda que llevarse a la boca. Me consuelo pensando que son una organización con ánimo de lucro. Es impresionante la cantidad de parados que hay en estos momentos en España, esta España del “crecimiento negativo”. Miro la camiseta del vagabundo de al lado de la catedral para ver a Naranjito y recordar los años de bonanza.

Paseo un rato más hasta llegar a esa cafetería, que si bien antes estaba a rebosar y era complicado encontrar mesa, ahora tiene una temperatura tan apacible como la de cualquier barco fantasma. ¿Dónde están aquellos brotes verdes que se vieron en Navidad? Creo que nuestro bien odiado presidente los confundió con el muérdago bajo el que quería poner al trasero de Merkel. Al menos jamás se me va a olvidar que las estadísticas expedidas durante épocas así o verano no son más que una alegría efímera.

Mi amigo me hace una señal desde la mesa de siempre. Está acompañado por una simple manchada que tiene mucho mejor color que él. Me cuenta que su padre aún sigue en lista de espera para aquella operación, que lástima no ser un Borbón (pareado muy preparado). Para colmo su hermana, musa de mis sueños desde niño, se ha quedado embarazada por accidente, está en paro y el novio la acaba de dejar puntual con el Predictor. No va a poder abortar pues su bebé no se parece al Ecce Homo de Borja, con lo que por la nueva ley regresista del aborto va a tener que hacer biberón y cuenta en rojo nueva. No puedo evitar recordar los años de La Movida, ese cambio, esa revolución social y aquel Ramoncín cubierto de huevos bajo encargo.

Mientras que charlamos llama mi hermana algo preocupada. Tan preocupada como para llamar para pedirme consejo. Es algo irónico que el cerebrito de la familia necesite la opinión de la oveja negra. Pero es que está a punto de ser un orgullo para Wert, y eso cuanto menos a uno le levanta el estómago. Va a engrosar las listas de aquellos españoles recién formados que movidos por su talento desbordante deciden emigrar al extranjero, al menos esta es la moto que nos quieren vender los tahúres del congreso. Supongo que, como dicen aquellos artistas venidos a menos, ser profesa en tu tierra es muy complicado.

Nuestra exportación de conocimiento.

Con un carajillo en el cuerpo emprendo el camino de vuelta a casa, tras esquivar una manifestación que ya ni sé a qué se debe veo a una pareja homosexual riendo en un parque. Me entra algo de apuro por ellos, espero que no tengan pensado casarse o si lo tienen pensado que lo hagan pronto no vaya a ser que nuestro progresista gobierno lo prohíba tras una aparición de la Virgen del Rocio. ¿Cuánto tardarán en retirar los condones de las farmacias y poner máquinas expendedoras de rosarios? La política no está al servicio del pueblo si no de la Iglesia.

Entro en casa, recaliento los macarrones que han sobrado al mediodía, enciendo la televisión y me dispongo a ver Cuéntame. Una serie de culto para cualquier amante de las series futuristas y de ciencia ficción.

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