«Si el sueño finge muros.»

Y en realidad, a él le gustaba pasar las mañanas desnudo. Traspasar las puertas de lo ordinario, y abrir la ventana de la cocina, el grifo y llenar un vaso de agua. Que le cayera una gota al busto del pecho y se estremecieran sus vellos, todos ellos, para calmarse luego. Tumbarse en la cama, siempre después de haberla hecho, y sentir el orden bajo él. Le gustaba cerrar desnudo la Biblia, con la que siempre se iba a dormir. Desnudo la casa recorría, desnudándola de la noche, de la incertidumbre y de la maldad (“Hasta mañana, si Dios quiere…”). Esta despertaba a la luz de sus extremidades ligeras y de su sexo trémulo. Ya hacía años que no sentía aquella firmeza que derrumbaba muros, que lo sacaba del sueño y que le exigía que le devolviera a la naturaleza lo que era suyo. Que regresara parte del placer de vivir. La naturaleza le exigía, le voceaba al oído la verdad de los hombres. Pero como los hombres insatisfechos, él quiso preguntarle por qué a la naturaleza, pero fue desnudo y con ternura. Esta, orgullosa y selectiva como era, quiso reírse de él. Y casi de un susurro, lentamente, la naturaleza dijo: Dios.

Nunca quiso que nadie supiera que las mañanas las pasaba desnudo y avivando el fuego, porque en verdad hacía frío. Porque hacía frío y estaba desnudo, pero era la mañana. Y el frío de la mañana es aceptado. Él avivaba el fuego para la tarde. En la tarde no debía notarse el frío.

Nunca nadie supo que él las mañanas las pasaba desnudo. Pero es que él no quería que nadie lo supiera. Quizá fuera también la naturaleza (después de haberse disfrazado de Dios) la que le inculcara aquello tan hondo. Nadie debía de saber nunca de su desnudo.

Pero la naturaleza lo sabía, y sacaba una sonrisa de medio lado, burlona. Pero la naturaleza nunca lo revelaría, porque se había disfrazado de Dios, y Dios perdona…

Y cuando estaba tumbado sobre el orden de la cama recién hecha, golpearon la puerta, una vez. Y se tuvo que vestir; aquella mañana la naturaleza se cansó de bustos, de sexos trémulos y de su propio dictado. Las cosas habían cambiado.

 

PD: “Pon tu mano en la mano de aquel que te da la mano.”

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s