Y mi madre me decía

(Viene del capítulo anterior)

-Hace tanto tiempo que no salimos por aquí que creo que se han olvidado de nosotros

-¡SILENCIO! AAACCIÓN

-Creía que esto era una sitcom, ahora habrá que darse de hostias.

XIV

El quinto planeta visitado por el principito había llamado con una luz intermitente su atención. Esperaba al llegar a él un majestuoso faro, y sin embargo se encontró un planeta pequeño, con sólo una farola con su correspondiente farolero. Éste señor tenías unas ojeras considerables, parecía no haber dormido en décadas y que necesitaría colocarse unas vigas para mantener abierto sus ojos, al más puro estilo Tex Avery. Su aliento destilaba cafeína y la impresión del principito fue corroborada.

Farolero

-Hola señor. ¿Los faroleros no tendrían que lucir el bigote presupuesto para los profesionales de tan antiguo oficio? – el principito no era tan mayor como para conocer ese vocabulario añejo, pero el visionado de las miles de series de época que han proliferado últimamente como piojos en una guardería le permitió tener cierto bagaje en estas lides.

-Buenos días, jovenzuelo. ¿Qué hace que no está trabajando? ¿Acaso le ha afectado el paro infantil? Le recomiendo en ese caso que emigre. A las Américas, quizá haya una plantación en la que su joven espalda sirva para algo.

-Señor, le lamento comunicar que el trabajo infantil fue abolido.

-¿De carreras? No sé de qué me habla. Buenas noches – y apagó la farola encendida apenas un minuto antes.

-¿A qué se debe tal indecisión en si mantener la farola apagada o encendida? ¿Acaso no sabe que se fundirá la bombilla prematuramente si continúa con semejante conducta?

-Buenos días. – dijo encendiendo la bombilla – Es la consigna.

-No necesito guardar nada. ¿De qué consigna habla?

-Buenas noches. Hablo de la consigna de apagar y encender la farola de este planeta cuando cayera la noche o se alzara el día. Buenos ídems, por cierto.

-¿No desfallece usted por el cansancio?

-No he fallecido aún así que no puedo deshacerlo. Lo intentaré cuando llegue el momento. Buenas noches. Yo en realidad quisiera dormir, pero me contrataron para que mantuviera o mantuviese esta farola siempre operativa, ya ve, ocupadísimo me hallo. Me despedirían si no lo hiciera

-¿Le habían pedido antes? La reforma laboral está destrozando el trabajo y también el descanso.

-Cuando empecé el planeta giraba mucho más lento y tan sólo tenía que ocuparme de la farola dos veces al día.

-¿Y ahora?

-También. Buenos días. Pero con jornadas mucho más cortas. Me faltan horas. O minutos, incluso.

-Desde luego antes trabajaba por debajo de sus posibilidades.

-También hubiera podido trabajar menos. Hay todo un mundo de posibilidades. Buenas noches. Lo malo es que este mundo es muy pequeño.

Siguieron hablando sin decir nada hasta que el principito, harto de pasar tantos días instantáneos en aquel lugar, decidió en un arrebato de locura (al de “Llenita la nevera” en un manicomio, por fin) acabar con el sufrimiento de ese hombre a cambio de convertirse en un dios, jugar con las leyes de la naturaleza. El principito se subió encima de la farola y le implantó una sombrilla en todo lo alto, sumiendo al planeta en una noche profunda que permitiría al farolero dormir al fin. Se preguntarán de dónde había salido la sombrilla. Pues de la tienda de los chinos que había en ese planeta, que parece que hay que explicarlo todo.

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