ANTIHÉROES. Cap II: Conocerás mi nombre

Como cada día ya lleva desde las ocho despierto y se encuentra sentado en la parte de atrás del autobús, le gusta sentir el calor y la vibración del motor contra su espalda. Coge el libro de Zafón de su mochila y se deja llevar por esa prosa tan asesina como conquistadora.

Llega a su puesto de trabajo en una de esas cafeterías que su mayor servicio a la comunidad es el de señalar el nivel económico de ésta.

 – Buenos días Marcos, menuda cara de dormido traes. En cambio yo, mírame, de empalmada y más fresca que una lechuga.

– Desde luego, esa nueva sombra de ojos color morado ojera te da un toque revitalizador.

– Joder, que perspicaz te has levantado hoy, mira que eres de poco hablar pero cualquier día te vas a morder la lengua y te vas a envenenar.

Yolanda es la nueva camarera escotada desde hace dos meses, divertida y bastante fiestera, ha llegado a la ciudad hace un año y no habla nunca de su familia, Marcos tampoco le ha preguntado, no es que lo haya evitado, simplemente él no se mete en esas cosas, de hecho no se mete en nada.

– Pues anoche estuvimos en el botellón, menudo pedal me cogí, creo que ese vodka negro era del malo. ¿Y tú qué? ¿alguna novedad en esa habitación en la que vives?

– Pues no, sin novedad en el frente, la monotonía sigue cumpliendo su misión.

– Vaya, vaya, a ti te tengo que presentar a una de mis amigas que ya verás como te quita todas esas manías de ermitaño que tienes. Mmm… – lo observa con aire pensativo mientras juguetea con el piercing de su labio-. Creo que Saray te gustaría, es muy mona y sobre todo muy simpática, además lleva cuatro meses soltera seguro que le gustará conocerte.

– Sí, siempre me ha gustado aprovecharme de la desesperación. En serio, no te esfuerces, si yo soy muy ra…

– Nada, nada, ahora mismo le mando un Whatsapp y quedáis.

– Que no, Yolanda, que soy muy vergonzoso y adem…

– No hay nada más que hablar, habéis quedado a las nueve en el McDonal’s del ayuntamiento, no tienes nada mejor que hacer, eso no me lo vas a negar.

– Pero si es que… – nunca ha sido una persona muy combativa con lo que él mismo sabe que al final va a acabar cediendo –. De acuerdo, pero no va a salir bien.

– Vah, no seas negativo hombre.

A las siete tras ordenar y limpiar la cafetería se dirige a su apartamento, toma una ducha rápida y se pone la camiseta que a su juicio le resulta más socialmente aceptada, aunque no es de esos que se fijan en las modas. Se coloca bien el pelo e incluso se echa un poco de aquella colonia que su madre le regaló por reyes y que está casi sin estrenar.

Quince minutos antes de las nueve llega a la puerta del burguer. Odia esperar, él siempre es puntual y no logra comprender cómo las personas pueden ser tan descuidadas. Tras veinte minutos de suplicio una chica bajita y rubia se le acerca con cara interrogante.

 – Tú debes de ser Marcos, perdona el retraso pero es que he perdido el autobús. ¿Llevas mucho esperando?

– No, tranquila, acabo de llegar yo también.

– Bueno ¿entramos? Tengo un hambre que me muero.

Los dos entran y Marcos paga lo de ambos, espera que aún se sigan llevando esas muestras de caballerosidad.

– ¿Y a qué te dedicas? Yo trabajo en una tienda de ropa de dependienta pero es un trabajo con mucha responsabilidad.

– Pues tengo un trabajo muy poco emocionante, soy camarero.

– Mmm, ¿y qué te gusta hacer? ¿bailas bien?

– ¿Yo? No, nunca he bailado, no me gustan las fiestas, yo soy más de jugar a la consola y ver películas.

– Vaya, pues no veo yo que encajemos mucho, eh. Es una pena, eres mono, pero es que eres muy soso para mí.

– Si ya se lo dije a Yolanda que esto no tenía sentido, mejor me voy, gracias por tu tiempo, un placer.

Son las doce de la noche, la decepción se ha instalado en su paladar pero ya acostumbrado a su sabor se limita a tragársela. No sabe cuántas chicas lo han rechazado a estas alturas, algunas con evasivas y otras con palabras que eran como un garrote vil. Decide ir andando hasta casa, es un paseo de dos horas pero lo peor que le puede pasar es que lo maten de una puñalada.

Al cabo de un rato caminando ve una silueta sentada en un portal, otra sombra solitaria como él. A medida que se acerca empieza a ver que se trata de una chica joven, está llorando y temblando. Como siempre Marcos carga la acción por defecto de su cerebro y sigue andando como si no existiera. Pero a dos metros de la chica un hondo suspiro de ésta le obliga a pararse y volverse.

sentadaAcera

 – Emm… Hola, ¿estás bien?

– Claro, lloro de felicidad, no te jode.

– Bueno me voy, no quería molestarte.

– No, quédate – ella lo agarra por el brazo y descubre su rostro. Marcos siente cómo su corazón le da un vuelco: unos ojos azules como zafiros, una cara tan delicada como la de un ángel, la perfección-. Perdona que haya sido tan borde, no he tenido un buen día.

En ese momento Marcos se percata del moratón en el pómulo derecho, pero decide no preguntar nada.

– ¿Cómo te llamas?

– ¿Acaso eso importa? ¿Por qué tengo un nombre? Supongo que cada persona tienen un nombre por algún motivo: reconocimiento, apoyo o para poder pedirle favores. En mi caso mi nombre cumple una función esclavista, haciéndole más fácil a todos tratarme como una mierda.

– De acuerdo, yo soy Marcos. ¿Quieres un pañuelo?

Se lo da y mientras ella se seca las lágrimas que perlan su rostro, igual que el rocío adorna una orquídea, una cabeza sale de una de las ventanas del bloque.

– ¡¿Qué haces ahí abajo maldita furcia?! ¡¿quién es es ese?! ¡¿uno de tus clientes?! ¡Sube a casa ahora mismo!

– ¡Te he dicho mil veces que soy bailarina no prostituta maldito gilipollas! ¡Quizás si no tuviera un padre alcohólico y ludópata podría dejar este trabajo de mierda y estudiar una carrera!

– ¡Una carrera! Jajaja, con lo tonta que eres, anda no me obligues a bajar…

– ¡Corramos! Llévame contigo, esta noche solo quiero escapar.

– Pero ¿dónde? Si no te conozco.

– A un sitio donde no sea una esclava, y allí conocerás mi nombre.

Y comienzan a correr calle abajo esquivando cubos de basura y charcos, corren y realmente son los dos los que tienen la sensación de dejar algo atrás. Una sonrisa se comienza a dibujar en sus labios, ajena a que en otro punto de la ciudad un plástico cubre un cadáver.

huyendoDescampado

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