ANTIHÉROES. Cap III: Sudor y lágrimas son igual de salados

Mientras que Marcos prepara el sofá para él y le da a la chica, cuyo nombre le es aún desconocido, unas sábanas limpias, el comisario Garcés llega a la nueva escena del crimen.

– Buenas noches comisario, creemos que se trata del mismo asesino o asesinos que en los casos anteriores, el modus operandi es igual: sadismo y mensajes amenazadores.

– Bien, pero supongo que aún no tenemos nada en claro. ¿verdad Martín?

– No, señor. No hemos encontrado nada. Aunque las acciones cometidas son las de un demente parece el trabajo de un frío profesional, ni huellas ni pelos, todo está limpio.

– Espero que hayáis buscado hasta en la última loseta de este almacén con más humedades que objetos almacenados.

– Sí, señor. Precisamente también eso va mal, el almacén estaba abandonado, no tiene ningún dueño con él a su nombre, con lo cual tampoco tenemos una línea de investigación por ahí.

– Bueno, y esta vez ¿qué ha sido? Me tomo esto como un espectáculo. El cine está muy caro, ¿crees que me podrían regañar los de arriba por traer palomitas para la próxima vez?

– No lo sé señor. En esta ocasión la víctima ha muerto por asfixia o inanición, cuando se realice la autopsia lo sabremos con seguridad. El cuerpo está totalmente cubierto de cera, todo invita a pensar que aún estaba viva cuando lo hicieron.

– Vaya Martín, aún tengo que cenar, ¿puedo encenderla y tener una cenita romántica a la luz de las velas?

– Señor no me siento cómodo escu…

– Pues te jodes, maldito remilgado. Soy de los mejores comisarios del cuerpo, yo trabajo así y si alguien sabe hacer mejor mi trabajo que venga y me sustituya.

– De acuerdo señor, venga conmigo, le enseñaré el mensaje.

Garcés puede leer perfectamente escrito en la pared un mensaje escrito con letras blancas que resaltan contra el gris de la pintura que cubre los ladrillos del almacén, se trata de una especie de graffiti, algo que no se hace con prisas sino con una meticulosidad cuidada.

Os moldearemos como si fueseis de cera.
Os moldearemos como si fueseis de cera.

– ¡Me cago en la madre que los parió! Quiero a esa identificada para esta tarde. ¡¿Estamos?!

– Sí comisario.

Dos horas después en el laboratorio forense Garcés está tirando las colillas en una de esas bandejas metálicas. Delante tiene el cadáver con toda la cera retirada, descubriendo a una joven bastante atractiva.

– Juan te he dicho miles de veces que no puedes fumar aquí.

– Vaya Margarita, ¿y eso por qué? ¿es que se te quejan los fumadores pasivos? Jajaja. ¿Qué tienes para mí?

– La muerte fue por asfixia, la víctima no presenta signos de lucha lo que implica que, o bien conocía a su agresor o que la pillaron por sorpresa. Estaba viva cuando la cubrieron de cera. En cuanto a la identificación nos lo han puesto bastante fácil, tenía la cartera con el DNI en el bolsillo, no parece que tenga mucho interés por ocultar a quién mata.

– No, desde luego, creo que a ellos solo les importa transmitir su esquizofrénico mensaje con las muertes.

– ¿Ellos?

– Sí, sigo pensando en que esto es obra de algún tipo de organización. Además en los mensajes siempre hablan en plural. Dame la cartera que voy a contactar con algún familiar o conocido que pueda decirme algo más de la víctima.

– Toma. Por cierto, deberías fumar menos, esa ronquera no es normal.

– Tú ocúpate de estudiarme cuando me muera que es lo tuyo.

– Tan simpático como siempre…

La búsqueda de familiares resulta infructuosa, y no es que la chica no los tenga, simplemente ninguno está demasiado interesado en ella. Es como si fuera solamente una parte de su pasado que quieren dejar que el desgaste del tiempo la acabe borrando. Pero sí que encuentra un cheque a cargo de la que posiblemente sea la empresa en la que trabaja, es una suerte que sea final de mes.

– Cafetería La despedida, dígame.

– Hola, soy el comisario Garcés, ¿con quién hablo?

– Marcos Armas, ¿en qué puedo ayudarle?

– ¿Es el dueño del local?

– No, mi jefe no suele venir por la tarde. Pero puede darme el recado.

– Verá, es que tenemos aquí el cadáver de una mujer joven con un cheque a cargo de esta empresa y queríamos saber si podrían venir a comisaría para hacerles algunas preguntas.

– Sss… Sí. ¡Dios mío Yolanda! Ahora mismo voy agente.

– Aquí le espero, procure no tardar.

Media hora más tarde Marcos llega a la comisaría, aún aturdido por la noticia y sudando puesto que ha venido corriendo desde la parada del bus. No sabe qué cantidad de la sal que prueba con la lengua es del sudor y cuál de las lágrimas que, desertoras, han escapado de sus ojos sin darse cuenta.

Pesadamente sube las escaleras de la entrada intentado recuperar el aliento y la compostura y se dirige al mostrador de información donde le indican el despacho al que debe dirigirse.

– Buenas tardes.

– Hola señor Armas, tome asiento.

El comisario impone respeto pese a estar sentado, su envergadura le hace pensar a Marcos que podría partirlo en dos como a una rama seca. Aún así intenta aparentar normalidad igual que con los matones del instituto, él siempre ha sospechado que eran capaces de oler el miedo.

– Le he traído aquí porque ningún familiar de la víctima a querido hacerse cargo de su muerte, aunque sí han pagado los trámites del entierro. ¿Desde cuándo conoce a Yolanda Ramos?

– Desde hace seis meses, cuando entró a trabajar en la cafetería.

– ¿Diría que su relación era algo más que una relación de trabajo?

– Bueno… Nunca la he visto en otro sitio que no sea en el trabajo, pero sí que hablábamos amistosamente. Incluso ayer me organizó una cita con una amiga suya… No salió bien, jaja… Disculpe estoy nervioso – Marcos agarra sus pantalones con fuerza intentando que no le tiemblen las manos-.

– ¿Nervioso? ¿acaso la mató usted? ¿Estaba enamorado de ella y en un ataque pasional la asesinó?

– No, ¡por favor! Yo nunca sería capaz de hacer tal cosa.

– ¿Y dónde estuvo ayer por la noche? – el comisario suelta una bocanada de humo que lentamente golpea los ojos ya enrojecidos de Marcos-.

– Ya se lo he dicho, con una amiga suya en el McDonal’s cerca del ayuntamiento.

– ¿Me podría facilitar el número de esa mujer para que lo pueda confirmar?

– No lo tengo. Pero supongo que lo podrá encontrar en el móvil de Yolanda. La chica se llama Saray. Además, mire, aquí tengo el ticket del burguer, en el puede ver la fecha y la hora a la que estuve allí.

– Eso no justifica mucho. ¿Sabe si tenía algún problema con alguien? ¿Drogas o deudas quizás?

– No, no suelo inmiscuirme demasiado en las vidas ajenas.

– Vaya, debe de ser de los pocos que en la era de la información no echa un ojo en el cesto de la ropa sucia de los demás. Pues por ahora no tengo más preguntas. Puede irse, pero procure estar localizable, le sigo teniendo en el punto de mira.

– Le he dicho que yo no…

– Adiós. Cierre al salir que se escapa el gato.

Con el estómago revuelto tras saberse sospechoso de un asesinato, Marcos coge el bus para regresar a su piso donde no sabe si lo espera una completa desconocida de la que sólo conoce su belleza, su olor y sus gritos y sollozos entre pesadillas.

trsite

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