ANTIHÉROES. Cap IV: ¿El agua lo borra todo?

Lentamente la sangre va invadiendo su cara y dándole un color normal, le parece increíble que tras veintidós años de pasar desapercibido por el mundo, justo cuando empieza a interesarle a alguien que no sea su madre es a un policía prepotente que lo acusa de asesinato. Sube las escaleras hasta el segundo piso y tras dos intentos encaja la llave en la cerradura y entra en su casa, y como un perro que espera a su dueño el olor de la cena le golpea en la nariz, no recuerda cuándo fue la última vez que cocinó algo merecedor de activar su olfato y sus glándulas salivales.

– Hola, espero que vengas con hambre- la chica misteriosa lo mira con unos ojos achinados apretados por una sonrisa que sólo tiene el que ha descubierto qué es ser feliz.

– Pues sí, además eso huele genial, voy a poner la mesa.

– Ya está puesta, tú dúchate, es mi manera de agradecerte que me hayas acogido, no tenía otro sitio a donde ir.

– No tenías que haberte molestado.

Tras una larga ducha, en la que le ha dado tiempo a pensar en todo lo ocurrido esta tarde y a mezclar algunas lágrimas con el agua que baja por su cuerpo, Marcos se viste en lugar de ponerse el pijama ya que no quiere parecer maleducado.

– Vaya, pasta, mi comida favorita.

– Son raviolis al pesto con champiñones, espero que te gusten. ¿Qué tal el día?

– Bien, como otro cualquiera-miente deliberadamente-. ¿Y tú qué tal? ¿Estás mejor?

– Sí… Anoche estaba hecha mierda, ya no aguantaba más, no es que me hayan machacado de un golpe si no que poco a poco con una lima me han convertido en polvo. No te imaginas lo que era vivir en mi casa, con un padre que estaba borracho día sí y día también, y al que de vez en cuando se le escapa la mano. Además, al contrario que otras personas yo no puedo refugiarme en el trabajo, voy allí, me pongo una ropa que intentan resultar sensual y me subo a la barra a bailar para cuatro babosos que al acabar la función pretenden seguir con el espectáculo en privado. Con lo cual acabo duchándome durante una hora, como si cada gota se llevara un poco de la mierda invisible que tengo encima.

– Debe de ser duro, tranquila, puedes quedarte aquí cuanto necesites, a mí tampoco me hará daño un poco de compañía supongo…

– Gracias.

– La verdad es que hoy no ha sido un día como otro cualquiera, mi compañera de trabajo ha sido asesinada, no es que nuestra relación fuese muy estrecha pero le había cogido cierto cariño. Además para colmo soy sospechoso… Espero que eso no te incomode. Te juro que yo no he hecho nada.

– Yo también lo creo, confío en ti, hay algo en tus ojos que me hace pensar que eres una buena persona, aunque siempre pareces triste.

– Bueno, nunca he sido la alegría de la huerta, me gusta la soledad así que supongo que no soy un experto en relaciones sociales.

– Sabes escuchar, eso es algo que casi nadie puede hacer.

– Gracias. Por cierto estos raviolis están…

– Rocío.

– ¿Qué?

– Mi nombre, me llamo Rocío, te dije que te lo diría en las circunstancias adecuadas y no se me ocurre otro momento que este: en que me siento como el ave fénix, creo que esto es un nuevo comienzo para mí, mañana mismo saldré a buscar trabajo, no quiero estar aquí de prestado.

– Como quieras.

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Tras recoger la mesa y fregar juntos, Marcos se sienta en el sofá a la búsqueda de algo en la televisión que le permita quedarse atontado.

– Vamos a dar un paseo.

– No, es tar…

– ¡Venga hombre! Hace una noche estupenda, pasear es bueno para despejar la mente y ordenar las ideas… Lo malo es cuando te ves obligada a pasear todos lo días.

Durante dos horas deambulan por la ciudad sin rumbo fijo, parece que ninguno de los dos quiere romper el silencio que camina a su lado, y no es que se sientan incómodos juntos, al contrario: Marcos la ve perfecta casi salida de algún relato épico y caminando a su lado se siente un hombre poderoso y de éxito, como aquellos galanes de telenovela que se quedan con la chica guapa. Ella a su lado se siente segura, sabe que nunca le hará daño, es la boya que encuentra el náufrago y quiere aferrarse a ella hasta clavarle las uñas.

Sin embargo caminan en silencio, lo disfrutan y paladean en su cuerpo, es el bálsamo que los calma, un mantra mudo que los lleva a un estado de prudente inconsciencia, no vaya a ser que se choquen contra una farola.

Tras doblar una esquina ven un pequeño parque iluminado sólo por las luces de una fuente en la que dos regordetes angelitos orinan sin parar, es increíble cómo algo tan burdo queda bonito tallado en la piedra, quizá por eso el ser humano se arranca su corazón y se hace uno de frío y duro mármol, porque todo parece inofensivo de ese modo.

– Vamos a sentarnos aquí un rato a recuperar el aliento.

– Sí mejor, yo no estoy acostumbrado a andar tanto tiempo, mañana voy a tener agujetas.

– Jajaja, qué exagerado-le dice mientras le da un golpe en el hombro-.

– Ya te lo diré mañana… Si ya lo decía Machado: “se hace camino al andar”, yo estoy como si hubiese puesto cada una de las losetas por las que hemos pasado.

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Aunque están manteniendo una charla relajada los dos están algo tensos y alerta, dos bancos más allá del suyo un hombre duerme tapado por unos cartones, aunque parece que está completamente dormido no pueden evitar estar algo incómodos.

– Y dime, ¿quién crees que mató a tu amiga?

– No lo sé, que yo sepa Yolanda no tenía problemas con nadie. Además no la vi nerviosa ni nada extraño, de hecho estaba muy alegre la última vez que hablé con ella.

– Fue Reset, esos malnacidos han vuelto a entrar en escena- dice una voz ronca con un acento extraño.

Marcos y Rocío no pueden evitar dar un respingo ante aquel sonido salido del averno, y automáticamente se ponen en pie, con más valentía que la que en realidad posee, Marcos se coloca delante de ella intentando parecer todo lo protector que es capaz.

– Tranquilos amigos, no voy a haceros nada. Estoy de vuestro lado. Santiago Vuó para servirles en lo mejor que pueda. Me podéis llamar Búho.

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