MÛNSK, parte III

La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuantas cosas se escapan a nuestro control (Match Point, Woody Allen).

Olsen abrió los ojos. Ya no estaba en la nave. Se encontraba tumbado sobre una camilla de sábanas blancas y suaves. Miró a su alrededor. Estaba en una sala rectangular. Parecía un hospital. A su izquierda se prolongaba una hilera de camillas en las que observó a algunos de sus compañeros: Neal, la capitana Swan, Marlène,…

Intentó ponerse de pie y casi instantáneamente apareció una mujer. Era ella, la mujer rubia de ojos azules. Pensaba que la había soñado, pero no, allí estaba.

–          Con cuidado –dijo ella-, ha sufrido un gran desgaste en su viaje a través del agujero negro.

Se acercó para ayudarle. Justo en ese momento, toda la avalancha de preguntas que habían inundado su mente la primera vez que despertó reaparecieron. ¿Cómo era posible que hubiera humanos allí, a 500 años luz de la Tierra? Olsen siempre había estado convencido del carácter azaroso de la vida. El ser humano había aparecido por casualidad, porque en el momento y lugar precisos, unas moléculas se unieron y evolucionaron a lo largo de miles de años para ir formando seres vivos multicelulares de mayor tamaño. Cualquier cambio en ese desarrollo podría haber provocado que el ser humano no existiese nunca. Quizás habrían evolucionado hasta alcanzar otras formas. ¿Qué habría pasado si aquél primer pez que salió del agua e intentó adaptarse a la vida en la tierra se lo hubiera pensado un poco más? ¿Qué hubiera ocurrido si nunca se hubieran extinguido los dinosaurios? ¿Qué si aquél primer primate que intentara andar erguido hubiera sido cazado por un depredador, o si se hubiera caído de un árbol con fatales consecuencias?

Deberían haberse repetido demasiadas casualidades. No era imposible, pero prácticamente. Se preguntó si serían pseudohumanos. Quizás eran de apariencia similar pero con distinta composición interna. Quizás se reproducían de otra forma. Quizás tenían tres tetas…

La cabeza de Olsen ardía y sintió que se mareaba de nuevo. La mujer le sujetó para evitar que cayera al suelo y como si fuera capaz de leer sus pensamientos le dijo:

–          No te preocupes. Ahora lo entenderás todo. Hemos analizado el diario de a bordo de vuestra nave y ahora que sabemos vuestra historia, creo que podremos explicaros cómo se ha producido este encuentro fortuito.

Olsen fue dirigido a una sala amplia, con cómodos asientos y una gran mesa central. Una de las paredes estaba cubierta por una cristalera que permitía la vista del exterior. Lo que pudo ver le recordó enormemente a los antiguos documentales que veía en su infancia sobre bosques verdes y frondosos de las montañas del centro de Europa. Nunca había visto tantos árboles juntos. En la calle en la que vivía de pequeño no había más de 20, plantados por el hombre y perfectamente equidistantes.

En el lado derecho, un río se abría paso entre el frondoso bosque y desembocaba en un gran lago de agua cristalina, cuya superficie actuaba como un perfecto espejo que reflejaba los montes nevados del horizonte.

La mujer le pidió que esperara y así lo hizo. Durante la siguiente hora, sus compañeros fueron apareciendo uno por uno. Cada encuentro era un momento de dicha y alegría. Habían llegado, estaban vivos, pero aún les inundaba un sentimiento de desconcierto y duda. Necesitaban una explicación.

Diez minutos después de que apareciera el último de ellos, la mujer rubia de ojos azules entró acompañada de un hombre alto, serio y de apariencia joven a pesar de tener el pelo inundado de canas. Se presentaron como la doctora Sarah Kudrow y el capitán Phillipe Maglov. Comenzó a hablar éste último:

–          Bienvenidos señoras y señores. No saben la alegría y la sorpresa que nos llevamos al detectar vuestra nave – dijo mostrando una amplia sonrisa-. Después de que salierais del agujero negro de Karmstak, os dirigisteis lentamente y casi sin combustible hasta la órbita de Mûnsk, dónde fuisteis detectados y asistidos una vez que comprobamos que no existía peligro alguno. Consultamos vuestras computadoras centrales y estudiamos vuestro historial. Según dicho historial, salisteis de la Tierra en el año 2340 con la misión de atravesar el agujero negro de Karmstak, donde se estipulaba sobre la existencia de un atajo, un agujero de gusano hasta este sistema planetario. Pues bien, prepárense para lo que van a oír: el agujero resultó ser todo lo contrario de lo esperado. Lo que para vosotros fueron dos días de viaje a través del mismo, han sido 600 años para nosotros. Estamos en el año 2952.

Todos guardaron silencio. Nadie sabía qué decir. Estaban asimilando lo que acababan de oír. El capitán Phillipe se adelantó a las preguntas de todos y volvió a hablar.

–          Déjenme que termine la historia y luego podrán hacernos las preguntas que  quieran. Bien, como les decía, en su historial también aparecía la autorización del gobierno de la antigua Europa para realizar vuestra misión en secreto. Pocos sabían de la existencia de este planeta, llamado entonces en Europa “Lamp”, y pocos sabían de vuestras intenciones. Honorables, por supuesto.

<<Diez años después de vuestra marcha, estalló una guerra nuclear. Los que pudieron, se dirigieron hacia la base científica de Marte, huyendo de la guerra y de un planeta destruido. Se organizaron numerosos grupos de recogida y casi 30.000 personas fueron rescatadas y conducidas al planeta rojo, dónde un visionario, llamado Edward Mûnsk, había iniciado el desarrollo de una nave gigantesca: “Exile”, con la intención de llevarse de allí al mayor número de humanos posibles. Finalmente, un año después, y ante la amenaza de algunos gobiernos militares de la Tierra, la nave se vio obligada a partir para alejarse del horror. Embarcaron 20.200 personas. Todas, salvo cuarenta, fueron criogenizadas, a la espera de encontrar un mundo donde iniciar una nueva vida. Los 40 que no fueron congelados, llamados Seekers, se encargarían de pilotar a Exile y de viajar a través del espacio. A lo largo de cientos de años, después de recorrer planetas en busca de minerales para combustible y alimento, y tras varias generaciones de Seekers, encontramos un planeta que no sólo nos aportaría beneficios para la nave, sino que además permitiría el asentamiento de nuestra raza. Lo llamamos Mûnsk, en honor al creador de Exile. Después de dos años, el 33% de los humanos han sido restituidos, es decir, devueltos a la vida, organizados y adaptados a las nuevas tareas en nuestro nuevo planeta>>.

<<Hace diez días detectamos vuestra presencia en la órbita de Mûnsk y fuimos a por vosotros. Ahora estáis donde queríais estar, sólo que al final, os retrasasteis un poco>>.

–          Disculpe –inició la capitana Swan una vez que Phillipe hubo terminado su discurso-, ¿existe alguna lista dónde podamos comprobar si alguno de nuestros conocidos o familiares consiguió escapar?

–          Por supuesto –intervino la doctora Kudrow-, enseguida os conduciremos al registro.

 

El momento del registro fue una mezcla de sonrisas y lágrimas. Por turnos, fueron introduciendo nombres de familiares y amigos en la computadora. Sólo algunos encontraron a algún pariente cercano o a algún conocido, a pesar de las bajas probabilidades. De los 12 mil millones de habitantes de la Tierra, sólo habían sobrevivido 20.000. ¿Qué probabilidades había?

Cuando le llegó el turno a Olsen, primero introdujo el nombre de sus padres, pero no obtuvo resultado. El de sus hermanos, el de sus compañeros de academia, de la universidad, amigos, el camarero de su pub favorito… nada.

Desde el principio un nombre rondaba su mente. Deseaba introducirlo pero a la vez tenía un miedo enorme de ver de nuevo en la pantalla el mensaje de “ABSENT” (ausente). Finalmente se dio cuenta de que no merecía la pena esperar más. Tenía que afrontarlo.

Pulsó la primera letra: A, a continuación la siguiente: N, seguida de las dos últimas:N y E.

ANNE

Se quedó mirando ese nombre durante varios segundos. Estaba convencido de que no encontraría nada. Se convenció de que era imposible que Anne hubiera conseguido salir del país para montarse en una de los transportes hacia Marte. Y si lo había conseguido, quizás habría formado parte de algún grupo de Seekers de los últimos 600 años. Probablemente habría muerto tiempo atrás.

Casi sin pensarlo terminó de escribir: Granger. Pulsó enter y comenzó la búsqueda.

Parecía tardar más de lo normal. El símbolo de carga daba vueltas y vueltas sin mostrar resultado alguno.

–          Vaya, parece que ha fallado el sistema – dijo la doctora Kudrow. Llamaré a algún técnico informático.

“Mierda”, pensó Olsen mientras quitaba la mirada de la pantalla. Comenzó a alejarse de allí.

–          ¡Olsen, espera! – Exclamó de repente la doctora-. Ha salido el resultado.

Olsen se acercó a la pantalla y su corazón se detuvo. Sintió un mareo y se tambaleó. Estuvo a punto de caer. Varios de sus compañeros acudieron a ayudarle. Olsen no lo podía creer. Los ojos se le inundaron de lágrimas.

 

En la pantalla se leía un mensaje en verde: “Alive and waiting for restitution…” (Viva y esperando restitución).

¿Continuará?…

3 comentarios sobre “MÛNSK, parte III

  1. ¡¡¡¡Vaya imaginación que tienes, hijo!!!! ya podrías dejar un poco para tu hermana…que estoy asustaica pensando que no sé si me inspiraré si quiera pa hacer la redacción del First!!!! jejeje
    Me encanta la historia, y me encanta el blog 😉

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