Keine Liebe


En los árboles secos, pocas hojas, corrompidas caen. En los arbustos, tierra polvorienta. A lo lejos, una vieja y pequeña casa de campo. En los ramajes del suelo, un cráneo de cabra se esconde. Caminando hacia la nada, una niña. A su encuentro, un espectro. Las hojas secas del suelo, crujen bajo los pies de ella. Su palidez deslumbra. Desde lo lejos, la sombra observa. Un clima frío. Guiando sus pasos va su mirada, clavada en el suelo. ¿Por qué alzar la cabeza? ¿Hay algo más allá que deba ser visto? Un cuerpo demasiado joven para estar cansado. Ojeras, pelo blanquecino, tez casi albina. Paisaje blanco, no nevado, resalta por su oscuridad. Un rastro de ausencias va dejando tras de sí, a paso lento. Un cuerpo intacto. El cráneo de cabra. Grandes piedras a extremos del camino, esparcidas. La mirada en el suelo, cansada. Una presencia, al fin alguien.

Una pincelada negra en el paisaje blanco, se acerca a ella. Pasiva, indiferente, mira aproximarse a la sombra. El espectro y la niña. El monstruo oscuro. Alguien de la nada. Dos alguien en la nada. No existe nada más allá de las arboledas y la casa de campo. Parece que puede llover. Las hojas del suelo ya no crujen bajo sus pies desnudos. Tampoco bajo los pies de esa sombra, pues no tiene. Tampoco se mueven. Contacto visual entre ambos. Una antítesis personificada: vida y muerte, cara a cara. Vida difusa. Muerte pura. Un cuerpo joven e intacto frente a lo incorpóreo. Aquello y ella. ¿Quién de los dos tiene la sonrisa?, ella no. ¿Y la seguridad?, ella no. ¿Y la presencia?, ella no. La sonrisa de aquella figura extraña: un mensaje de afecto desde el más allá. Una ligera inclinación de cabeza de cabello rubio, exigiendo explicaciones. Una mano humana que surge de la oscuridad del manto la toca en un hombro. Un cuerpo joven, ya ha sido tocado. Un leve suspiro, el cual deja escapar el calor de su pequeña boca a la humedad externa. Sentía correr la sangre en su mundo interno. Es atraída por esa mano hacia la figura oscura. Ella esboza una ínfima sonrisa.

La abraza, aquella figura sombría de manos de mujer. Una mano extremadamente fría, que transmite un calor muy pasional. Ella, mirando a la lejanía con la cara sobre el manto negro, opta por cerrar los ojos. La muerte la abraza. Pero, un abrazo al fin y al cabo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s