MÛNSK, parte IV

Tras un largo tiempo sin publicar nada, aquí llega la continuación de la historia de ciencia ficción con la que inicié mi andanza en este blog.

Como se trata de la cuarta parte, a continuación realizaré un breve resumen de las tres primeras y adjuntaré sus respectivos enlaces por si queréis releer todos los detalles de la historia o para que lo leáis por primera vez si no lo habéis hecho nunca.

¡Leed y comentad! Valoraré mucho vuestras opiniones. 

MÛNSK:  https://lacalistrera.wordpress.com/2014/05/11/munsk/

MÛNSK, parte II: https://lacalistrera.wordpress.com/2014/05/14/munsk-parte-ii/

MÛNSK, parte III: https://lacalistrera.wordpress.com/2014/05/19/munsk-parte-iii/

Resumen de las tres partes anteriores:

Debido a la decadencia del planeta tierra, la necesidad de buscar un lugar alternativo para la vida humana se hizo primordial. Con el objetivo de ahorrar tiempo y realizar el viaje lo más rápido posible, Olsen y sus compañeros iniciaron una misión secreta consistente en viajar a través de un agujero negro, el cual se postulaba que actuaría como agujero de gusano, hasta otro extremo de la galaxia, lugar donde se había detectado un planeta de condiciones similares a la Tierra. Su misión era de exploración y reconocimiento. Si la misión tenía éxito, el siguiente paso sería el de regresar a la Tierra e intentar llevar hasta el nuevo planeta a la población humana.

Tras dos días de viaje a través del agujero negro en unas condiciones que llevaron al límite los cuerpos y mentes de los tripulantes de la nave, consiguieron alcanzar el otro lado, pero para su sorpresa descubrieron que allí ya había humanos.

Lo que para la tripulación de Olsen habían sido dos años a través del agujero negro, resultaron ser más de 600 años terrestres.

En ese tiempo, los habitantes de la Tierra habían sufrido una guerra nuclear y finalmente un grupo de unas 20.000 personas había logrado huir a la base científica de Marte, donde el científico Edward Mûnsk había construido la gigantesca nave “Exile”. Dicha nave, con sectores de criogenización preparados para albergar a los humanos en espera de alcanzar algún día un lugar apropiado para vivir, surcó el espacio durante 600 años dirigida por una tripulación mínima de 40 personas que fue renovándose a lo largo de los siglos.

Finalmente, hallaron un planeta, al que llamaron MÛNSK, cerca de la salida del agujero negro de Karmstak, lugar en el que aparecerían dos años después Olsen y sus compañeros.

Una vez que la nave llegó a MÛNSK, se decidió iniciar una descongelación progresiva de la población y una distribución sistemática de tareas y obligaciones.

Pero, cuando se dispusieron a descongelar al primer grupo de 20 personas, se produjo un fallo. Había una joven, Anne Granger, cuya descongelación sólo podía ser autorizada por una persona: Olsen Bergman. Ambos habían tenido una relación amorosa antes de que éste iniciase el viaje a través del agujero negro de Karmstak.

Anne se había arriesgado a la posibilidad de no ser despertada nunca. Porque ¿qué posibilidades había de que ambos volvieran a encontrarse? ¿Por qué había sido capaz de hacer algo así?

Cuando por fin Olsen llegó a Mûnsk, descubrió en una base de datos que Anne aún estaba viva y esperándole…

MÛNSK, parte IV

 Anne Granger abrió los ojos después de un profundo sueño. Era la primera noche que pasaba en la base científica de Marte a la espera de poder partir en la gigantesca nave Exile en busca de un nuevo mundo en el que vivir. Al fin había dejado atrás el horror de una vida sometida al poder y la corrupción en un mundo que se caía a pedazos.

Un recuerdo de la azul y verde Tierra de su infancia se coló entre sus pensamientos, pero intentó alejarlo. No había marcha atrás. El viejo planeta que los vio nacer había sido destruido antes de tiempo. Se suponía que algún día llegaría el fin del mundo, pero cuando el Sol hubiera crecido tanto como para hacer imposible la vida humana, no antes y a causa de unos desgraciados que sólo buscaron el beneficio propio sin pensar qué mundo iban a dejar a sus hijos y a los hijos de estos. La guerra nuclear sólo había ayudado a acelerar un proceso iniciado tiempo atrás de manera irrevocable.

Se sentó en el borde de la cama y posó los pies en el frío suelo.  La cama que le habían asignado se encontraba en una habitación rodeada de otras tantas. Estaban hacinados como ratas, pero vivos.

Todos dormían salvo ella. Quizás el tener que escapar de la guerra, el esconderse, y la obligación de estar siempre alerta habían hecho que se acostumbrara a dormir poco. Además, no había podido dormir más de la cuenta teniendo que cuidar de sus niños. ¿A cuántos de ellos había sacado de las calles y llevado hasta los puntos de recogida de las lanzaderas a Marte? Había perdido la cuenta, pero mantuvo su misión con una tenacidad admirable hasta el final, hasta el momento en el que volar hacia Marte se convirtió en cuestión de vida o muerte.

Anne salió en silencio de la habitación y comenzó a recorrer los pasillos en busca del señor Mûnsk, al que debía hacer llegar una petición.

Al llegar a su despacho observó que la luz estaba encendida, lo que significaba que aún no se había ido a dormir, o que había madrugado tanto como ella. Dio un par de golpecitos contra la puerta y ante la ausencia de respuesta abrió. Allí no había nadie. Entró y cerró la puerta. Era una pequeña habitación gobernada por un escritorio de gran tamaño colocado en el centro. Las paredes estaban llenas de estanterías repletas de libros y documentos. Sobre la mesa había unos planos algo desgastados de una nave espacial gigantesca. Anne cogió uno de los planos y lo miró de cerca. Contempló los detalles del dibujo y finalmente leyó en una de las esquinas del papel el nombre de la nave: “Exile”.

– Sabía que probablemente habría espías infiltrados, pero nunca imaginé que sería la Cigüeña… – le sorprendió una voz de repente-. ¿Para qué esforzarse en traer a tantos niños si después ibas a traicionarlos? ¿Qué te prometieron a cambio, Anne?

Anne observó al hombre que la miraba desde la puerta. No le había oído entrar. Dejó el plano sobre la mesa y adoptó una postura tranquila.

 – Edward, ¿no?

 – Correcto Anne – afirmó el recién llegado.

 – ¿Cómo sabe mi nombre? – preguntó curiosa.

 – ¿Anne o tu sobre nombre de Cigüeña? – Edward la miraba sarcástico-. Alguién me habló de ti. Pensaba que eras una santa y resultó que sólo era una máscara. ¿Lo de los niños era un plan para ganarte nuestra confianza? ¿Qué gobierno te contrató?

 – No soy una espía. Hubiera muerto antes de venderme a cualquiera de esos políticos sin corazón.

 – Probablemente es lo que diría cualquier espía – dijo Edward divertido. No parecía realmente preocupado.

 – Mire, señor Mûnsk – dijo Anne acercándose a él-, déjese de teorías conspiratorias. He venido a usted porque… -guardó silencio un momento mientras miraba al suelo-, porque me estoy muriendo. Apenas me quedarán un par de meses de vida.

Edward enmudeció. Miró a Anne y la vio más frágil que nunca.

 – ¿Y qué quiere que haga yo? – Preguntó.

 – Congelarme, como a todos, pero con una condición: que sólo pueda devolverme a la vida una persona: Olsen Bergman.

Edward no pudo disimular la sorpresa.

 – ¿Olsen? ¿El piloto de la misión del agujero negro de Karmstak?

Anne asintió.

 – Suponía que tendría cierta información sobre dicha misión.

 – Pero él… han pasado ya más de diez años y no han vuelto. Probablemente esté…

 – ¿Muerto? – Se adelantó Anne-. Lo sé, pero yo también moriré pronto. Si existe la más mínima posibilidad, quisiera volver a verle. Por última vez.

Continuará…

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Una respuesta a “MÛNSK, parte IV

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