ANTIHÉROES. Cap VII: El humo de un Pall Mall

(Capítulo anterior)

A Marcos lo despierta un olor a tostadas quemadas y el chisporroteo inconfundible de la radio mezclado con las palabras mañaneras de Carlos Herrera con esa inconfundible manera de relamer las palabras, de manosearlas y de quererlas como a cualquier hijo suyo, acompañada con esa falsa modestia del que se gusta demasiado. Busca a tientas las zapatillas, levanta la persiana espantando a un par de palomas y va hasta la cocina.

– Buenos días Búho.

– Buenos días, lo siento, estaba intentando preparar algunas tostadas para los dos pero no controlo esta tostadora y se me han quemado.

– No pasa nada, y no tenías que prepararme nada hombre. Además yo sólo tomo un zumo de naranja.

– Pues eso no está bien, hay que empezar el día con las pilas bien cargadas y más ahora con lo que nos espera.

– Es que no me levanto con hambre, ¿y Rocío?

– Ya se iba cuando me he levantado, me ha dicho que iba a buscar trabajo – dice mientras sintoniza otra emisora donde suena Loquillo y su Cadillac Solitario-.

– Pues yo hoy libro, ¿te apetece dar un paseo?

– No me vendría mal tomar el aire, a la vuelta recogeré mis cosas.

– No hace falta que te vayas, siempre y cuando no te resulte incómodo el sofá, Rocío se trajo un futón el otro día.

– Tranquilo, el sofá está bien. Muchas gracias, tener un techo al que volver es tranquilizador.

En otro punto de la ciudad, sentado en una silla con la misma cara que un niño delante de la puerta del director y tenso como la cuerda de un arco el comisario Garcés espera al director de asuntos internos.

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– Pase.

– Usted dirá.

– ¿Yo diré? Como si no supiera qué hace aquí. Sabemos todos sus chanchullos con ese traficante, los sobornos que recibía, no siempre con dinero. Es curioso como los lacayos del traficante vienen a buscar la protección de ser confidente cuando asesinan a su jefe. Desde luego Garcés lo suyo es de campeonato, tenemos datos como para empapelarlo hasta arriba. Sin embargo es cierto que ha sido un gran policía, al menos si nos ceñimos a los casos que ha resuelto. Así que hemos decidido que lo cesaremos de su cargo sin ningún otro tipo de repercusión, puede considerarse afortunado. ¿Algo que añadir?

– No. Gracias, supongo. Aunque os estáis cargando lo único que me importa en la vida…

– Bueno, eso tendría que haberlo pensado antes de castigarse el tabique en compañía de un narcotraficante. Así que ya sabe. En dos días le llegará la carta de despido de forma oficial. Espero que para ese día ya haya recogido sus cosas y entregado su placa. Gracias por sus servicios, hasta la vista.

– Adiós.

Tras apurar la cajetilla de Pall Mall en un banco cercano a la comisaría Garcés camina por la ciudad con la extraña sensación de que alguien lo está siguiendo, gira de cuando en cuando la cabeza sin poder descubrir ninguna persona sospechosa.

Con esta incómoda sensación en los hombros llega a su casa para descubrir algo que lo dejará sin sarcasmo ninguno ante una nueva obra de los asesinos que tantos quebraderos de cabeza le han dado estos días.

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Continuará…

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