Cincuenta

Una relación de masoca, de sadomasoquismo figurado,

de mover tú mi ficha y la tuya cuando te toca,

de canciones destruidas, de ser lo que atrae a la mosca,

y como para contar no me llegan los dedos, pongo cincuenta que es aproximado.

Cincuenta son los puñales de mi espalda,

los que clavaste a la cara, sin ningún plan o acecho,

y otros cincuenta los que yo hinqué en mi pecho,

con tal de no perderte, de poder rozar el dobladillo de tu falda.

Cincuenta hombres pasaron antes que yo por tu cama,

te disfrutaron, se torturaron, te odiaron como hago yo ahora,

y otros cincuenta llegaron antes de que pasara mi hora,

me plantaste en tu tiesto, me regaste en primavera y cada día me partías una rama.

Cincuenta son los pecados que quise perdonarte,

sin imponerte otra penitencia que la de darme dos pestañeos antes de volver la cabeza,

cincuenta los llantos y desconsuelos que por ser abstemio no ahogó la cerveza,

mi corazón no era de piedra, pero a cincel y martillo lo esculpiste.

Ya cansado de sumar cincuenta, de elevarlo a la cuarta y luego al cubo,

de que los números naturales no te impongan límites,

te daré setenta noes cuando preguntes,

porque harto de perseguirte por los tejados, a tu trono ya no subo.

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