Por favor, cierre la puerta al salir.

-Bueno, y la última pregunta, algo más personal. ¿Cuál considera que es su mayor defecto?

-Pues, sin lugar a dudas, soy un completo maniático del control. Verá usted, no puedo dejar de pensar en que usamos mal infinidad de objetos, haciendo que, a la larga, haya que sustituirlos por su mal funcionamiento.

-Es una manía un poco rara, ¿puede contarnos algo más? Ha estado usted un poco encorsetado en toda la entrevista, puede explayarse tranquilo ahora.

-Claro. Le pongo un ejemplo. Las puertas de los armarios. Muchas veces se dejan abiertas y con el tiempo se van descolgando, ya no cierran bien, su comportamiento natural ha sido enviciado debido a nuestra dejadez. No puedo con ello, me estresa enormemente. Lo primero que hago al llegar a casa es quitarme la corbata y plancharla cuidadosamente. Me ponen muy nervioso mis compañeros de trabajo cuyas corbatas fueron un día anudadas y para el día a día simplemente se las aflojan o aprietan. Esas pobres telas dedicadas que muestran ya sus arrugas y dobleces, que requerirían ser llevadas a un profesional para recuperar su agradable tacto. De verdad, no lo entiendo.

Y al final, llega un día en el que tenemos que enchufar el cargador de cierta manera para que nuestro dispositivo lo reconozca, tenemos que abrir un libro con especial cuidado para que no se vuele aquella hoja suelta, desdoblando las páginas que, irresponsablemente, un día doblamos para saber por dónde íbamos o amoldando nuestra misma manera de caminar para disminuir las molestias que perduran de aquella lesión mal curada.

-¿Cree usted que esa neura afecta a su vida personal o laboral?

-En la vida personal por supuesto que sí. Las discusiones con mi esposa por esta manía al principio eran constantes, luego se ha acostumbrado a soportarme. Pasa igual con lo mismo e incluso el mayor me ha comentado que él también ha adquirido esa costumbre. Pero es simple: Mantener el cuidado y la atención que cada objeto requiere para que su comportamiento no se envicie, para que arreglar las consecuencias no cuesten más que mantenerlos en un buen estado. También se ve en mi puesto de trabajo. Ahora resulta que con la crisis se comprueba que todo está mal, que el funcionamiento del sistema está enviciado, pero mientras era usado nadie le prestaba atención a que se estuviera haciendo correctamente. Ahora los cajones no encajan, la batería no dura lo que debiera y la ventana no se corre fácilmente. Pues que hubieran prestado atención.

-Oiga, ¿está usted justificando la corrupción? ¿Nos culpa a los ciudadanos de ella por no haber estado encima de los políticos como usted? ¿Los corruptos han sido enviciados y no eran unos caraduras antes de llegar al poder?

-Yo no he dicho nada de eso. La entrevista ha acabado. Por favor, cierre la puerta al salir.

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