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Eramos polos opuestos,

pero con una relación que no conducía (a) nada,

que sólo el baño era zona desmilitarizada.

No eres tú, son tus manías,

que si yo era tu cruz, tú eras mis rayas

del traje de preso sin agallas.

Que si yo te causaba dolor,

tú eras tequila, limón y sal para mis heridas,

que de ponerlas tengo las mejillas doloridas.

Me denunciaste dos veces por maltrato psicológico,

y tú por reyes calcetines y camisas de fuerza,

que no hay aspirinas para aguantar tus cabezas.

Que mientras yo cometía adulterio

vosotros calentabais los dos lados de la cama,

que por mi enroque nunca fuiste dama.

Que estábamos condenados,

que no eramos un Romeo y Julieta de cuento,

que el salón era guerra entre montesca y capuleto.

Que nos rayábamos los discos a escondidas,

que tú de Sabina y yo de electro latino,

que yo de carajillo y tú de gin con pepino.

Que esto acabó con premeditación y alevosía,

que menos por más es menos,

y menos mal que ya no nos vemos.

Ustedes perdonen este ‘puema’ pero es que uno escucha letras tan bonitas que se pica y le da por escribir:

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