Capítulo XVII: La vuelta de Jack. O Simon.

Una enorme columna de humo se había alzado sobre el aparcamiento de El Corte Inglés en el que se había desarrollado la guerra. Una luz resplandeciente había iluminado el cielo más que todas las luces de navidad del mundo durante unos segundos. El canto de la FUNDY había invocado a unas fuerzas ocultas que acabaron con la guerra de manera inmediata. Mario se limpió la cara y comprobó que cientos de cuerpos permanecían tumbados. Aún con su camisa manchada de sangre y la preocupación de ser el único que había sobrevivido al Ain’t no mountain high enough cantado a coro buscó rápidamente con la mirada a Chris, el sr. ?, a Sara… No los vio. Sin embargo todos los que creía cadáveres o víctimas de una guerra sin sentido (epíteto al canto) se levantaban como después de una siesta reparadora. Sus vecinos mostraban en la cara el desconcierto propio de quien no sabe qué ha pasado. Los soldados de la FNCE parecían también restablecerse, sin embargo, sus rostros expresaban una perplejidad aún mayor.

Como cuando la chica que te gusta te sonríe, cuando aún queda un último helado en el congelador o cuando encuentras unas monedas en la máquina de café, una sonrisa sincera se dibujó en cada dependiente de El Corte Inglés. Los espíritus consumistas que los poseían se habían evaporado, seguramente formando aquella columna de humo de minutos antes. Volvían a ser humanos, de los normales, de los que quitan la maldita fruta escarchada del roscón, de los que no esperan nada en reyes aún habiéndose portado bien. Mario recorrió todo el aparcamiento entre ex-zombies que habían vuelto a la vida.

El corazón se le encogió cuando vio que su mujer aún permanecía en el suelo. Se arrodilló junto a ella y se tranquilizó al comprobar que respiraba con normalidad. Hacía tiempo que no la veía tan guapa. El hechizo o conjuro o vete a saber qué efecto del cántico iniciado por el enigmático sr. “?” le había afectado a ella también quitándole el absurdo maquillaje festivo con purpurina y brillo más propio de una comparsa que de una mujer normal. Pensó en hacer lo más romántico que había hecho durante mucho tiempo y la besó en los labios fríos de la Blancanieves que hacía unas horas se había aliado con el bando enemigo. Ella despertó aún confundida. Se incorporó de un salto y le explicó que no lo quería. Así de simple. Si estaba con él era por los buenos ingresos que mensualmente y con extraños conceptos le hacían. No le gustaban esas escapadas nocturnas, alevosas propias de un fontanero secreto que eran la fuente de esos ingresos. Pero Mario no podía revelar su oficio, y si algo había aprendido aquella navidad era que la gente está como una cabra. Así que la dejó marchar, esperando que aquel hechizo hiciera que su mujer viviese con alguien a quien realmente quisiera. La sorpresa de Mario fue mayúscula cuando tomó de la mano a Gallardón, que se había convertido en un rey Baltasar con betún hasta las cejas, y ambos se montaron en su dragón para repartir caramelos para todos los niños de Madrid, ricos y pobres, nasciturus y nacidos. Hay ciertas cosas que lamentablemente no es capaz de cambiar el conjuro más poderoso.

Mario siguió deambulando por el campo de batalla hasta que se encontró con los miembros más notables de la FUNDY. Habían capturado a Bush, quien repetía una y otra vez en su acento murciano de Texas que ahora era buena persona, que vivan los pinchitos morunos y que prometía que no iba a iniciar más guerras. Decidieron por unanimidad que todo era mentira. Pero aún coleaban los efectos de la triunfante verdadera navidad, los árboles y belenes no habían sido desmontados y ellos tenían que predicar con el ejemplo. Así que llevaron a Georgito a Estepa, donde lo aceptaron como duendecillo en una fábrica de mantecados, bajo la estricta vigilancia del duende jefe de producción. Porque todo el mundo sabe que los mantecados y polvorones los hacen duendes mágicos. ¿No?

Por su parte, Chris se benefició el amor de la teniente Sara Martínez y se la llevó a la pensión Los Granados a hacer cosas de espíritus. De paso detuvieron a los dueños de la pensión por colaborar con Gallardón almacenando los condones retirados de toda la geografía española en un grave atentado contra la libertad sexual recogida en la Constitución.

La FUNDY había regalado a Mario unos calcetines y un buen par de zapatos para sustituir aquel escurridizo zapato que le dejó el pie mojado durante demasiado tiempo. Él y el señor “?” se fueron en el coche del fontanero secreto y viajaron durante largo rato sin cruzar palabra, pues ninguno entendía al otro. Mario decidió que el sr. “?” se llamaría Jack, o Simon, daba igual.

Capítulo X: Meeting the SNI

Chris se levantó del asiento y, sin quitar la vista de encima a Mario, fue a abrir la puerta. Antes tuvo que comprobar que el que esperaba afuera no era un desconocido:

¿Quién?

I like the cars like the Toyota RAV4, which is a CROSS ejem ejem OVER ejem ejem.

Un personaje vestido con camisa verde botella y bombachos beige se coló en la sala. Con la naturalidad del que llega a su casa después de un duro día de trabajo, se quitó los zapatos y se sentó junto a Mario, que lo miraba estupefacto, pensando ¿de qué me suena este tío? De repente tuvo un déjà vu, pensó que lo conocía, que ya había vivido algo con él.

Ah, que viene, que viene, ah, que se va, ahh se fue. Porque así es como se mueve en la mente este fenómeno, que si bien a la mayoría de la gente pasa desapercibido, venía preocupando a Mario últimamente por repetírsele demasiado. De hecho, habían sido esos recuerdos instantáneos de momentos, como el el de sentirse un pavo de navidad relleno (100 gramos de piñones, 100 gr. de castañas, 1 pera, 1 manzana, 9 lonchas de bacon, 100 gr. de jamón york, 100 gr. de dátiles, 100 gr. de almendras peladas, 1 botella de sidra, 1 vaso de jerez o coñac y 75 gr. de manteca de cerdo, se sabía de memoria la receta de su suegra), las compras, comidas, anuncios, villancicos, y demás cosas de la navidad, los que la habían hecho querer huir de ella.

¡Ya lo sé! ¡Me suena de la facultad de Derecho! ¡No, calla, calla, que era la de Farmacia…donde estuv…

– Nej, kære Mario. Kan du ikke huske mig? Vi har en mission at opfylde.

Chris se encargaría de traducir ese idioma tan raro al pobre Mario, que escuchaba con atención:

Mario, tenemos una misión que cumplir. Te venimos observando desde hace unos meses. Es toda una experiencia decir no a la navidad, ¿eh? Son pocos los que se atreven, y menos aún los que continúan hasta el final, superando las complicadas pruebas de las que has sido víctima. Pero aún quedan retos complicados…

El pasado 20 de diciembre, en las inmediaciones del Capitolio de Florida, una pantalla gigante fue prohibida. Se pretendía celebrar una roja y ardiente antinavidad. Pero el gobierno advirtió a la Church of the Flying Spaghetti Monster que “no se pasaran de listos”…

Capítulo IX: Chris.

Mientras aquella difusa figura lo sacaba de la trampa, Mario miraba de un lado a otro, en busca de la cámara oculta. Maldito Bush, ¿le habría drogado?. Empezó a percatarse de todo el sinsentido de la situación cuando el supuesto ‘Espíritu de la Navidad’ lo tomó de la mano. Notó una sensación de ingravidez y pureza, como si su cuerpo hubiera sido renovado, a pesar de parecer un Bear Grylls en Sierra Nevada. Esta experiencia estaba llegando demasiado lejos para él… tanto, que había superado los límites de la física.

Una vez libre de ataduras, alzó la mirada. Antes de soltar el típico «¡la madre que me parió!», su primera reacción al ver la escena fue la de golpearse brutalmente la cabeza contra la puerta, a ver si así espabilaba. ¿En el bosque hay puertas? No, pero ya no se encontraban en aquel bosque, aunque el problema de la diferencia térmica entre ambos pies seguía presente.

-Como te cargues la puerta la pagas tú. Estás avisado.-señaló la misteriosa figura-.

Todo fue muy extraño. En un abrir y cerrar de ojos, pasaron de estar en un nevado bosque plagado de villancicos y escenas navideñas a estar en una acogedora casa de campo de decoración rústica. Ambos se encontraban detrás de la barra, en una especie de cocina.Tras esa extraña teletransportación, Mario estaba demasiado confuso, aunque se empezó a identificar con Goku o el Dr.Manhattan, y la confusión se transformó en poder. Ahora Mario veía con claridad, se sentía menos sucio y confuso que en bosque, por lo que pudo contemplar con mayor detalle la apariencia del espíritu. A decir verdad su estatura no imponía demasiado, era como la proyección difusa de un niño.

-¿Te apetece tomar algo? -dijo el espíritu abriendo la nevera- Tengo un poco de todo. Eso sí, Hacendado.

-Em… no, gracias. Aunque me vendrían bien otro par de zapatos…

-Otra vez será. Por cierto, ve tomando asiento.

-¡Qué demonios! Empieza por decirme quién o qué cosa eres y qué hago yo aquí.

-Ya te lo he dicho, soy el Espíritu de la Navidad tío, pero puedes llamarme Chris. Verás, deberías olvidarte por un momento del imbécil de Bush, del poliespán y de todos tus conocimientos de fontanería. Necesito que pongas los cinco sentidos en lo que vas a ver a continuación.

«Esta cosa no habla como si fuera un crío» pensó Mario. Por un momento se paró a idear un plan de escape, no se fiaba de las intenciones del tal «Chris». «No, estoy cansado de escapar, quiero saber de una vez qué coño pasa con todo esto. Esta cosa me trajo aquí y esta cosa me sacará de vuelta. Jodida Navidad…» Chris lo sentó en una silla junto a la pared de un amplio salón con chimenea. Un enorme árbol de Navidad destacaba en la sala. Llamaron a la puerta.

-Pero…

-Tschh, calla Mario. Nada de peros, tu solo observa. Las preguntas se contestarán solas…