Jugaba al basket

(Viene del capítulo anterior)

-Te lo dije, ese camello era capaz de hacer el Moonwalk.

-Llevas razón, creí que el vídeo estaba rebobinando.

 

VI 1)

 

Seguro que malinterpretarán lo que quería contarles hoy. Ya verán.

 

El principito era un romántico. En plena mañana me dijo que quería ver el atardecer. Miré el hachís y seguía tal como lo dejé, así que le respondí que deberíamos esperar hasta que llegara la tarde. Me contó que su planeta era tan pequeño que podía ver cuantas veces quisiera la puesta de sol sin más que desplazarse unos metros con su silla.

 

-Oh, qué bonito.

-¿No has pensado que por cada puesta de sol hay un amanecer solo?

-Lo siento…

-Ya claro, vende mucho lo del atardecer, el amanecer, las estrellas, la luna llena… En mi planeta no cabría un desfile de animales como en El Rey León, por ejemplo. Pero bueno, reconozco que lo del atardecer ayuda en esos días del mes, unido simbióticamente al cubo de helado. Una vez llegué a ver cuarenta y tres veces la puesta de sol.

-Debías estar muy triste aquel día…

-No creas, a partir de la tercera la hice por batir un récord.

Al principio pensé que el principito era un alma melancólica que erraba por el universo. Después alabé su capacidad para disfrutar con las pequeñas cosas de la vida, como una puesta de sol. Esas que todos dicen que constituyen la verdadera felicidad. No voy a decir que haga falta un pequeño yate, una pequeña mansión y una pequeña fortuna. Pero el principito sólo es un niño, ve los atardeceres mirando al sol para llorar, desafiando a una estrella desde su silla. “¡Ah, mierda, he parpadeado!”, y fin de la tristeza. No busquen más.

Si hablamos de cosas sencillas, infantiles o desenfadadas con grandes frases, fotos en blanco y negro, cualquier cosa se convierte en un arte, en algo profundo2). El principito nunca haría eso.

 

1.- El capítulo VI original no es malo del todo. Tampoco me parece apropiado para niños.

2.- Demostraré esto algún día, pueden proponer temas que nadie tomaría por serios.