ANTIHÉROES. Cap VII: El humo de un Pall Mall

(Capítulo anterior)

A Marcos lo despierta un olor a tostadas quemadas y el chisporroteo inconfundible de la radio mezclado con las palabras mañaneras de Carlos Herrera con esa inconfundible manera de relamer las palabras, de manosearlas y de quererlas como a cualquier hijo suyo, acompañada con esa falsa modestia del que se gusta demasiado. Busca a tientas las zapatillas, levanta la persiana espantando a un par de palomas y va hasta la cocina.

– Buenos días Búho.

– Buenos días, lo siento, estaba intentando preparar algunas tostadas para los dos pero no controlo esta tostadora y se me han quemado.

– No pasa nada, y no tenías que prepararme nada hombre. Además yo sólo tomo un zumo de naranja.

– Pues eso no está bien, hay que empezar el día con las pilas bien cargadas y más ahora con lo que nos espera.

– Es que no me levanto con hambre, ¿y Rocío?

– Ya se iba cuando me he levantado, me ha dicho que iba a buscar trabajo – dice mientras sintoniza otra emisora donde suena Loquillo y su Cadillac Solitario-.

– Pues yo hoy libro, ¿te apetece dar un paseo?

– No me vendría mal tomar el aire, a la vuelta recogeré mis cosas.

– No hace falta que te vayas, siempre y cuando no te resulte incómodo el sofá, Rocío se trajo un futón el otro día.

– Tranquilo, el sofá está bien. Muchas gracias, tener un techo al que volver es tranquilizador.

En otro punto de la ciudad, sentado en una silla con la misma cara que un niño delante de la puerta del director y tenso como la cuerda de un arco el comisario Garcés espera al director de asuntos internos.

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– Pase.

– Usted dirá.

– ¿Yo diré? Como si no supiera qué hace aquí. Sabemos todos sus chanchullos con ese traficante, los sobornos que recibía, no siempre con dinero. Es curioso como los lacayos del traficante vienen a buscar la protección de ser confidente cuando asesinan a su jefe. Desde luego Garcés lo suyo es de campeonato, tenemos datos como para empapelarlo hasta arriba. Sin embargo es cierto que ha sido un gran policía, al menos si nos ceñimos a los casos que ha resuelto. Así que hemos decidido que lo cesaremos de su cargo sin ningún otro tipo de repercusión, puede considerarse afortunado. ¿Algo que añadir?

– No. Gracias, supongo. Aunque os estáis cargando lo único que me importa en la vida…

– Bueno, eso tendría que haberlo pensado antes de castigarse el tabique en compañía de un narcotraficante. Así que ya sabe. En dos días le llegará la carta de despido de forma oficial. Espero que para ese día ya haya recogido sus cosas y entregado su placa. Gracias por sus servicios, hasta la vista.

– Adiós.

Tras apurar la cajetilla de Pall Mall en un banco cercano a la comisaría Garcés camina por la ciudad con la extraña sensación de que alguien lo está siguiendo, gira de cuando en cuando la cabeza sin poder descubrir ninguna persona sospechosa.

Con esta incómoda sensación en los hombros llega a su casa para descubrir algo que lo dejará sin sarcasmo ninguno ante una nueva obra de los asesinos que tantos quebraderos de cabeza le han dado estos días.

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Continuará…

ANTIHÉROES. Cap V: El respeto está en el poliéster de la chaqueta.

Marcos y Rocío se quedan petrificados, no saben qué decir, ¿acaso este hombre puede aclararles alguna cosa o es simplemente un chalado conspirador? Ni siquiera saben si quieren saber algo sobre aquel asesinato, es cierto que han matado a alguien cercano pero no se sienten demasiado Sherlock y Watson, bastantes problemas tienen ya con lo suyos propios como para lanzarse dentro de las paranoias mentales de un loco aficionado a profecías mayas.
Sin embargo, con más miedo que convicción en el cuerpo le piden a aquel estrafalario personaje que se explique mejor.

– Verán, esto que voy a contarles no es algo para tomárselo a la ligera, estamos hablando de algo que nació siglos atrás y con una extensión mayor de la que se puedan imaginar. RESET, como yo la llamo, puesto que es necesario ponerle un nombre a tu enemigo para poder maldecirlo hasta quedarte dormido, es una organización muy poderosa y con una ideología muy fuerte. Son capaces de controlar cualquier organismo o empresa que quieran. Pero francamente, no me siento cómodo hablando aquí, de noche todos los gatos son pardos y cada matorral tiene oídos. ¿Sería posible ir a un sitio más íntimo?

Ambos se miran sin saber qué hacer, al fin y al cabo están hablando con un extraño, que quizás lo único que quiera es matarlos y traficar con su órganos.

– Lo entiendo, desconfían de mí, pero puedo enseñarles algo que quizá les ayude a creer algo de mi historia. Miren.

De una cartera que en otra época tuvo una tripa algo más abultada Búho saca un viejo recorte de periódico, ya pintado de ocre por el tiempo y quebradizo como una hoja en otoño. Con cierta dificultades consiguen capturar cierta información, pues el recorte está escrito en italiano. Al parecer una mujer y su hija fueron asesinadas en las calles de un pequeño barrio de Bari, aparecieron cosidas la una a la otra por la espalda. Con una tarjeta cuya foto puede verse en el periódico.

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Seremos el nexo que una todas las familias en una.

También puede verse una foto de cada una de las dos mujeres, es innegable que comparten parentesco, los mismos ojos felinos y arrebatadores de las guapas italianas morenas de carácter tan fuerte como sus caderas y muñecas.

– Eran mi mujer y mi hija. Aquí tienen una foto de los tres juntos en las playas de Sicilia.
– Vaya… Lo… Lo siento – dice Marcos como si fuese él el culpable de tal brutalidad-.
– ¿Me creen ahora? Yo en Italia era un físico, no demasiado famoso, pero me ganaba la vida bastante bien. Y RESET me quitó todo lo que tenía.
– Pero, ¿por qué?
– No lo sé, quién demonios en su sano juicio va a comprender la mente de esos dementes. Pero la cosa es que están aquí y todos corremos peligro, nadie está fuera de su alcance.
– Bueno, nosotros tenemos que irnos ya, si nos volvemos a encontrar ya hablaremos, pienso investigar por mi cuenta.
– De acuerdo, pero tenga cuidado, la curiosidad mató al gato. Que pase una buena noche señorita.
– Adiós.

Marcos se da la vuelta, pero algo en su interior le dice que no está actuando bien, intenta contener su impulso, mira a Rocío que con su mirada no hace otra cosa que empujarlo.

– Esto… Perdone. ¿Le gustaría pasar la noche en casa y darse una ducha? Es lo menos que puedo hacer por usted después de la información que nos ha dado.
– Jaja, es curioso.
– ¿El qué?
– Hace tiempo que nadie me trataba de usted. Parece que no mereces el mismo respeto si estás cubierto con cartones que con un 70 por ciento algodón y un 30 de poliéster.

ANTIHÉROES. Cap IV: ¿El agua lo borra todo?

Lentamente la sangre va invadiendo su cara y dándole un color normal, le parece increíble que tras veintidós años de pasar desapercibido por el mundo, justo cuando empieza a interesarle a alguien que no sea su madre es a un policía prepotente que lo acusa de asesinato. Sube las escaleras hasta el segundo piso y tras dos intentos encaja la llave en la cerradura y entra en su casa, y como un perro que espera a su dueño el olor de la cena le golpea en la nariz, no recuerda cuándo fue la última vez que cocinó algo merecedor de activar su olfato y sus glándulas salivales.

– Hola, espero que vengas con hambre- la chica misteriosa lo mira con unos ojos achinados apretados por una sonrisa que sólo tiene el que ha descubierto qué es ser feliz.

– Pues sí, además eso huele genial, voy a poner la mesa.

– Ya está puesta, tú dúchate, es mi manera de agradecerte que me hayas acogido, no tenía otro sitio a donde ir.

– No tenías que haberte molestado.

Tras una larga ducha, en la que le ha dado tiempo a pensar en todo lo ocurrido esta tarde y a mezclar algunas lágrimas con el agua que baja por su cuerpo, Marcos se viste en lugar de ponerse el pijama ya que no quiere parecer maleducado.

– Vaya, pasta, mi comida favorita.

– Son raviolis al pesto con champiñones, espero que te gusten. ¿Qué tal el día?

– Bien, como otro cualquiera-miente deliberadamente-. ¿Y tú qué tal? ¿Estás mejor?

– Sí… Anoche estaba hecha mierda, ya no aguantaba más, no es que me hayan machacado de un golpe si no que poco a poco con una lima me han convertido en polvo. No te imaginas lo que era vivir en mi casa, con un padre que estaba borracho día sí y día también, y al que de vez en cuando se le escapa la mano. Además, al contrario que otras personas yo no puedo refugiarme en el trabajo, voy allí, me pongo una ropa que intentan resultar sensual y me subo a la barra a bailar para cuatro babosos que al acabar la función pretenden seguir con el espectáculo en privado. Con lo cual acabo duchándome durante una hora, como si cada gota se llevara un poco de la mierda invisible que tengo encima.

– Debe de ser duro, tranquila, puedes quedarte aquí cuanto necesites, a mí tampoco me hará daño un poco de compañía supongo…

– Gracias.

– La verdad es que hoy no ha sido un día como otro cualquiera, mi compañera de trabajo ha sido asesinada, no es que nuestra relación fuese muy estrecha pero le había cogido cierto cariño. Además para colmo soy sospechoso… Espero que eso no te incomode. Te juro que yo no he hecho nada.

– Yo también lo creo, confío en ti, hay algo en tus ojos que me hace pensar que eres una buena persona, aunque siempre pareces triste.

– Bueno, nunca he sido la alegría de la huerta, me gusta la soledad así que supongo que no soy un experto en relaciones sociales.

– Sabes escuchar, eso es algo que casi nadie puede hacer.

– Gracias. Por cierto estos raviolis están…

– Rocío.

– ¿Qué?

– Mi nombre, me llamo Rocío, te dije que te lo diría en las circunstancias adecuadas y no se me ocurre otro momento que este: en que me siento como el ave fénix, creo que esto es un nuevo comienzo para mí, mañana mismo saldré a buscar trabajo, no quiero estar aquí de prestado.

– Como quieras.

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Tras recoger la mesa y fregar juntos, Marcos se sienta en el sofá a la búsqueda de algo en la televisión que le permita quedarse atontado.

– Vamos a dar un paseo.

– No, es tar…

– ¡Venga hombre! Hace una noche estupenda, pasear es bueno para despejar la mente y ordenar las ideas… Lo malo es cuando te ves obligada a pasear todos lo días.

Durante dos horas deambulan por la ciudad sin rumbo fijo, parece que ninguno de los dos quiere romper el silencio que camina a su lado, y no es que se sientan incómodos juntos, al contrario: Marcos la ve perfecta casi salida de algún relato épico y caminando a su lado se siente un hombre poderoso y de éxito, como aquellos galanes de telenovela que se quedan con la chica guapa. Ella a su lado se siente segura, sabe que nunca le hará daño, es la boya que encuentra el náufrago y quiere aferrarse a ella hasta clavarle las uñas.

Sin embargo caminan en silencio, lo disfrutan y paladean en su cuerpo, es el bálsamo que los calma, un mantra mudo que los lleva a un estado de prudente inconsciencia, no vaya a ser que se choquen contra una farola.

Tras doblar una esquina ven un pequeño parque iluminado sólo por las luces de una fuente en la que dos regordetes angelitos orinan sin parar, es increíble cómo algo tan burdo queda bonito tallado en la piedra, quizá por eso el ser humano se arranca su corazón y se hace uno de frío y duro mármol, porque todo parece inofensivo de ese modo.

– Vamos a sentarnos aquí un rato a recuperar el aliento.

– Sí mejor, yo no estoy acostumbrado a andar tanto tiempo, mañana voy a tener agujetas.

– Jajaja, qué exagerado-le dice mientras le da un golpe en el hombro-.

– Ya te lo diré mañana… Si ya lo decía Machado: “se hace camino al andar”, yo estoy como si hubiese puesto cada una de las losetas por las que hemos pasado.

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Aunque están manteniendo una charla relajada los dos están algo tensos y alerta, dos bancos más allá del suyo un hombre duerme tapado por unos cartones, aunque parece que está completamente dormido no pueden evitar estar algo incómodos.

– Y dime, ¿quién crees que mató a tu amiga?

– No lo sé, que yo sepa Yolanda no tenía problemas con nadie. Además no la vi nerviosa ni nada extraño, de hecho estaba muy alegre la última vez que hablé con ella.

– Fue Reset, esos malnacidos han vuelto a entrar en escena- dice una voz ronca con un acento extraño.

Marcos y Rocío no pueden evitar dar un respingo ante aquel sonido salido del averno, y automáticamente se ponen en pie, con más valentía que la que en realidad posee, Marcos se coloca delante de ella intentando parecer todo lo protector que es capaz.

– Tranquilos amigos, no voy a haceros nada. Estoy de vuestro lado. Santiago Vuó para servirles en lo mejor que pueda. Me podéis llamar Búho.

ANTIHÉROES. Cap III: Sudor y lágrimas son igual de salados

Mientras que Marcos prepara el sofá para él y le da a la chica, cuyo nombre le es aún desconocido, unas sábanas limpias, el comisario Garcés llega a la nueva escena del crimen.

– Buenas noches comisario, creemos que se trata del mismo asesino o asesinos que en los casos anteriores, el modus operandi es igual: sadismo y mensajes amenazadores.

– Bien, pero supongo que aún no tenemos nada en claro. ¿verdad Martín?

– No, señor. No hemos encontrado nada. Aunque las acciones cometidas son las de un demente parece el trabajo de un frío profesional, ni huellas ni pelos, todo está limpio.

– Espero que hayáis buscado hasta en la última loseta de este almacén con más humedades que objetos almacenados.

– Sí, señor. Precisamente también eso va mal, el almacén estaba abandonado, no tiene ningún dueño con él a su nombre, con lo cual tampoco tenemos una línea de investigación por ahí.

– Bueno, y esta vez ¿qué ha sido? Me tomo esto como un espectáculo. El cine está muy caro, ¿crees que me podrían regañar los de arriba por traer palomitas para la próxima vez?

– No lo sé señor. En esta ocasión la víctima ha muerto por asfixia o inanición, cuando se realice la autopsia lo sabremos con seguridad. El cuerpo está totalmente cubierto de cera, todo invita a pensar que aún estaba viva cuando lo hicieron.

– Vaya Martín, aún tengo que cenar, ¿puedo encenderla y tener una cenita romántica a la luz de las velas?

– Señor no me siento cómodo escu…

– Pues te jodes, maldito remilgado. Soy de los mejores comisarios del cuerpo, yo trabajo así y si alguien sabe hacer mejor mi trabajo que venga y me sustituya.

– De acuerdo señor, venga conmigo, le enseñaré el mensaje.

Garcés puede leer perfectamente escrito en la pared un mensaje escrito con letras blancas que resaltan contra el gris de la pintura que cubre los ladrillos del almacén, se trata de una especie de graffiti, algo que no se hace con prisas sino con una meticulosidad cuidada.

Os moldearemos como si fueseis de cera.
Os moldearemos como si fueseis de cera.

– ¡Me cago en la madre que los parió! Quiero a esa identificada para esta tarde. ¡¿Estamos?!

– Sí comisario.

Dos horas después en el laboratorio forense Garcés está tirando las colillas en una de esas bandejas metálicas. Delante tiene el cadáver con toda la cera retirada, descubriendo a una joven bastante atractiva.

– Juan te he dicho miles de veces que no puedes fumar aquí.

– Vaya Margarita, ¿y eso por qué? ¿es que se te quejan los fumadores pasivos? Jajaja. ¿Qué tienes para mí?

– La muerte fue por asfixia, la víctima no presenta signos de lucha lo que implica que, o bien conocía a su agresor o que la pillaron por sorpresa. Estaba viva cuando la cubrieron de cera. En cuanto a la identificación nos lo han puesto bastante fácil, tenía la cartera con el DNI en el bolsillo, no parece que tenga mucho interés por ocultar a quién mata.

– No, desde luego, creo que a ellos solo les importa transmitir su esquizofrénico mensaje con las muertes.

– ¿Ellos?

– Sí, sigo pensando en que esto es obra de algún tipo de organización. Además en los mensajes siempre hablan en plural. Dame la cartera que voy a contactar con algún familiar o conocido que pueda decirme algo más de la víctima.

– Toma. Por cierto, deberías fumar menos, esa ronquera no es normal.

– Tú ocúpate de estudiarme cuando me muera que es lo tuyo.

– Tan simpático como siempre…

La búsqueda de familiares resulta infructuosa, y no es que la chica no los tenga, simplemente ninguno está demasiado interesado en ella. Es como si fuera solamente una parte de su pasado que quieren dejar que el desgaste del tiempo la acabe borrando. Pero sí que encuentra un cheque a cargo de la que posiblemente sea la empresa en la que trabaja, es una suerte que sea final de mes.

– Cafetería La despedida, dígame.

– Hola, soy el comisario Garcés, ¿con quién hablo?

– Marcos Armas, ¿en qué puedo ayudarle?

– ¿Es el dueño del local?

– No, mi jefe no suele venir por la tarde. Pero puede darme el recado.

– Verá, es que tenemos aquí el cadáver de una mujer joven con un cheque a cargo de esta empresa y queríamos saber si podrían venir a comisaría para hacerles algunas preguntas.

– Sss… Sí. ¡Dios mío Yolanda! Ahora mismo voy agente.

– Aquí le espero, procure no tardar.

Media hora más tarde Marcos llega a la comisaría, aún aturdido por la noticia y sudando puesto que ha venido corriendo desde la parada del bus. No sabe qué cantidad de la sal que prueba con la lengua es del sudor y cuál de las lágrimas que, desertoras, han escapado de sus ojos sin darse cuenta.

Pesadamente sube las escaleras de la entrada intentado recuperar el aliento y la compostura y se dirige al mostrador de información donde le indican el despacho al que debe dirigirse.

– Buenas tardes.

– Hola señor Armas, tome asiento.

El comisario impone respeto pese a estar sentado, su envergadura le hace pensar a Marcos que podría partirlo en dos como a una rama seca. Aún así intenta aparentar normalidad igual que con los matones del instituto, él siempre ha sospechado que eran capaces de oler el miedo.

– Le he traído aquí porque ningún familiar de la víctima a querido hacerse cargo de su muerte, aunque sí han pagado los trámites del entierro. ¿Desde cuándo conoce a Yolanda Ramos?

– Desde hace seis meses, cuando entró a trabajar en la cafetería.

– ¿Diría que su relación era algo más que una relación de trabajo?

– Bueno… Nunca la he visto en otro sitio que no sea en el trabajo, pero sí que hablábamos amistosamente. Incluso ayer me organizó una cita con una amiga suya… No salió bien, jaja… Disculpe estoy nervioso – Marcos agarra sus pantalones con fuerza intentando que no le tiemblen las manos-.

– ¿Nervioso? ¿acaso la mató usted? ¿Estaba enamorado de ella y en un ataque pasional la asesinó?

– No, ¡por favor! Yo nunca sería capaz de hacer tal cosa.

– ¿Y dónde estuvo ayer por la noche? – el comisario suelta una bocanada de humo que lentamente golpea los ojos ya enrojecidos de Marcos-.

– Ya se lo he dicho, con una amiga suya en el McDonal’s cerca del ayuntamiento.

– ¿Me podría facilitar el número de esa mujer para que lo pueda confirmar?

– No lo tengo. Pero supongo que lo podrá encontrar en el móvil de Yolanda. La chica se llama Saray. Además, mire, aquí tengo el ticket del burguer, en el puede ver la fecha y la hora a la que estuve allí.

– Eso no justifica mucho. ¿Sabe si tenía algún problema con alguien? ¿Drogas o deudas quizás?

– No, no suelo inmiscuirme demasiado en las vidas ajenas.

– Vaya, debe de ser de los pocos que en la era de la información no echa un ojo en el cesto de la ropa sucia de los demás. Pues por ahora no tengo más preguntas. Puede irse, pero procure estar localizable, le sigo teniendo en el punto de mira.

– Le he dicho que yo no…

– Adiós. Cierre al salir que se escapa el gato.

Con el estómago revuelto tras saberse sospechoso de un asesinato, Marcos coge el bus para regresar a su piso donde no sabe si lo espera una completa desconocida de la que sólo conoce su belleza, su olor y sus gritos y sollozos entre pesadillas.

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ANTIHÉROES. Cap II: Conocerás mi nombre

Como cada día ya lleva desde las ocho despierto y se encuentra sentado en la parte de atrás del autobús, le gusta sentir el calor y la vibración del motor contra su espalda. Coge el libro de Zafón de su mochila y se deja llevar por esa prosa tan asesina como conquistadora.

Llega a su puesto de trabajo en una de esas cafeterías que su mayor servicio a la comunidad es el de señalar el nivel económico de ésta.

 – Buenos días Marcos, menuda cara de dormido traes. En cambio yo, mírame, de empalmada y más fresca que una lechuga.

– Desde luego, esa nueva sombra de ojos color morado ojera te da un toque revitalizador.

– Joder, que perspicaz te has levantado hoy, mira que eres de poco hablar pero cualquier día te vas a morder la lengua y te vas a envenenar.

Yolanda es la nueva camarera escotada desde hace dos meses, divertida y bastante fiestera, ha llegado a la ciudad hace un año y no habla nunca de su familia, Marcos tampoco le ha preguntado, no es que lo haya evitado, simplemente él no se mete en esas cosas, de hecho no se mete en nada.

– Pues anoche estuvimos en el botellón, menudo pedal me cogí, creo que ese vodka negro era del malo. ¿Y tú qué? ¿alguna novedad en esa habitación en la que vives?

– Pues no, sin novedad en el frente, la monotonía sigue cumpliendo su misión.

– Vaya, vaya, a ti te tengo que presentar a una de mis amigas que ya verás como te quita todas esas manías de ermitaño que tienes. Mmm… – lo observa con aire pensativo mientras juguetea con el piercing de su labio-. Creo que Saray te gustaría, es muy mona y sobre todo muy simpática, además lleva cuatro meses soltera seguro que le gustará conocerte.

– Sí, siempre me ha gustado aprovecharme de la desesperación. En serio, no te esfuerces, si yo soy muy ra…

– Nada, nada, ahora mismo le mando un Whatsapp y quedáis.

– Que no, Yolanda, que soy muy vergonzoso y adem…

– No hay nada más que hablar, habéis quedado a las nueve en el McDonal’s del ayuntamiento, no tienes nada mejor que hacer, eso no me lo vas a negar.

– Pero si es que… – nunca ha sido una persona muy combativa con lo que él mismo sabe que al final va a acabar cediendo –. De acuerdo, pero no va a salir bien.

– Vah, no seas negativo hombre.

A las siete tras ordenar y limpiar la cafetería se dirige a su apartamento, toma una ducha rápida y se pone la camiseta que a su juicio le resulta más socialmente aceptada, aunque no es de esos que se fijan en las modas. Se coloca bien el pelo e incluso se echa un poco de aquella colonia que su madre le regaló por reyes y que está casi sin estrenar.

Quince minutos antes de las nueve llega a la puerta del burguer. Odia esperar, él siempre es puntual y no logra comprender cómo las personas pueden ser tan descuidadas. Tras veinte minutos de suplicio una chica bajita y rubia se le acerca con cara interrogante.

 – Tú debes de ser Marcos, perdona el retraso pero es que he perdido el autobús. ¿Llevas mucho esperando?

– No, tranquila, acabo de llegar yo también.

– Bueno ¿entramos? Tengo un hambre que me muero.

Los dos entran y Marcos paga lo de ambos, espera que aún se sigan llevando esas muestras de caballerosidad.

– ¿Y a qué te dedicas? Yo trabajo en una tienda de ropa de dependienta pero es un trabajo con mucha responsabilidad.

– Pues tengo un trabajo muy poco emocionante, soy camarero.

– Mmm, ¿y qué te gusta hacer? ¿bailas bien?

– ¿Yo? No, nunca he bailado, no me gustan las fiestas, yo soy más de jugar a la consola y ver películas.

– Vaya, pues no veo yo que encajemos mucho, eh. Es una pena, eres mono, pero es que eres muy soso para mí.

– Si ya se lo dije a Yolanda que esto no tenía sentido, mejor me voy, gracias por tu tiempo, un placer.

Son las doce de la noche, la decepción se ha instalado en su paladar pero ya acostumbrado a su sabor se limita a tragársela. No sabe cuántas chicas lo han rechazado a estas alturas, algunas con evasivas y otras con palabras que eran como un garrote vil. Decide ir andando hasta casa, es un paseo de dos horas pero lo peor que le puede pasar es que lo maten de una puñalada.

Al cabo de un rato caminando ve una silueta sentada en un portal, otra sombra solitaria como él. A medida que se acerca empieza a ver que se trata de una chica joven, está llorando y temblando. Como siempre Marcos carga la acción por defecto de su cerebro y sigue andando como si no existiera. Pero a dos metros de la chica un hondo suspiro de ésta le obliga a pararse y volverse.

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 – Emm… Hola, ¿estás bien?

– Claro, lloro de felicidad, no te jode.

– Bueno me voy, no quería molestarte.

– No, quédate – ella lo agarra por el brazo y descubre su rostro. Marcos siente cómo su corazón le da un vuelco: unos ojos azules como zafiros, una cara tan delicada como la de un ángel, la perfección-. Perdona que haya sido tan borde, no he tenido un buen día.

En ese momento Marcos se percata del moratón en el pómulo derecho, pero decide no preguntar nada.

– ¿Cómo te llamas?

– ¿Acaso eso importa? ¿Por qué tengo un nombre? Supongo que cada persona tienen un nombre por algún motivo: reconocimiento, apoyo o para poder pedirle favores. En mi caso mi nombre cumple una función esclavista, haciéndole más fácil a todos tratarme como una mierda.

– De acuerdo, yo soy Marcos. ¿Quieres un pañuelo?

Se lo da y mientras ella se seca las lágrimas que perlan su rostro, igual que el rocío adorna una orquídea, una cabeza sale de una de las ventanas del bloque.

– ¡¿Qué haces ahí abajo maldita furcia?! ¡¿quién es es ese?! ¡¿uno de tus clientes?! ¡Sube a casa ahora mismo!

– ¡Te he dicho mil veces que soy bailarina no prostituta maldito gilipollas! ¡Quizás si no tuviera un padre alcohólico y ludópata podría dejar este trabajo de mierda y estudiar una carrera!

– ¡Una carrera! Jajaja, con lo tonta que eres, anda no me obligues a bajar…

– ¡Corramos! Llévame contigo, esta noche solo quiero escapar.

– Pero ¿dónde? Si no te conozco.

– A un sitio donde no sea una esclava, y allí conocerás mi nombre.

Y comienzan a correr calle abajo esquivando cubos de basura y charcos, corren y realmente son los dos los que tienen la sensación de dejar algo atrás. Una sonrisa se comienza a dibujar en sus labios, ajena a que en otro punto de la ciudad un plástico cubre un cadáver.

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ANTIHÉROES. Cap I: Ríos de lluvia teñidos de sangre

El humo del Malboro inunda el despacho creando una neblina tan espesa como alquitranada, toda la comisaría está a oscuras pues hace ya dos horas que se han marchado todos, menos el comisario Garcés que sigue sentado al amparo de la luz del flexo que proyecta sombras contra el cenicero lleno hasta los topes. Un nuevo caso ha llegado a su comisaría, un asesinato, brutal y ritual. Nada había en la escena del crimen, sólo el cadáver despellejado de una mujer junto con una carta color crema en la cual solo rezaba una frase:

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Nada más, ni siglas ni huellas dactilares, Garcés tiene todas las imágenes tomadas por el equipo forense esparcidas sobre la mesa, intenta encontrar algún mensaje oculto entre todas las vísceras de la víctima. Nada, el cuerpo aún no ha sido identificado y no hay ningún punto desde el que pueda desarrollar una teoría, decide dejar morir el cigarrillo en el cenicero y salir de aquel edificio. Coge la gabardina y se monta en el Seat Toledo verde oscuro. Antes de ir a casa, donde una mujer infiel lo espera, decide darse un paseo por los bajos fondos de la ciudad. Sintoniza el partido de copa y no mueve ni una pestaña cuando el comentarista, con un entusiasmo propio de algún mérito propio, canta gol. Aparca en el descampado y sube hasta el piso cochambroso que esconde toda la opulencia propia del negocio que se gesta en su interior.
Le da la gabardina a una menuda mulatita más zombie que colocada y avanza por el estrecho pasillo: gritos, gemidos y alguna que otra inspiración fuerte para empolvar la nariz.

– Hombre, hombre, pero si es nuestro querido comisario Garcés. ¿Qué sorpresa volver a verlo? No lo esperaba hasta el próximo mes, con una de sus inspecciones rutinarias.
– Déjate de gilipolleces Ramiro, vengo a hablar contigo de un nuevo caso, ya sabes, por aquello de que las ratas conocen al resto de alimañas. Vengo a preguntarte acerca de un asesinato que ocurrió ayer de madrugada. Una mujer, torturada. ¿Sabes algo? ¿Bandas? ¿Venganza? ¿Ajuste de cuentas?
– Vaya Garcés para ti siempre es el dinero, ¿verdad? Tienes razón en algo. Los habitantes de los bajos fondos conocemos a todo tipo de alimañas, incluso cucarachas como tú, jajaja. Pero en cambio no tengo la menor idea de lo que me hablas. Te daría la información gustoso, a los buenos clientes hay que tenerlos contentos.
– Sabes que puedo empapelarte con un simple bamboleo de mi polla, ¿verdad? Espero que no me estés mintiendo, por si acaso el donativo a la benemérita del próximo mes va a tener que engordar un poco, ya sabes que los insultos los llevo muy mal.
– Always the money… Bueno, bueno, no hay problema. ¿Una rayita de la paz?
– Prefiero a las mulatas de dieciocho años con culo prieto. Anda morenita vamos a hablar tú y yo en un sitio más íntimo.

Una hora más tarde el comisario retoma el camino de vuelta a casa con carmín de los labios de Lola en el cuello de su camisa. Esta vez no pone la radio, sigue dándole vueltas al caso. ¿Qué motivo tan poderoso empuja a hacer algo tan terrible a una mujer? Deja el coche en la cochera y mientras sube en el ascensor aprovecha para quitarse la cocaína que le queda en la nariz.

– ¿Dónde está lo que más quiero en el mundo? Mmm que bien huele. ¡Qué chef tengo en casa!
– Deja de hacer el papel de marido enamorado. ¿Qué fulana ha sido la desafortunada esta vez?
– Pero Marta no te enfades, si no hago nada que no haría en casa. Me follo zorras con la única diferencia de que no llevan un anillo con mis iniciales grabadas, ni hacen cargos a mi tarjeta.
– Algún día me iré de esta casa y te mataré primero. Eres el hombre más asqueroso y despreciable que conozco…
– Menudo honor, ganar en algo a los miles de gilipollas que se limpian los pies en tu felpudo como los que entran a la oficina del Inem con las esperanza de encontrar algo bueno. Por cierto, lo de felpudo es un juego de palabras ingenioso. En fin, procura elegir el más rico de todos esos tíos con los que te acuestas. Mientras que haces tus cuentas por qué no me sirves un poco de eso que has preparado.

Garcés es un tipo normal, con cara de policía antiguo, casi como la de uno de esos que antes se llamaban “grises”: bigote bien recortado, altura más que decente y unos hombros anchos. No se puede decir que su semblante no infunda respeto entre sus subordinados, además el cabello castaño entrecano le da un toque de distinción. Tras disfrutar de la rica lasaña preparada por su bien odiada esposa, lee el periódico antes de lavarse los dientes y meterse en su cama, hace ya dos años que duermen separados.

Lleva tres horas durmiendo, y en ese momento justo cuando Morfeo ya es tu amo y señor le despierta el sonido estridente del móvil. A tientas logra acertar a cogerlo y contestar con su mejor voz de ultratumba.

– Garcés al habla…
– Comisario ha habido un nuevo asesinato y hemos encontrado otro mensaje. Debería ver esto… Es increíble que alguien pueda hacer algo tan terrible…

Se viste lo más rápido que lo dejan sus manos entumecidas, toma una taza de café más frío que templado y se dirige a la calle Santa Clara.

– Que lugar tan apropiado para cometer un crimen, con la iglesia hemos topado.- piensa mientras circula bajo una lluvia torrencial que hace que las luces de los semáforos parezcan ánimas benditas de colores.

El inspector Martín está hablando con dos de los forenses, no suele tener muy buen color pero ahora su delgadas facciones tienen un tono fantasmagórico.

– Y bien, ¿qué es tan importante como para arrancarme de un sueño subidito de tono?
– Verá Garcés…
– Comisario, si no le importa. He luchado contra viento y marea para tener gente por debajo mía que me lama el culo.
– Comisario hay otra víctima, esta vez un hombre de mediana edad, ahora ya lo han bajado, pero estaba colgando de la entrada de esta iglesia. Le han arranco los ojos y escrito un mensaje en el torso. Será mejor que lo vea…
– De acuerdo vamos a ver a ese vendedor de cupones forzoso… Venga Martín, la vida se ve mejor con algo de humor negro. Estos santurrones…

Los dos hombres se acercan a una zona restringida donde un grupo de policías están tomando fotos y examinando el cadáver. Al apartarse el comisario puede ver el cuerpo de un hombre de unos treinta años y cuyas cuencas oculares no son más que dos pozos sin fondo. Pese a su natural cinismo siente como su estómago da un vuelco y una náusea sube por su garganta. Y entonces lee el mensaje, escrito con letras irregulares en el torso del fallecido, probablemente con su propia sangre.

Vuestro Dios lo ve todo, nosotros os robamos la vista.
Vuestro Dios lo ve todo, nosotros os robamos la vista.

– ¿Qué opina comisario?
– Pues que el asesino tiene una letra muy fea, un niño de siete años escribiría mejor.
– Por favor Gar… Comisario no es momento para bromas, es el segundo asesinato con un día de diferencia y este es más público y espectacular. ¿Alguna hipótesis?
– ¿Hipótesis? El problema es que con hipótesis falsas se puede probar la existencia de Dios. Pero si me tuviese que inclinar por algo me huele a secta, aún no se sabe la relación entre las dos víctimas pero yo diría que es algún tipo de ritual o una nueva profecía maya.
– Quizá tenga razón.
– O quizás no, ya lo decía Santo Tomás…

Justo cuando un riachuelo de lluvia, que arrastra algunos glóbulos rojos, se dispone a tocar el zapato del comisario, se da la vuelta y se dirige a su coche, a la vuelta de un hogar desapacible y a la espera de otro asesinato, el cual ayude a reunir más piezas de este macabro rompecabezas.