El sádico: Parte II

Ya ha vuelto a la habitación, ahora lleva una bata limpia sin ninguna de las gotas de sangre que habían salpicado la otra. Al regresar de cambiarse he podido oír como pasaba por la puerta que tengo a mis espaldas, he sentido su respiración, creo que se ha parado un momento delante de la puerta, quizás deleitándose con su nuevo juguete.

– ¿Me has echado de menos Ricardito? Yo a ti sí, me caes bien así que voy ponerte un parche en ese agujero que te ha salido en la cara. La gente cada vez es más descuidada pierde los ojos como el que pierde un clip jajjaja.
– Estás loco, déjame marchar, yo no te he hecho nada.
– ¡No me digas lo que tengo que hacer pequeño trozo de mierda! A ver… Sí señor, te queda bien, eres todo un sultán de los siete mares, te falta ser cojo, pero eso lo podemos solucionar más adelante. Pero antes necesito que te relajes, deja de apretar el puño… A no, perdona, que es que no te queda ningún dedo en esa mano, ahí que ver con los patitos de las narices… Jajaja
– ¡Hijo de puta, juro que te mataré!
– No no, si el que te va a matar a ti soy yo, yo soy el anfitrión por favor, después me criticarían las marujas del barrio por las malas veladas que ofrezco, insisto. A ver, vamos a jugar a adivinar un número. Yo te iré diciendo más o menos, y por cada intento pues… ya veremos lo que hacemos. ¿Cuántos presidentes ha habido en la historia de los Estados Unidos de América?
– Joder, y yo que sé, es impo…
– Oh, say can you seeeeeee by the dawn’s early light. ¡Empieza a jugar coño!
– Eehh 35.
– Más.
– 40.
– Más.
– 42.
– Más.
– 50.
– Menos.
– 46.
– Menos.
– 44.
– ¡Sí! respuesta correcta. A ver Maira, ¿qué tenemos? Seis intentos por dos dientes cada intento hacen un total de… ¡12 dientes! Jajaja Pues a ver, di aaaaaaaa.

Ha cogido unas tenazas con no menos óxido que las tijeras de antes, le está sacando los dientes uno a uno, tomándose su tiempo, es algo extraño, está eufórico pero no por ello deja de ser metódico, es casi profesional, desde luego tiene mucha práctica en todas las torturas que realiza. El otro hombre ha dejado de dar alaridos y ahora está desmayado con la cabeza hacia atrás. Yo acabo de mearme encima.

Ha ido a por algo a la mesa de trabajo. Es una sierra, es nueva, no tiene ningún rastro de haber sido utilizada y parece bien afilada. De pronto empieza a cortar la pierna derecha de Ricardo, no dice nada, no habla, no gesticula, es como un niño pequeño aplastando hormigas lentamente. Parece que ya ha llegado al hueso porque su mandíbula está rígida y ha empezado a sudar copiosamente, pero la expresión de su rostro sigue igual, pétrea.

– Aaaaaaaaaaaaaaah, por Dios, me cago en tus muertos, aaaaaaaaah aaaaaaaaah. ¡Socorroooooo!
– Hombre ya estás de nuevo aquí, no hagas más esto. No me gusta que mis invitados den cabezaditas. ¿Acaso te estoy aburriendo?
– Te lo suplico, por favor, tengo una familia. ¿Tú no tienes hijas?
– Sí, al menos eso dice mi libro de familia. Pero un buen día estaba jugando con ellas y murieron, murieron, eso es lo que dijo el forense que las encontró flotando en la piscina con algún que otro moratón, un triste accidente para las autoridades, yo prefiero pensar en que nos lo pasamos pipa. Joder, aún recuerdo la juerga que nos pegamos mi mujer y yo, en esta habitación, ella estaba ahí sentada con ese vestido negro que tanto odiaba que se pusiera, parecía una furcia… ¡Bueno ya está bien! Estoy cansado, te hago un pregunta más, te mato y me acuesto que mañana tengo que madrugar, algunos trabajamos. ¡Maldito holgazán!
– Estás chalado…
– Quizás, pero lo que no soy es una descuidado, así que voy a acabar de cortar esa pierna… Ufff, vale, última pregunta. ¿Qué es el país de Punt? Y no quiero ningún lloriqueo.
– No lo sé. Perdóname, clemencia por favor. Juro que no te denunciaré.
– Cállate. Bueno este es el final de nuestro juego. Ha sido un placer, has sido un buen concursante, espero que te hayas divertido. Como esto no es un juego ordinario el premio tampoco es ordinario. El premio es una sola pregunta, que te responderé con toda la sinceridad del mundo. Por cierto, el país de Punt en un mito egipcio, un lugar donde había todo tipo de fantásticas mercancías. Adelante, pregunta.
– ¿Por qué yo?
– Jajaja, es curioso, todos hacéis la misma pregunta. Aunque Einstein decía que había que hacer cosas distintas para obtener resultados distintos vosotros, aunque siempre preguntáis lo mismo. no siempre obtenéis la misma respuesta. Bueno pues en tu caso fue simplemente por aburrición, salí a la calle a despejarme y te vi, podando distraídamente un seto y pensé en matarte, fue intuitivo, casi automático, y entonces empecé a vigilarte hasta encontrar el momento oportuno, yyyyyy aquí estás. Es curioso como funciona el cerebro humano. Y ahora vamos a matarte.

Ha cogido un cuchillo jamonero de la misma mesa de trabajo donde se arremolinan todas sus herramientas de juegos, se dirige a la silla y tras besar en la boca al otro hombre y quedar con los labios llenos de sangre le hace un corte en la garganta limpio y sin ningún esfuerzo, Ricardo ha quedado como cuando se desmayó, con la cabeza hacía atrás, sólo que esta vez no despertará ni con un hierro ardiendo. El esquizofrénico de la bata de cirujano se dirige a un pequeño lavabo de color blanco y se lava las manos y la cara con sumo cuidado, luego se peina y sale de la habitación. Al poco rato regresa con una carretilla donde coloca el cadáver, parece un muñeco de trapo en sus manos, tiene mucha fuerza para ser tan delgado, supongo que será obra de la adrenalina que corre por su cuerpo en estos momentos, y lo saca de la habitación.
Estoy nervioso, noto como me tiemblan las piernas así como el resto del cuerpo. Intento no repasar mentalmente cada uno de los castigos que he presenciado y recordar lo mejor que puedo todas las respuesta. No sé qué va a pasar. Y de pronto escucho unos pasos que se dirigen hacia mi habitación. Una sombra pasa por debajo de la puerta, es él, escucho como se ríe entre dientes.
Soy el siguiente, el número 89. Pienso en quién será el número 90 y empiezo a llorar.

El sádico: Parte I

Las paredes están cubiertas de moho de un verde casi alienígena por la luz de la bombilla que, no con mucho éxito, intenta alumbrar la pequeña habitación. Estoy en un silla metálica, con las manos y los pies atados a ella con unas correas de cuero. Están roídas, supongo que por alguna de las ratas que, con sus chillidos, me avisan de su presencia en la sombra.

Frente a mí hay un televisor antiguo, en él chocan las gotas que caen de la tubería cubierta de telarañas que recorre el techo de la habitación. De pronto comienza a encenderse con un parpadeo y aparece una habitación parecida a esta pero iluminada como un quirófano, en la esquina superior derecha pone REC junto a un círculo rojo.

En ella hay dos personas. Un hombre con cierto sobrepeso atado igual que yo, parece que está inconsciente. A su lado, de pie, junto a una mesa de trabajo hay otro hombre alto y delgado, con el pelo bien engominado y vestido de cirujano. De pronto se vuelve con un pequeño soplete en la mano que usa para poner al rojo vivo un 88 de hierro, y a continuación lo marca en el pecho del otro hombre.

– ¡Aaaah, hijo de puta!, ¿qué haces?

– Hombre, me alegra ver que ya estás despierto. ¿Qué tal has dormido?

– ¿Dónde estoy? Suéltame. ¿Quién coño eres?

– Shhh, tranquilo, primera regla: aquí las preguntas las hago yo, y yo elijo la respuesta correcta. Como buen anfitrión que soy lo he organizado todo para pasarlo bien esta noche.

– ¡Te voy a denunciar! Conseguiré un buen abogado, aunque para ello tenga que liquidar todos mis ahorros.

– A ver, te informo un poco para que vayas averiguando cuál es tu situación. No me vas a denunciar porque esta noche vas a morir. Las respuestas que des sólo servirán para hacer tu agonía más llevadera,  pese a que eso haga que yo me lo pase peor. Además Ricardo, ¿crees que tu sueldo de jardinero te daría para contratar un abogado? No empieces ya con las bromas.

– Por favor, tengo mujer y una hija de…

– Sí, ya conozco a la pequeña Marta y a la guapa Pilar, me pregunto qué me haría para salvar tu vida. Quizás cuando te mate la visite. Empecemos con las preguntas. Primera pregunta: de 100 patitos metidos en un cajón, ¿cuántas patas y picos son?

– Pero, ¿qué cojones?

– ¡Calla y responde! Venga vamos, si es un simple juego de niños.

– Eeeeh… 100 por dos patas más 100 piquitos… son 300.

– Jajajaj, ¿aún caes en estas cosas? Metí. Dos. Idiota, son sólo seis. Y para que no se te olvide vamos a contar con tus deditos. Anda mira, esto estás acostumbrado a utilizarlo.

Ha cogido unas tijeras de podar que por lo que aprecio por la pantalla no les falta una gramo de óxido, y empieza a contar, corta todos los dedos de la derecha y el pulgar de la izquierda, mientras que el hombre de la silla da unos alaridos que hacen que empiece a empapar la bata de hospital que cubre mi cuerpo desnudo.

– Bueno bueno, no ha ido muy bien, será mejor que te queme esas heridas para que no sigan manchándome el suelo, lo acababa de fregar maldito guarro.

– Aaaah, eres un enfermo, un hijo de…

– Shhh, siguiente pregunta. Veamos cómo estás de química, acabaste el bachiller así que seguro que aciertas. ¿qué compuesto se formula como HCl?

– ¿Qué?

– Que qué jodido compuesto se formula como HCl.

– A… Ácido clorhídrico.

– Síííí, jajaja, muy bien. Una pena que no te haya podido obligar a beber un poco… Pero bueno, me gusta ver que tienes culturilla. A ver… en La naranja mecánica del gran Kubrick, ¿en qué ojo tenía Alex pestañas postizas?

– Joder, no me gusta ese tipo de cine, hazme otro pregunta, te lo suplico.

– Jajaja, claro, sólo tienes que decir pasa palabra.

– Pasa pa…

– Jajaja, serás idiota, ¡responde coño!

– En… ¿En el izquierdo?

– Ooooh, has fallado. Bueno, ya sabrás la parte de tu cuerpo que vas a perder.

Coge una cuchara de un bol de cereales que ni siquiera ha llegado a acabar y con ella le saca el ojo con una habilidad que demuestra que no es la primera vez que alguien falla esa pregunta. De pronto una náusea me asalta y quedo cubierto por mi vómito.

– Puaaj, ya me has manchado, joder ten más cuidado. Voy a cambiarme, espérame aquí. Jajajaja.