Crecía y vivía, sin hacer mucho caso

Viene del capítulo anterior:

-¡Ese señor desconocido llevaba razón! La solución a nuestros problemas son castores ¡Muchos castores!

III

Me costó mucho tiempo comprender cómo había llegado hasta allí. Y tanto o más saber si realmente era estadounidense o sólo había sido mi impresión.

-¿De dónde vienes? – me preguntó sin que le importara. Por sacar conversación.

-Vengo de España, aun…

-Ya decía yo que tu estado era lamentable.

-Niño no me interrumpas, te decía que no qui…

-Perdía gracia el chiste. Bueno pues yo vengo del cielo. De un planeta lejano.

Seguí explicando que para qué iba a volver a mi país sin caer en lo que me había dicho. Al minuto me percaté del cuento que el niño había debido imaginar. Intrigado le pregunté por dónde vivía, dónde seguían vendiendo aún esas Air Jordan de los 80, a dónde quería llevarse el cordero.

-Pues a mi planeta. Lo bueno de la caja es que así tendrá cama. Los accesorios para mascotas son caros. Y la gente no suele tener corderitos. Carmen Sevilla tenía ovejitas. Imagino que el Sr. Juan Norit también.

-¿No necesitarás atarlo?

-Así se come las malas hierbas de mi planeta sin que tenga yo que preocuparme. De todas formas mi planeta es pequeño.

IV

De esta manera supe que planeta no debía ser muy grande y que no me estaba gastando una broma un fan de J y su grupo indie de psicofonías. Sería humillante, vaya. Sabía que había muchos planetas, aunque la relativamente reciente reconversión de Plutón a planeta enano me hizo abrir la boca. El niño se me adelantó:

-Sí, sé lo que estás pensando. Es un planeta enano. Pero es mío, y tú vives en un piso más pequeño que le debes al banco.

Busqué posteriormente en Wikipedia algún planeta enano en el que se hablara inglés con acento yanki. Con toda la fiabilidad que ofrece una búsqueda exhaustiva en Wikipedia (mucha) diría que su planeta se llama Melmac, o asteroide B612 para los más científicos. Este asteroide fue descubierto por un astrónomo turco, el cual no fue tenido en cuenta porque iba vestido con un traje turco. Y porque se había equivocado en la demostración. Sin embargo, llegaron los ingleses y le atribuyeron el descubrimiento al aventurero James Cook. Se comenta que tras la conferencia sobre el asteroide B612 se necesitaron numerosas dosis de inyecciones de B12, provocando esta semejanza numerosas confusiones con catastróficos y graciosos resultados. El inicio del humor británico y la máxima expresión del colonialismo, señores.

Les digo el nombre del planeta enano porque a las personas mayores les gustan las cifras y los datos concretos. Salvo si son de letras (e idiotas). Esta excusa les vale para mostrar una ignorancia palmaria sobre todo dato que incluya un número. Es así. Ya sea para calcular una edad, hacer un tanto por ciento, las unidades de medida, la hora que es o el número de hijos que tienen. Lo reconocen con tranquilidad. Compartí esto con el principito y le pareció fatal.

-Yo hago mis cuadernillos Rubio con cuentas. Y la gente mayor no sabe hacer ni la primera página. Encima dicen con toda la cara del mundo que ellos han llegado a algo en la vida sin acordarse de eso. Escogen su vida, un trabajo, una carrera, una familia, una tele enorme, lavadora, coche, reproductor de discos, abrelatas eléctricos… ¡Y no saben contar!