Alturapierrecuadrado.

Donde los labios acababan, se le formaba una línea irregular, pero armoniosa. El observador quedaba un tanto aturdido, después de buscar en aquellos labios un sentido. Nadie lo había encontrado, pero lo cierto es que existían.

En aquel momento nadie la observaba. Estaba sola, en una extraña dimensión, en un cilindro que cubría un volumen poco mayor que el de su cuerpo. Sentía un poco el agua cuando le golpeaba la parte superior de la cabeza, pero una vez bajaba, recorría sus extremidades y se iba a fundir con la piel, y chorreaba en finas hileras que salían de las puntas de los dedos, para acabar allá abajo, en el abismo.

El cura le había entregado una pastilla de jabón, para que se perfumara el cuerpo. Lo cierto es que al tacto, el jabón era algo grasiento. Tenía un color amarillo, muy claro. El agua estaba caliente, y cuando ella comenzó a frotarse en las costillas, el agua se quejó. Ella no quería bajo ningún concepto herir el orgullo del agua, y según había observado, esta no tenía buenas relaciones con el jabón. Por eso lo soltó, en el mismo piso. No podía dejar pasar aquella armonía del agua, de aquella dimensión desconocida que estaba visitando.

Y cuando el agua empezó a cantar, ella no tuvo más remedio que sentarse, para escucharla. Y con toda su soberbia, el agua entonó una melodía muy curiosa, que templaba el ambiente y serenaba el tiempo. La luz que entraba de la ventana se atenuó, y el jabón se escondió un poco. Aquello era sin duda una demostración del poderío de la naturaleza, que se sabía poderosa, madre del hombre, dueña de la mujer. Qué poco natural era ya el hombre.

El agua terminó su actuación, ella se levantó aunando sus intenciones y queriendo no volver a sentir el suelo sobre los huesos. Los huesos contra el suelo. Entonces al agua empezó a susurrarle. “¿De qué criticas a Dios, si del jabón eres presa?” Ella sonrió por lo absurdo de la pregunta.

Pero el agua llevaba tiempo corriendo, empezaba a enfriarse. El cilindro se estrechaba y el aire comenzaba a escasear. Ella no supo bien qué hacer. Comenzó a buscar la toalla. No volvería a ducharse hasta el día siguiente.

 

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