La Diagonal de los Locos.

“Los jueves sale la luna y el batiente de las hojas de naranjo-limonero (“Lo Imposible”) lucha por permanecer proyectando su sombra a través de la ventana, para descansar en mi cama.”

 

Más allá de la ventana entreabierta persistían a lo lejos voces de júbilo, levantadas al vuelo con un afán desesperado por alcanzar la luna, que una vez más, reía sola en el cielo alquitranado (“Las maravillas de nuestra moderna civilización”).

 

Sin prisa, la plaza daba cobijo a la hilera de personitas que entre sístole y diástole se arrinconaban, y que durante un instante, eran conscientes de sí mismos, pero que tras obedecer los designios no escritos de algún infame dictador que nunca aparecía, pasaban a formar parte de La Diagonal de los Locos. Esta, nunca había sido vista, como ocurría con el cruel dictador. Lo que sí se conocía, era su rectitud y exigencia. La Diagonal de los Locos era paralela a La Diagonal de lo Impersonal, y ambas eran perpendiculares a cierto Vector Libre que muy pocos conocían.

 La Diagonal de los Locos estaba construida sobre unos cimientos casi espirituales, tan inestables que podría decirse que eran esporádicos. Aparecía caprichosamente, y caprichosamente se escondía, lejos de los ojos de aquellos que tanto la necesitaban. La Diagonal de los Locos, estaba constituida por miles de puntos, que siendo tan sencillos y unidimensionales eran incapaces de ver la Diagonal en su completa generalidad, que por ser tan general, era casi infinita. Los puntos o personitas que entre sístole y diástole se arrinconaban, ignoraban sus coordenadas exactas dentro de la Diagonal. Lo único importante es que estaban dentro de su dominio.

 Por supuesto, los puntos no estaban autorizados a conocer la naturaleza inestable de La Diagonal. De ser así, quizá escaparan buscando la firmeza natural de aquel Vector Libre que todos tenían por disparate, y que por ser disparate, se constituía en sueño. Todos soñaban con aquel Vector Libre, pero unos por miedo y otros por no molestar, decidían finalmente aceptar sus coordenadas, aunque, como se dijo antes, ninguno conocía con exactitud su posición relativa.

 ¿Que a qué puede tener miedo un punto? A los gritos de rabia que sus puntos vecinos entonarían al descubrir la discontinuidad de salto finito que se había generado en La Diagonal.

 ¿Que a quién temían molestar? A esos vecinos que erráticamente se moverían por aquel mundo plano, generando las incomprensible discontinuidades de salto infinito…

 Es cierto que los puntos permanecía en la diagonal porque jamás arriesgarían aquella perfecta continuidad por encontrar cierto Vector que nadie les había prometido.

 Es cierto también que más allá de la ventana entreabierta persistían a lo lejos voces de júbilo, levantadas al vuelo con un afán desesperado por alcanzar la luna, que una vez más, reía sola en el cielo alquitranado… ¿O quizá estaba en cuarto menguante?

 

PD: «No tiene ningún sentido ser preciso cuando ni siquiera sabes de lo que estás hablando.»

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