The great Georgie Dann

«Un hombre para hacer resurgir la alegría. Un hombre para unir a los hombre y que dancen como hermanos. Un hombre que marcará una nueva era, cada verano.»

Winston Churchill

Así era él, Georgie Dann. Inconformista, rebelde, con el pelazo y la seducción de Charlie Sheen, pero jamás sin ponerse faltón si bebía una copichuela de más. Bajo su firma lanzó numerosos éxitos vasto conocidos, y otros que no alcanzaron la repercusión que merecen.

georgie

Mientras estudiaba clarinete en el conservatorio, obtuvo el título de FP de pescadero. Su habilidad digital impresionó a sus examinadores de “corte y despiece con espinas”. Tal era su destreza, que todas sus compañeras ardían en deseos de que practicara con ellas. Todo el día con las manos oliéndole a pescado, el pobre…

Pronto estalló su arte, floreció todo el esfuerzo que dedicaba a sus letras poco complejas. Desde mediados de los sesenta ya destacaba en las salas de baile con sus temas. Saboreó el éxito y le dejó empachado. Después de su hit “Casatschok” (1969), desapareció de las portadas. Recluido en su casa, no quería más fiestas ni guateques. Fue entonces cuando descubrió la penicilina mucho después que Fleming, pero resultó ser una uña que se había cortado la noche de antes. El varapalo le empujó a volver a la música.

Su segunda etapa artística no supuso ninguna revolución. Pero reenganchó a su público en 1972 con “El dinosaurio”, y fue, año tras año, temazo tras temazo, embelesándonos a todos con su magia, en el que sería su período más prolífico. Cabe destacar en esta lista “Koumbo” (1982), un tema dedicado a su peluche de la infancia, durante un bache emocional. ¿Pero qué es un bache, en la gran cuesta abajo del éxito?

Georgie Dann muy joven junto a Koumbo
Georgie Dann muy joven junto a Koumbo

Nos desvela con sus letras que a pesar del paraíso que tiene a su alcance, a pesar de las trabas que encuentra un negro para conseguir vacaciones, él solo puede sentir nostalgia por Koumbo, su peluche.

El culmen de su carrera lo marcó “La barbacoa” (1994). Una marca de todoterrenos quiso que la estrella en el próximo anuncio fuera “ese famosillo que ni ha ido a la Luna ni ná”, como el departamento de prensa nos contó hace ya algún tiempo.

Con su tan dilatada experiencia en el espectáculo no resistió mucho tiempo sin componer. Sus hijos ya bien criados, las aburridas partidas al dominó en la casa del jubilado, y el dinero que dejó de ser tan abundante, provocaron su vuelta a principio del nuevo milenio. Canciones como “Cachete, pechito y ombligo” (1998) aun mantenían su esencia, pero desde “Vamos a la pista” (2003), nada ha vuelto a ser lo mismo.

Todo un grande que nos ha hecho vibrar y disfrutar. Se merece mejor trato que a la tostadora. Nunca te haces una tostada porque da pereza, pero cuando se estropea la echas de menos. O algo así.

Descanse en paz, que vivo también se puede. ¿O acaso sólo un presidente del gobierno muerto se merece un homenaje?

Buenos días a mis coetáneos, y gracias a la Red de Redes, a las futuras generaciones.

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