Llamé a un taxi y cuando se acercó

(Viene del capítulo anterior)

– Creo que ya podías dejar esta serie, a nadie le importa lo que dices.

-…,144,233… Ni hablar, tengo que acabarla.

XIX

El principito, que seguía siéndolo pese a las abdicaciones de otros países, subió a la cima de una montaña porque era una cuestión básica si quería encontrar el camino hacia la civilización, era algo que había aprendido del programa “El último superviviente”. Una vez en la cima intentó sin éxito pillar cobertura, con lo que seguía más perdido que el PSC.

-He llegado a la cima, menuda caminata – gritó el principito satisfecho de sí mismo por algo que realmente no tiene mérito alguno, pero que a todos nos hace ilusión cuando vemos un lugar alto al que podemos ir andando.

-Nata, nata, nata… – respondió el eco no diabético.

-Buena idea, señor desconocido, ahora mismo saco el bote de nata y no prolonguemos más la espera.

-Pera, pera, pera…

-¿Peras con nata y no fresas? Ahí me has tocado la moral. Venga esos puños.

-Piñas, piñas, piñas…

-Mira, te dejo en paz, que eres un eco defectuoso. Como los del rocío.

Y el principito se marchó, dejando a un triste pato que trataba sin éxito de mantener una conversación con el eco.

XX

En su camino en busca del valle perdido donde morasen los hombres encontró justo al lado de un antiguo camino varias rosas como aquella que le aguardaba altiva en su planeta. Sin embargo éstas se aferraban a las ramas del arbusto con un coraje y dignidad que su rosa diva nunca conoció. Su color era más apagado y, sin embargo, le parecieron más bellas.

13rosas

-Sois unas rosas muy bonitas, y sin embargo parece que nadie os riega.

-Gracias, niño. Es cierto que tan sólo unas pocas personas nos echan algo de agua cuando pasan por aquí. Otros nos ignoran y los hay quienes incluso nos intentan arrancar, por lo que tenemos que sacar nuestras espinas. El verdadero problema son todas las flores que permanecen oculta por el polvo de los años, las trabas a quienes vienen buscando nuevas flores escondidas queriendo regarlas.

-¿Quién puede encontrar motivos para no regar una flor tan bella o incluso arrancarla?

-Son gente que prefiere la belleza de una cruz de piedra mastodóntica o la tela de un uniforme militar. Gente que sabe que debajo de cada flor que odia hay un cadáver con el que carga su conciencia, hay una familia que busca la rosa, el geranio o la amapola que él trata de esconder. “Mira estos girasoles”, dicen convencidos de que orientarse hacia el sol es lo único que tiene valor.

El principito se marchó de aquel lugar, no sin regar antes a aquellas 13 rosas con todo el agua que le quedaba en su cantimplora pese a que éstas le insistieron en que quedaba un largo trecho hasta que pudiera rellenarla. La rosa de su planeta le habría pedido que llorase para ella. E incluso habría tratado de arrancarlas.

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