2 girls 1 cupcake

Los cupcakes están de moda
y se merecen una poesía
pero me llevaría más de un día
escribir una épica oda

Los hay verde limón
y naranja butano
les gustan a los enanos
y a Carlota, el putón

Sus coberturas están buenas,
son cuquis y sofisticados,
no haceros los despistados
pues son sólo magdalenas

Basta, por favor, y retírenme ese kilo de azúcar que me salta a la boca. Ya ven por qué no escribo canciones o poesía, y por qué no suelo hacer apología de lo dulce. Hoy tampoco va a ser así.
Se nos está yendo de las manos esto de ser modernos. Claro que da pereza afeitarse, y se agradece leer algo sobre fútbol que esté bien escrito, pero si vuelvo a leer una metáfora futbolística-militar prometo que sólo veré partidos que se jueguen en patatales. A ver si ahí le encuentran el glamour o espíritu bohemio siquiera.
Pero manos a la masa, que no está el horno para repostería fina. Los muffins sustituyeron a las magdalenas de toda la vida, dándoles un aspecto internacional y postrándose en los escaparates de Starbucks y McDonalds cual chica que quería ser actriz y emigró a Amsterdan en el barrio rojo. Enseñando su perla negra. Pepitas de chocolate, quiero decir. Pero llegó el paroxismo con las coberturas glaseadas de colorines, inspiradas en la obra pop-art del soplagaitas de Warhol, o en las pelucas y tintes de otakus, o en los jerseys de ganchillo que las abuelas enseñaron a hacer a NNGG de modernas con los restos de los ovillos.
Y le ponen de nombre cupcake, creando un conflicto generacional entre la veinteañera con amplios dominios del inglés nivel medio, suficientes como para pronunciarlo de manera correcta, y la mujer de cuarenta años aficionada a las reuniones de Thermomix y todos los Tupper-cosas que haya, para las que las magdalenas pijas son, a lo sumo, /’kupkeɪks/. Y enseñan veintemil técnicas para endulzar incluso la amarga derrota del gol de Platini a Arkonada, o el gol fantasma de Michel a Brasil… ¿Ven lo que digo? Está bien ilustrar algo, pero el enésimo revival de fútbol y las frases melodramáticas asociadas a estos son para echarse a llorar.
Ojo que ahí no queda la cosa, hay que escuchar la música y ver las películas acordes con la producción de cupcakes para que éstos salgan ricos. Si tienes un poster de McCartney con el sombrero cordobés o tienes la discografía de Franz Ferdinan en vinilo, llevas mucho adelantado. Si no, busca el grupo de pop con peor vocalista, y si te gustan a la segunda canción suya que escuchas, busca otro, criatura, que esas gafas de pasta no lo hacen todo. Yo creo que la moda de los cupcakes surgió cuando Amelie salió en DVD. El fallo está en cómo entendieron los cupcakesaholics que tenían que darle un toque de dulzor a la vida.
Lo más grave de todo es que incluso existen cupcake parties…Yo no quiero imaginar nada, seguro que en ellas un par de jóvenes comen algo marrón y con tropezones de una copa…

Y ya por último, echen un vistazo al vídeo de este señor que pretende ponerse a correr el día 31. No sé qué propósito de año nuevo va a hacer entonces, pero bueno, yo ya le he votado.

PD: No he visto el vídeo que da título a la entrada. Tampoco quiero enlaces, gracias.

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