Capítulo IX: Chris.

Mientras aquella difusa figura lo sacaba de la trampa, Mario miraba de un lado a otro, en busca de la cámara oculta. Maldito Bush, ¿le habría drogado?. Empezó a percatarse de todo el sinsentido de la situación cuando el supuesto ‘Espíritu de la Navidad’ lo tomó de la mano. Notó una sensación de ingravidez y pureza, como si su cuerpo hubiera sido renovado, a pesar de parecer un Bear Grylls en Sierra Nevada. Esta experiencia estaba llegando demasiado lejos para él… tanto, que había superado los límites de la física.

Una vez libre de ataduras, alzó la mirada. Antes de soltar el típico «¡la madre que me parió!», su primera reacción al ver la escena fue la de golpearse brutalmente la cabeza contra la puerta, a ver si así espabilaba. ¿En el bosque hay puertas? No, pero ya no se encontraban en aquel bosque, aunque el problema de la diferencia térmica entre ambos pies seguía presente.

-Como te cargues la puerta la pagas tú. Estás avisado.-señaló la misteriosa figura-.

Todo fue muy extraño. En un abrir y cerrar de ojos, pasaron de estar en un nevado bosque plagado de villancicos y escenas navideñas a estar en una acogedora casa de campo de decoración rústica. Ambos se encontraban detrás de la barra, en una especie de cocina.Tras esa extraña teletransportación, Mario estaba demasiado confuso, aunque se empezó a identificar con Goku o el Dr.Manhattan, y la confusión se transformó en poder. Ahora Mario veía con claridad, se sentía menos sucio y confuso que en bosque, por lo que pudo contemplar con mayor detalle la apariencia del espíritu. A decir verdad su estatura no imponía demasiado, era como la proyección difusa de un niño.

-¿Te apetece tomar algo? -dijo el espíritu abriendo la nevera- Tengo un poco de todo. Eso sí, Hacendado.

-Em… no, gracias. Aunque me vendrían bien otro par de zapatos…

-Otra vez será. Por cierto, ve tomando asiento.

-¡Qué demonios! Empieza por decirme quién o qué cosa eres y qué hago yo aquí.

-Ya te lo he dicho, soy el Espíritu de la Navidad tío, pero puedes llamarme Chris. Verás, deberías olvidarte por un momento del imbécil de Bush, del poliespán y de todos tus conocimientos de fontanería. Necesito que pongas los cinco sentidos en lo que vas a ver a continuación.

«Esta cosa no habla como si fuera un crío» pensó Mario. Por un momento se paró a idear un plan de escape, no se fiaba de las intenciones del tal «Chris». «No, estoy cansado de escapar, quiero saber de una vez qué coño pasa con todo esto. Esta cosa me trajo aquí y esta cosa me sacará de vuelta. Jodida Navidad…» Chris lo sentó en una silla junto a la pared de un amplio salón con chimenea. Un enorme árbol de Navidad destacaba en la sala. Llamaron a la puerta.

-Pero…

-Tschh, calla Mario. Nada de peros, tu solo observa. Las preguntas se contestarán solas…

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